Provolo, Francisco sabía: Iglesia, abusos y silencio

En 2014 varias víctimas de abusos ocurridos en la sede italiana del instituto entregaron un video al Vaticano. Entre otros, acusaban al cura Corradi, hoy detenido en Mendoza. Bergoglio nunca respondió.

Desde que los curas Nicolás Corradi (82) y Horacio Corbacho (55) fueron detenidos en Luján de Cuyo acusados de abuso sexual y corrupción de menores, cada día surgen novedades. Por estas horas se conoció a la primera víctima que acusa a Corradi de cometer esos mismos delitos pero en la sede del Instituto Provolo de La Plata. Se trata de Daniel Sgardelis, de 42 años, quien estudió en el Provolo platense entre 1982 y 1991. Corradi vivió y “trabajó” allí, según varias fuentes, entre 1984 y 1997.

Sgardelis nació y vive en Tartagal (Salta) y ya confirmó que viajará a la capital bonaerense para exponer su relato ante la fiscalía que atiende el caso a nivel local. Además de haber sufrido de niño ataques directos de parte de Corradi, el hombre afirma que en esos años fueron varias las víctimas.

En la investigación judicial que se tramita en Mendoza ya se había hablado de dos casos ocurridos en La Plata, lugar por el que Corradi y Corbacho pasaron varios años antes de afincarse en la provincia cuyana. Resta saber si Sgardelis es uno de esos dos casos o bien sería una tercera víctima “platense” que se sumaría a las (hasta ahora) 22 víctimas mendocinas.

Votos de silencio

Por el momento la jerarquía eclesiástica se mantiene cautelosa. Poco y nada han dicho los hombres que habitan las altas cumbres de la institución. Apenas unas pocas definiciones del presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, José María Arancedo, para quien “la Iglesia no puede ocultar estos delitos graves, ni cerrar las puertas a la Justicia”. Y un par de comunicados del arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, elaborados con el único objetivo de sacarse cualquier responsabilidad de encima, aún a costa de falsear hechos de la realidad. Dicho sea de paso, Aguer ruega que si alguien quiere denunciar abusos sufridos en el pasado por curas, haga la denuncia ante el Vicariato de Justicia de su Arzobispado y no ante el Poder Juidicial. Un amigo.

Según Arancedo, “cuando se prende una pequeña luz amarilla, hay que actuar, hay que tomar cartas en el asunto”. Si no se estuviera refiriendo a la pederastia practicada sistemáticamente por clérigos y laicos que trabajan en parroquias y colegios se podría decir que Arancedo es un audaz. Pero en el país en el que la Iglesia bendijo el genocidio de hace cuatro décadas sin haber nunca pedido perdón, ni entregado a sus máximos responsables a la justicia ni abierto los tenebrosos archivos del Vicariato castrense, las palabras de Arancedo ofenden.

Una larga historia de silencio sepulcral explica, en parte, que hoy la jerarquía católica encubra, calle y hasta mueva cielo y tierra para que nadie hable sobre las aberraciones cometidas puertas adentro de sus edificios. Pero basta que salte un punto de esa compleja sutura para que supure la podredumbre. Y con ella aparezcan las víctimas y los victimarios.

El tano Nicola

En ninguna de las biografías de Jorge Bergoglio figura el dato de que sea daltónico. Si así fuera, bien podrían explicar sus acólitos que el Papa no tuvo oportunidad de detectar las “luces amarillas” de las que habla Arancedo. Sería un chiste de mal gusto, claro. Pero ni siquiera esa excusa puede salvar a Francisco. Porque desde hace siete años (al menos) en el Vaticano el nombre de Nicola Corradi aparece relacionado directamente con hechos de violación y maltrato sobre niños y niñas sordomudos. Y como ya se dijo, desde hace 32 años Corradi vive en Argentina.

¿Puede haber desconocido el entonces arzobispo de Buenos Aires Jorge Bergoglio que una comisión investigadora creada por el Papa Ratzinger había certificado en 2009 que Corradi había abusado de niñas y niños entre 1955 y 1984 en el Instituto Provolo de Verona? ¿Puede haber desconocido el cardenal Bergoglio que ese Corradi era el mismo que desde 2007 regenteaba la sede mendocina de esa institución?

Si ambas preguntas tuvieran alguna posibilidad de ser respondidas negativamente, hay otras más complicadas. Porque cuando Bergoglio ya era Francisco el nombre de Corradi volvió a estar frente a sus ojos. Y ya no sólo mencionado como violador de niños en Verona sino que hasta se indicaba su ubicación actual: Argentina.

“¿Y Dios dónde estaba, Papa Francisco?”

La filial italiana de la Red de Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico produjo en mayo de 2014 un video titulado Yo acuso. Allí 17 personas de entre 18 y 64 años le piden a Bergoglio que haga algo. Al menos, que responda a sus cartas. Son víctimas de violaciones y abusos cometidos durante décadas por sacerdotes y obispos de varias ciudades italianas. Ocho de esos testimonios refieren a hechos ocurridos en la sede del Instituto Provolo de Verona.

Pero ese puñado de testimonios es sólo una “muestra”. Según las fuentes, de las más de 400 personas que transitaron su niñez en el Provolo italiano durante el tiempo investigado, 67 ya se constituyeron como denunciantes y acusan a varias decenas de religiosos.

En el video se asegura que “más de la mitad” de los curas del Provolo veronés “resultaron ser pedófilos”. Y los testimonios de Giuseppe Consiglio (24 años), Pierpaolo Zanatta (43), Loretta Ferrari (61), Alda Franchetto (62), Alessandro Vantini (63), Dario Laiti (63), Moreno Corbellari (63) y Gianni Bisoli (64) son contundentes. Los ocho son hipoacúsicos y en el video expresan con claridad lo sufrido durante su paso por el Provolo de Verona.

“Papa Francisco, yo fui abusada por un cura del instituto para sordomudos Provolo de Verona a la edad de 12 años”, dice una. “Sufrí abusos sexuales por parte de curas durante las confesiones que ocurrían en una habitación cerrada con llave”, agrega otro. “Desde los 6 a los 12 años fui sodomizado muchísimas veces por los curas y hermanos del instituto”, recuerda un tercero. “Fue durante la confesión para la preparación a la primera comunión, desde ese momento rechacé frecuentar la iglesia”, manifiesta una de ellas. “Me torturaron el cuerpo y me destruyeron el alma... ¿y Dios dónde estaba?”, se pregunta otro.

El video termina con un listado de sacerdotes y laicos veroneses (algunos fallecidos) acusados de todo tipo de vejaciones. Allí aparece Nicola Corradi y se detalla que reside en Argentina. Incluso se localiza en el país de Bergoglio a otros acusados, como el sacerdote Giovanni Granuzzo y un laico de apellido Spinelli.

Una copia de ese informe fue entregada por miembros de la Red de Sobrevivientes a monseñor Angelo Becciu, funcionario de la Secretaría de Estado del Vaticano. Para Francesco Zanardi, fundador de la red en Italia, “Bergoglio, al menos desde 2013, sabía de las denuncias contra Corradi ya que su nombre está en el video que entregamos al Vaticano”.

Santa cobertura mediática

No es novedad que las corporaciones periodísticas argentinas tienen adoración por Francisco. Y la obsecuencia llega al punto de intentar despejar toda responsabilidad del Sumo Pontífice en este escándalo. Pero esa vocación de servicio puede caer en el ridículo.

Hace diez días el diario Clarín publicó una entrevista a Gianni Bisoli, uno de los sobrevivientes del Provolo de Verona que aparecen en el video publicado hace dos años y medio. Allí el hombre (hoy de 68 años) reafirma su denuncia e incluso detalla qué papel cumplía Corradi en la sede italiana del instituto durante aquellos años.

“Yo había llegado al instituto con 9 años recién cumplidos. Tres meses después comenzaron los abusos (…) El baño de la escuela estaba al final de un corredor. Cuando Nicola nos veía ir al baño, nos venía a buscar. Nos masturbaba y nos obligaba a hacérselo a él. Yo me paralizaba y me ponía colorado”, relata Bisoli a Clarín. “A veces nos despertaban de noche. Nos venían a buscar al dormitorio y nos llevaban al último piso del instituto. Recuerdo a Corradi, en medio de la oscuridad, la noche en la que él y los otros clérigos jóvenes nos hicieron apoyar las manos en alto contra una pared, con las piernas abiertas y nos bajaron el pantalón del pijama. Nos hacían de todo”, agrega.

La periodista de Clarín le preguntó a Bisoli qué le diría a Corradi si lo tuviera delante de sus ojos. “Puerco. Si pudiera le daría una piña pero la ley no me lo permite. Entonces sí lo insultaría. Le diría puerco, cerdo, cobarde”, responde el hombre.

Quizás la periodista también le preguntó a Bisoli qué le diría a Jorge Bergoglio, el Papa Francisco, si lo tuviera delante de sus ojos. Y quizás el hombre respondió otro tanto, agregando tal vez calificativos como encubridor, falso, mentiroso o hipócrita. Quizás. Si así fue, entonces la tijera de los editores de Clarín hizo lo suyo, ya que en el artículo no existe menció alguna al Santo Padre.

Pero aunque se intente tapar el sol con las manos, es innegable que Bergoglio sabe hace años que en todas las sedes del Instituto de sordomudos Antonio Provolo se refugian violadores. Y nunca hizo nada.

Librándose del mal

Cuando Julieta Añazco, referente de la Red de Víctimas de Abuso Eclesiástico en Argentina, tomó contacto hace unos años con miembros italianos de esa organización, le informaron que tras la sucesión de denuncias varios curas pedófilos de Verona habían sido trasladados a Argentina.

El último fin de semana uno de los abogados de la filial italiana de la Red le confirmó a Añazco que, además de Corradi, Granuzzo y Spinelli (mencionados en el video de 2014) habría otros tres “refugiados” de ese país en Argentina, entre ellos una monja.

A esta altura no caben dudas de que La Plata y Mendoza fueron ciudades elegidas especialmente por la jerarquía católica para “guardar” a los pedófilos sacados de Italia. Si las máximas autoridades de esa institución hoy niegan haber sabido de esto hasta hace dos semanas, están mintiendo.

Hace tiempo que la Red de Sobrevivientes ya había localizado al viejo violador Corradi en Mendoza. Julieta Añazco y el abogado de la organización, Carlos Lombardi, lo tenían en la mira. Sólo faltaba algo fundamental: que alguna víctima se animara a denunciarlo.

Desde hace dos semanas las víctimas no paran de aparecer. Y algunos intentan hacerle creer a la sociedad que Bergoglio no está enterado.

- Foto de portada: Nicola Corradi en La Plata, hace tres décadas (en la foto junto a Daniel Sgardelis), y en Mendoza, hace pocos días cuando fue detenido.

- Por Daniel Satur - La Izquierda Diario.

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