Primer Concierto del Mozarteum

Rodolfo Mederos y el premiado Cuarteto Gianneo

Mederos, sin exageración alguna, es casi único haciendo esta música que tan bien le viene a su estilo, a su personalidad, a su esquema interpretativo, a su gigantesca técnica que lo habilita para una incomparable sensibilidad. El Cuarteto Gianneo significó una visita lujosa para Salta

Salta, mayo 23 de 2016. Casa de la Cultura. Rodolfo Mederos (bandoneón). Cuarteto de Cuerdas Gianneo: Luis Roggero y Sebastian Masci (violines), Julio Domínguez (viola), Matias Villafañe (violonchelo). Oración del Torero (Joaquin Turina 1882-1949). *Five sensations tango (Astor Piazzolla 1921-1992). Cuarteto op. 18 nº 1 (Ludwig van Beethoven 1770-1827). Mozarteum Argentino Filial Salta Temporada 2016. (*estreno en Salta).

Joaquín Turina fue un compositor español que aprehendió conocimientos de la gran corriente europea que descubrió el llamado “impresionismo” como que recibió influencias de D’Indy y de Fauré, pero no pudo con su genio andaluz mostrándose también fino, sensible, elegante. Para un cuarteto de laudes de intérpretes famosos en su época, compuso casi al final de su producción, su archiconocida Oración del Torero. Es la visión del compositor sobre un hombre que arriesgará su vida en la lid taurina y reza encomendando su alma y su cuerpo a la protección divina. Es la figura que representa la esquiva elegancia ante el brutal instinto de la bestia.

Años después el mismo compositor tradujo la partitura para un cuarteto de cuerdas, en este caso, el premiado Cuarteto Gianneo de óptima labor.

Luego, Sebastian Masci, eficaz maestro de ceremonia del concierto anunció la llegada al escenario de uno de los ilustres músicos de nuestro tiempo, el fantástico bandoneonista Rodolfo Mederos a quien escuché muchísimas veces, siempre con el mismo resultado: brillante. Juntos trajeron cinco páginas postreras del genio de Piazzolla. Son maduras, instrospectivas, como quien deja su testamento musical. El lirismo de “Como en suspenso”, la nostalgia de “Amorosa”, el personal ritmo Piazzolla de “Ansiedad”, el lento amanecer de “Despertar”, el inconfundible fraseo del autor en “Miedo” como si fuera un mensaje para todos los tiempos. Mederos, sin exageración alguna, es casi único haciendo esta música que tan bien le viene a su estilo, a su personalidad, a su esquema interpretativo, a su gigantesca técnica que lo habilita para una incomparable sensibilidad. Sus solos son tan expresivos que conmueven y el cuarteto, que por si solo tiene una estatura emocional increíble, es el marco, la cubierta, el encendido receptáculo de Mederos.

Al final, el primer cuarteto beethoveniano de la primera de tres etapas destinadas a la producción de cuartetos de cuerda del gran compositor alemán. Está dedicado al príncipe Lobkowitz y aún es respetuoso de las estructuras usadas por el clasicismo de Mozart y Haydn. Sin embargo no disimula alguna línea considerada como una aproximación a su romanticismo posterior. No obstante contenido y forma se conjugan con naturalidad y así fue vertido por el exquisito Cuarteto Gianneo, en verdad una visita lujosa para Salta. No podía ser de otro modo. Los antecedentes de cada uno de sus integrantes auguran el encendido elogio. En todo momento aparece el adjetivo de magistrales y verdaderos modelos de lo que se puede hacer en la música de cámara.

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