Ocho locos en Salta que andan “Como el culo”: crítica a una comedia para armar y desarmar

¿Qué ocurre cuando, en lugar de imitarse la realidad, se imita la ficción? La comedia es una copia de la copia de una copia de la ficción. Ficción dentro de la ficción. Metatratralidad. Personajes haciendo de personajes, metapersonajes. Anoche, el público que vio la comedia en el Teatro del Huerto entregó a los actores un aplauso sostenido en reconocimiento al trabajo sobre el escenario.

Imitar la realidad tal y como es, para el filósofo Nelson Goodman, es imposible. El imitador, según entiendo, siempre interpondrá la interpretación que haga sobre esa realidad, es decir, media la subjetividad y la capacidad de “ver”. Esa realidad, además, es “su” realidad. Traslademos la idea al plano de la ficción. Mucho más aún - todavía- el espectador realiza un esfuerzo particular sobre la ficción: es quien le otorga sentido, quien construye ese mundo, que pasará a ser “su” mundo; cuando antes, era de otro. Lo que vemos es como un espejo deformante de la “realidad” que presenta la ficción.

Si “Como el culo” se propone “jugar” con la mirada del observador; antes, otro, jugó también. La imitación de un juego que jugó algún director, viene a patear este tablero en el que se imita la ociosa recitación de viejas actuaciones teatrales; por lo que se observa, de un policial clásico en el que todo se corre de su sitio para dar paso a una forma teatral en desuso. Lo que te “dice” es que esa no es la forma de actuar. Es una obra humorístico-metacognitiva. Es el “no teatro”, lo que no hay que hacer para hacer teatro. Vaya compleja manera de contradecir: los actores te están diciendo que no actúes así y lo hacen haciéndolo, para que notemos lo intenso y desagradable que es si es hecho de esa manera. Ese teatro declamado y exagerado, es para reír. No es serio. Te “dice” que la comedia es algo serio: porque hacer buen humor es elevado, al menos, más que hacer pésimas actuaciones dramáticas.

La obra “Como el culo” presenta un concepto estético. Fue escrita por Henry Lewis, Jonathan Sayer y Henry Shields, cuyo título original es “The play that goes wrong”. Se estrenó en 2012 y en poco tiempo ingresó al circuito comercial convirtiéndose en éxito de público.

Manuel González Gil mudó de elencos y vestuarios, como si se reinventara toda vez que vuelve a poner en el escenario a renombrados intérpretes del género haciendo de actores muy malos, en un episodio sobre un asesinato en una mansión, en donde se suscitan juegos dramáticos y “agregados” dramatúrgicos que el espectador debe componer y descomponer, ágilmente, para llevar en paralelo la historia del crimen y la historia de unos actores de teatro vocacional de la Universidad de Mórón.

El elenco está integrado por Gustavo Garzón, Víctor Laplace, Fabián Gianola, Alejandro Paker, Miriam Lanzoni, Gonzalo Urtizberea, Tamara Garzón y Fabián Rendo.

Garzón interpreta a un actor de pocas luces, que se traba al hablar; Urtizberea es el muerto; Lanzoni es la actriz invitada al elenco que solo tiene actores varones; Laplace es el mayordomo, Gianola interpreta al director de la obra y hace de Inspector como personaje dentro del episodio del asesinato; Paker, mejor caracterizados como uno de los sospechosos del crimen; Tamara es la doble de Lanzoni, es decir, una utilera que debe reemplazar - y lo hace bárbaramente- a la actriz invitada y; por último, Rendo es el técnico, muy logrado personaje. Gianola se mueve como pez en el agua, no falta un Laplace efectivo, la chispa misma de la obra; igual el muerto, Urtizberea, pese a que más de una vez lo hacen hacer el movimiento de cruzar los brazos como el muerto para caminar en escena y repiten el gags varias veces; un Garzón cuyas bufonadas aceleran el ritmo; Lanzoni que juega con Tamara el Slapstick… para darse de cachiporradas… Muy buenos actores todos.

Si la escenografía se vino encima es porque estaba “Como el culo”, una obra que seduce o porque el humor es solemne o porque la payasada es absurda. Nadie queda off topic. Una obra de gran calibre. Existe con una gramática propia en la que el espectador es cómplice absoluto de estos locos actores de rara naturaleza.

- Fotos tomadas por Salta 21

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