¿Puede Jorge Lanata dar una lección de ética periodística?

No se deje llevar por un sí o por un no fácil. En su papel de opositor la jugó bien, redobló apuestas, fue a fondo. Alguien que va a fondo es desde cierto punto de vista, valiente. Pero considero que su valía está a medias, porque contó con un monstruo de la comunicación. Siempre tuvo espaldas. Aunque en este país nadie está seguro: baste con mirar el crimen de Nisman. Elegiría la palabra jugado para definir su rol en el periodismo. Y correcto en el sentido de retirarse de PPT, no sólo a tiempo sino en el momento preciso. Pero tengo al menos dos cuestionamientos a Jorge Lanata.

En su último programa del domingo 29 de noviembre no sólo hizo un resumen de los últimos cuatro años de PPT con los casos puntuales de la corrupción del gobierno saliente entre los que se destacaron La ruta del dinero K y La pobreza estructural del Norte del país, el caso de Salta con la muerte por desnutrición de una nenita. También habló de la carrera periodística. Si leemos entre líneas, por un lado se entiende que hay un reconocimiento social; pero al mismo tiempo dejó entrever que hagás lo que hagás hoy sos alguien y después nadie. El común de la gente te valora o no, pero es el mismo medio el que termina por destruirte.

Las citas que avalan lo que digo son: “Esto es efímero”. Estás, pero es pasajero.

“Es muy difícil que el medio te respete”. “Nunca vos tenés una carrera”. “Todo el tiempo estás empezando”. “La gente opina con una liviandad total”. Lanata, un periodista reconocido en Argentina, habla de una carrera que no es, que no se tiene ganada nunca, que es un día a día y un paso a paso. Esta especie de terreno movedizo en el que se mueve un periodista invita a reiniciarse a cada rato. No corre el dicho “hazte fama…”, puesto que hay que trabajar para mantenerla pero con una cierta movilidad, con nuevas formas, recomenzando. Todo el tiempo. Una carrera de ascensos y descensos bruscos y de ascensos rápidos y nada…En cuanto a la liviandad, es cierto. Hoy proliferan opiniones que carecen de análisis y de profundidad, la gente no tiene en cuenta esa carrera, ese camino, ese andar. Opina y te ensalza u opina y te manda al fondo. Con el periodismo, para Lanata, no pasa lo mismo que con el médico: la gente no le indica al profesional de la medicina cómo cortar…Se sienta en cambio a juzgar un trabajo periodístico, ¿con qué autoridad?

Esta labilidad del periodismo permite a alguien que lo ejerce tener en cuenta que está de paso y sin garantías, pero sobre todo, que deberá lidiar con el Otro en la construcción de una imagen frágil del periodista. En este espacio inestable, el “fracaso no importa”, afirmó Lanata. Es una invitación a perder el miedo y correrse de este lugar porque el éxito es olvidarse del fracaso, no temerle.

Frente a los periodistas Luciana Geuna, Mariel Fitz Patrick, María Eugenia Duffard, Nicolás Wiñazki y Rodrigo Alegre, se ubicó en el lugar de entrevistado. Pero tampoco era el de un entrevistado común. Era el maestro griego con sus discípulos dejando notas en un cuaderno para reafirmar su carácter de experimentado, con un camino hecho, con una carrera a futuro sin éxito asegurado, únicamente proyectada.

La imagen del final es la mejor de las imágenes: Lanata frente al espejo viendo quién es en realidad y con una lúcida respuesta que confirma que se está continuamente volviendo al origen, al principio. Una imagen retrospectiva de sí mismo: “veo a un niño de Sarandí”. La lectura de la frase desprende múltiples interpretaciones: recuperar la ingenuidad de un niño por un lado, y volver a transitar caminos nuevos por el otro. Un volverse hacia sí mismo para bucear en el pasado y no olvidar quién soy. Lanata fue en busca de su fotografía interior. Muy buen final.

Ahora viene la parte del cuestionamiento a Jorge Lanata

En mi nota “Jaque mate al gobierno de Salta: creció la fuerza docente y Jorge Lanata llega a la Marcha del miércoles” (de abril de 2014, http://www.salta21.com/Jaque-mate-al-gobierno-de-Salta.html), esta cronista anticipaba la llegada del periodista en apoyo al conflicto docente. Posteriormente escribí “Día de furia” (http://www.salta21.com/Dia-de-furia-Docentes-Unidos-de.html), en la que resalto la ausencia de Lanata, de quien se decía, encabezaría la marcha. No sólo no hizo esto, sino que dio una nota radial a un medio obsecuente que atacaba la huelga colocando al gobierno en papel de víctima.

Este punto fue fundamental para considerar a Lanata como un periodista comprado. Lo cual tiene dos facetas: pagado o vendido.

Mi pregunta es ¿por qué en el conflicto docente de 2014 les dio la espalda a los maestros? Más tarde coqueteó con el gobierno de Urtubey llegando incluso a valorar su gestión y a considerarlo como uno de los pocos hombres del kirchnerismo que había que rescatar. ¿Y esto? Es más, inauguró una serie de alabanzas que recogió el gobernador desde la prensa nacional.

Seguidamente, reitero mi opinión negativa sobre Lanata en su ofensivo trato a Flor de la V de lo cual desprendí mi columna "Jorge Lanata es un patotero y un pollerudo" (http://www.salta21.com/Jorge-Lanata-es-un-patotero-y-un.html).

No puedo por lo tanto, y en relación a mis propias convicciones, creer que se trata de un personaje armado según la circunstancia ya no política, sino histórica.

Me atrevo a agregar a las consideraciones de Lanata que el periodista no tiene un valor circunstancial, sino histórico, porque lo que trasciende no es la política sino sus consecuencias. Y el periodista es responsable de sus actos. No es un producto, sino un constructo. En la medida que no es consumo sino producción, incide voluntariamente en la historia de nuestro país. Forja, desarrolla, denuncia, actúa sobre los hechos. No es un efímero cualquiera, es un efímero certero o no es nada. No es un ocasional, es un perecedero. Sí, se reinicia, sí recomienza, sí se reinventa. Pero tiene una ética, tiene principios, tiene valores, tiene responsabilidad. De otra manera, podríamos borrar con un corrector la mentira o la verdad. Un periodista puede evaporarse y dejar de existir, porque su misión no es él, sino la sociedad. Finalmente, el único protagonista es el Otro: de allí su importancia en la cadena social, y la compleja pasajera existencia del diario vivir.

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Mensajes

  1. No, ni en pedo, este es un mercenario, en el mejor de los casos uso doble vara.

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