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Un crítico feliz: La Sinfónica Nacional en La Ballena Azul

Sábado 3 de octubre de 2015, por José Mario Carrer

Debo confesar que cuando me toca escribir una reseña crítica regular o mala, en el fondo de mi intelecto no puedo dejar de sentir pena por lo que eventualmente las palabras puedan producir en sus destinatarios. No es este el caso. En la fecha del epígrafe viví un tiempo que solo puede producir felicidad. Les cuento.

Buenos Aires, viernes 25 de setiembre de 2015. Auditorio La Ballena Azul. Orquesta Sinfónica Nacional. Director Invitado Maestro Francisco Rettig (Chile). La Noche de los Mayas (Silvestre Revueltas: 1899-1940). La Consagración de la Primavera (Igor Stravinsky: 1882-1971). Aforo 100%.

En mayo pasado se inauguró en la Capital Federal, el auditorio denominado La Ballena Azul con capacidad para 1750 oyentes. Es oportuno mencionar que en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el único auditorio, construido como tal, era el de Belgrano y que la Orquesta Sinfónica Nacional, fundada en 1948, nunca tuvo hogar, como se llama a la sede donde ensaya y actúa el organismo sinfónico que depende de una nación.

Pues bien, ambas circunstancias están solucionadas. Este fue un viaje relámpago que hice por motivos particulares y por tanto me queda por conocer el resto de los ámbitos, salas, etc. del que fuera el antiguo Palacio de Correos, hoy destinado a la cultura. Autoridades de la Asociación de Críticos Musicales de Argentina, entidad a la que pertenezco desde el siglo pasado, concretamente el Dr. Carlos Ure y el Arq. Néstor Echevarría, realizaron las gestiones para contar con la invitación respectiva por parte del organismo de prensa de la Sinfónica Nacional en la persona de la Sra. Claudia Pomilio. A pesar de haber leído todo lo referente a la puesta en valor del citado edificio, escribiré sobre él una vez que lo haya conocido por entero. Solo anticipo que el trabajo realizado fue y es monumental.

El repertorio ofrecido por la Nacional estuvo muy bien pensado en tanto liga situaciones parecidas en las obras escuchadas. Ambas tienen por objeto describir el sacrificio de una doncella virgen. La noche de los mayas, del mexicano Revueltas, originalmente compuesta para una película del mismo nombre en 1939, veinte años después fue arreglada por Yves Limantour que desarrolló una suite de alto valor artístico. Comienza con un pasaje procesional y dramático. Contiene un vigoroso “scherzo”, sigue un “andante espressivo” y finaliza con un “terma y sus variaciones”.

La historia relatada no tiene un final alegre en tanto la doncella, que había sido elegida por los mayas para sacrificarla en el ruego de que lleguen las lluvias, viendo a su enamorado muerto, se arroja a un precipicio y muere también.

La segunda parte, trajo la obra que para muchos representa el ingreso al siglo XX musical, al modernismo sonoro. La Consagración de la Primavera trae consigo el misterio y la creatividad de esa atractiva estación. El ruso Stravinsky compone una obra poderosa, polirítmica, con pulsaciones casi incansables y breves líneas melódicas surgidas de tradiciones de los pueblos originarios del país más grande del mundo que muestra su carácter eslavo oriental . La suite sinfónica, contiene danzas como “la adoración de la tierra” o “el sacrificio” aunque también ofrece momentos de cierto relax con “las rondas primaverales” o “la procesión de los sabios”. El final es apabullante, la percusión otorga mayor fuerza al mensaje instrumental hasta que llega al final con ese acorde que en la notación sajona se escribe DEAD (re-mi-la-re) o sea muerte. Y es así, porque aquí la doncella elegida muere en sacrificio para los dioses.

La Sinfónica Nacional se mostró como lo que es: un organismo de primer orden. De la última vez que la escuché, durante 2014, ésta de hoy es realmente brillante. Como si su hogar, como si el estupendo escenario presidido por un magnífico órgano alemán produjera un ánimo diferente y mejor. Comulgó con el Maestro Rettig que transmitió una lectura irreprochable de ambas obras. Intensidades, ataques, cortes, pulsos, las citadas breves líneas melódicas, de textos musicales complejos fueron resueltos con enorme sensibilidad y academicismo. Francisco Rettig es, sin duda, una de las batutas sobresalientes del continente americano y ocupa un lugar más que interesante en el ámbito ecuménico.

La Ballena Azul, colmada de oyentes, la Nacional como en sus mejores tiempos, un conductor de sobrados méritos, una noche memorable.

- Foto de portada tomada del face del autor de la nota

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