La autora examina el “juego de rivalidad y atracción con otras” que, para una mujer, hace más difícil acceder a ese otro goce, “no el que es producto de su propia imagen, sino el que, cuando una mujer cierra los ojos, puede brotar como un manantial”.
La idea de este trabajo decantó a partir de un episodio que me hizo notar un hombre: algo que él había visto con cierta sorpresa, en un restaurante de un lugar de veraneo. Una mujer almorzaba con su esposo o pareja y sus dos hijos; todo parecía (...)