Shostákovich por dos

el público colmó las sillas del escenario y tuvieron que habilitar lugares en la platea. Llama la atención que Shostákovich haya atraído a tanto público, pero también sorprende la audacia de quienes fueron responsables del programa.

Salta, lunes 15 de agosto de 2016. Teatro Provincial. Obras de Dmitri Shostákovich. Sonata en re menor op. 40 para violonchelo y piano por Martín D’Elía (v) y Claudio Rodríguez (p). Quinteto con piano en sol menor op. 57 por Daniel Campos (p), Cuarteto Auralia integrado por Sofía Pillitteri (violín) Angel Martínez Haza (violín) Aleksandre Urushadze (viola) y Romina Granata (violonchelo). Ciclo de “Todos al Escenario”.

Esta idea llamada “Todos al Escenario” refleja exactamente eso: todo el público se ubica en sus sillas colocadas en el escenario y rodeando a los intérpretes. Es original, está bueno y permite una comunión entre el intérprete y el destinatario de su arte. Curiosamente, en el recital de esta noche, el público colmó las sillas del escenario y tuvieron que habilitar lugares en la platea. Buen síntoma a pesar de no escucharse bien, desde esa última zona, a quien presentaba y explicaba las obras programadas.

Animarse a hacer dos construcciones de uno de los más grandes compositores rusos del siglo XX, Dmitri Shostákovich, cuyo lenguaje no es precisamente de fácil acceso, llama la atención que haya atraído a tanto público, pero también sorprende la audacia de quienes fueron responsables del programa que finalmente fue una interesante propuesta con aplaudido final.

Primero el dúo de violonchelo y piano, D’Elía y Rodríguez en la sonata en re menor de dibujo recio, irónico, cercana a la brusquedad rítmica, originalmente dedicada a un violonchelista amigo del autor -y aquí inevitablemente caigo en la consideración política- que hizo caso omiso de los gustos estéticos de Stalin para construir una página de particular expresividad que no era justamente lo que quería el gobernante quién solía decir que la música rusa debía representar la alegría de un pueblo que en rigor de verdad, no la sentía. El segundo movimiento, un “scherzo” que obligó al virtuosismo de los músicos, tal vez el punto alto de esta música esperanzada en un futuro mejor.

En la segunda parte, el notable quinteto en sol menor. Son cinco movimientos que bien pudieron quedar reducidos a tres: 1) preludio y fuga, 2) scherzo y 3) intermezzo y finale. El grupo formado con el Cuarteto Auralia (dos violines, viola y violonchelo) que debutara no hace mucho, al que se agregó el notable Daniel Campos al piano, mostró cohesión, comunión de intereses musicales, aspectos necesarios para llegar al oyente con una pieza magistral. Es en general una obra de arte, con momentos especiales como el sublime dúo de Sofia Pillitteri y Aleksandre Urushadze. El resto, Campos, Granata y Martínez Haza, afinados, técnicamente elevados, con acertada elección del tempo redondearon en conjunto una interpretación que permitió cohesión sonora y al mismo tiempo lúcidas individualidades.

Termino con un detalle descuidado. No sé de quién es la responsabilidad, pero los dos últimos conciertos de este ciclo, no tuvieron programa de mano. El anterior, con dos figuras de renombre nacional y el de esta noche con un visitante internacional más instrumentistas de la orquesta local a lo que se agrega repertorios que merecían ser comentados para ser mejor comprendidos. El programa de mano también es una muestra de respeto al oyente.

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