Otra vez un trío notable: Solista, Director, Orquesta

La visita de Bortolato que además brindó clase magistrales a no pocos interesados, sirvió para conocer un instrumentista sobresaliente y particularmente dotado para la melodía italiana. El maestro Ávila Arzuza preparó y condujo con sencilla autoridad y extrajo lo mejor de la plantilla orquestal.

Salta, Viernes 31 de marzo de 2017. Teatro Provincial. Solista: Gianfranco Bortolato (oboe). Orquesta Sinfónica de Salta. Director Invitado: Maestro Hadrián Ávila Arzuza (Córdoba). Vincenzo Bellini (1801-1835): Concierto en mi bemol para oboe y cuerdas op.283 y Mosaico sobre La Traviata de G. Verdi (1813-1901) de Giuseppe Gariboldi (1833-1905) para oboe y orquesta (*). Piotr Ilyich Tchaikovsky (1840-1893): Manfredo op. 58. (*) Estreno en Salta. Aforo 85%. (El maestro Bortolato se presenta con la colaboración del Instituto Italiano di Cultura).

El maestro Giancarlo Bortolato es un oboísta nacido en Venecia que desde joven se destacó por su enorme solvencia musical. Está cargado de distinciones siendo el oboe solista de la Orquesta de la Ópera de Roma. Trajo el concierto escrito por Vincenzo Bellini, el compositor belcantista destinado a su instrumento, breve pero como toda la obra del autor exhibiendo melodías por doquier.

Lo acompañó muy bien un pequeño grupo conducido por el maestro Ávila Arzuza del que hablo más adelante para llegar a la obra siguiente, estreno local, escrita por el desconocido compositor Giuseppe Gariboldi -brillante flautista y compositor del siglo XIX- que tuvo la feliz idea de escribir un arreglo para oboe solista y orquesta sobre la base del preludio y las arias más conocidas de “La Traviata”, una de las más gloriosas composiciones de la historia de la ópera italiana. Fue gozoso escuchar esta breve obra por el antiguo conocimiento que se tiene de esas arias verdianas que pintan tan bien el espíritu romántico de la extrovertida Italia, conocimiento que va más allá del contexto que refiere la singular ópera.

La visita de Bortolato que además brindó clase magistrales a no pocos interesados, sirvió para conocer un instrumentista sobresaliente y particularmente dotado para la melodía italiana. Bellísimo su bis “Déjame llorar” de la ópera Rinaldo de G.F.Haendel.

Tchaikovsky ya había escrito su Sinfonía nº 4, la del destino inexorable, la de la melancolía por su infortunado matrimonio para disimular otros aspectos de su vida. La 4ª es la primera de las tres últimas sinfonías, tríptico que, al menos para este crítico, es el mejor sinfonismo del compositor ruso. Once años después acometió con la 5ª, esa del tema maravilloso del corno en forma de “lied” en el segundo esquicio que la hizo inolvidable.

Pero en ese largo período otro compositor ruso, Balakirev, le acercó a su amigo la tragedia de Manfredo en la pluma de Lord Byron y despertó en Tchaikovsky la idea de describir musicalmente ese drama. No lo pensó dos veces y tenía en su intelecto qué decir y cómo decirlo pues era dueño de uno de sus grandes momentos de febril inspiración. Manfredo mas que una sinfonía debería encuadrarse en los llamados “poemas sinfónicos” aun cuando su estructura en cuatro movimientos tiene el aspecto de la sinfonía tradicional.

Escuché algunos solos sencillamente espectaculares: Fernando Jiménez (clarinete), Elenko Tabakov (trompa), Juan Pablo Mayor (trompeta), Alejandra Barreto (oboe) y Martín Bonilla (percusión). Luego del famoso “scherzo” de Mendelssohn, esta obra contiene una magistral y envidiable muestra de cómo componer esta forma. Pero también ofrece un desgarrador desfile de pena y angustia en la formidable polifonía del sollozante final.

El maestro Ávila Arzuza preparó y condujo con sencilla autoridad y extrajo lo mejor de la plantilla orquestal. Su retórica se acerca a las pretensiones del oyente sobre todo en lo referente a la etapa romántica de la música, con sus modos de llegar a la intimidad emocional de quien escucha. Es un director que sabe muy bien dónde está la expresión recatada o contenida del sonido y en contraposición, la explosión de la orquesta cuando el compositor deviene exultante en un pasaje significativo. Es colombiano afincado desde hace trece años en nuestro país donde es el actual titular de la Orquesta Sinfónica de Córdoba. Deja el deseo de verlo y escucharlo nuevamente.

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