Martín Miguel, el actor detrás del héroe

La "ópera prima" de Enrique Marini, tal y como se señala en el programa de mano, es una perla en los Valles Calchaquíes, un hallazgo que contribuirá a reconstruir la arqueología del teatro de Salta. No puede, ni debe, pasar inadvertida esta pieza, sobre todo para los salteños y aquellos que se rasgan las vestiduras cuando ignoran al héroe, pero tampoco hacen la diferencia. El teatro histórico no está configurado aún dentro del paradigma teatral local, no así el político del que se han dado ya varias muestras.

La obra "Martín Miguel. El Hombre detrás del Héroe" presentada la noche del sábado 21 de octubre en el Salón Auditórium en el marco del F.A.I.S.A., suma su aporte desde lo histórico por la cantidad de datos aportados, por el tratamiento “serio” del pasado del héroe y por la veracidad de los hechos allí relatados, que, entiéndase, enmarcados dentro del texto espectacular, forman parte de otro sistema, quizá el literario. Por eso no hay que perder de vista que si bien no es testimonial ni documental, se trata de un entrecruce entre historia y teatro y el carácter ficcional es compartido por ambos, ya que la historia, como relato en sí misma, es ficción. En esta obra, el autor y actor al mismo tiempo, ha completado los intersticios, los espacios en blanco reservados por lo “desconocido”, por ejemplo, en cómo hubiese sido la voz de mando del héroe, cómo hubiese referídose a su esposa, cómo amó a sus gauchos y a su familia, entre otros muchos “faltantes” que la historia como ciencia o estudio, no aporta.

Entonces, el trabajo de Enrique Marini permite corporizar una versión del héroe que sin ser trágico, infunde dramatismo y sin ser cómico, tiene un humor apropiado a las circunstancias, un humor de situaciones.

En escena hay dos personajes. El otro está interpretado por Virgilio Morales con una especie de salteñidad medio al palo en su forma de “decir”, una tonada muy marcada del norteño. Virgilio –nombre paradigmático- es como el Sancho de su Quijote, y junto a Marini compone esa dupla cervantina tan querible como entrañable, dupla esta capaz de provocar la emoción, el arrebato, la admiración y la idealización. Será que Don Martín en su fase más humana, teatralizado desde el hombre común más que desde el inalcanzable y valiente soldado de la patria, sin que por ello también lo sea, logra traspasar su propio autorretrato para ser de carne y hueso.

En esta noche de museo, alusión humorística al film "Una noche en el museo" que está en boca de Eduardo, se produce lo imposible: un encuentro entre el joven y Güemes, quien parece haber migrado al cuerpo del actor en una interpretación de alto vuelo artístico por parte de Marini, tan creíble como potente. Resulta significativa la forma en que el gaucho dialoga con Eduardo, planos que se unifican en donde ya no vemos a alguien de superiores condiciones, sino a dos de la misma condición, igualados por la historia que los convoca en el presente. Atenta mirada del director-actor.

En este encuentro, Eduardo “extrae” verdades del héroe y derriba los mitos de la historia.

“Está en los documentos”- dice Don Martín, quien al principio cita el libro “Güemes documentado”, del Dr. Luis Güemes, como fuente válida que preserva su verdad frente a las preguntas de un joven ansioso por saber más. Pero seguramente Marini debió recurrir a otros libros que no están citados en el programa de mano como fruto –seguramente- de un largo trayecto lector.

Por ejemplo, surge de estas “revelaciones” al estudiante, que el héroe gaucho no participó en la Batalla de Salta (20 de febrero de 1813), ni en la de Tucumán (24 de septiembre de 1812), tampoco en la de Vilcapugio (1 de octubre de 1813) ni en la de Ayacucho (14 de noviembre de 1813); es decir, durante el año 1813 no participó de batalla alguna.

El “pecado” de Güemes (como señaló un columnista de Salta 21, el Dr. Pedro A. Álvarez) fue su relación amorosa con la esposa de un teniente del Ejército. El Oficio de Belgrano al gobierno se refería a la escandalosa relación con doña Juana Inguanzo, esposa de don Sebastián Mella, y que por ello lo enviaba a Santiago del Estero. Tres años más tarde, se reconciliaría con el General Belgrano a quien consideró “amigo y compañero”.

Desde el nombre de sus gauchos hasta su propia historia personal, desde su relación con sus hermanos hasta su relación con los jefes máximos de la patria, San Martín y Belgrano; desde el recuerdo de su hijo más pequeño a quien apenas conoció hasta la carta que le escribiera su esposa; desde Perú hasta Buenos Aires a lo largo del territorio hasta las tácticas contra los realistas; sus enfermedades y debilidades; sus impresiones y contradicciones; sus amoríos y sus soledades; se han retratado en esta pieza teatral que resalta de un modo eficaz al hombre en sus luces y sombras.

Mencionados son sus triunfos frente a los realistas; su destacada actuación contra los ingleses en 1806 y 1807; su heroísmo en Suipacha el 7 de noviembre de 1810; su victoria en el Puesto del Marqués el 14 de abril de 1815; su elección como gobernador en aquel año; el Pacto de Los Cerrillos en 1816 (antecedente de la Independencia) y sus heroicos desempeños en varias invasiones que ponían en peligro al movimiento independentista.

“Mi Carmen”- dice el héroe sobre su amor incondicional. Niega terminantemente que le haya sido infiel a su esposa una vez casados. Desmitifica el hecho de que haya sido por mujeriego que le pegaran un tiro, con lo que el personaje-gaucho aclara que fue el rumor echado a andar por parte de sus enemigos para desprestigiarlo.

En la sección musical donde ambos actores se lucen, esta quedó muy bien puesta, no así, y desde mi opinión, cuando Güemes baila. Si bien no imagino al ex gobernador llorando, esto no desencaja, aunque se exagere su dosis.

En la obra, se desmienten imprecisiones médicas sobre el General, como el rumor de que era gangoso y hemofílico. Fue precisamente el Gral. José María Paz quien se encargó de decir que era gangoso. En el libro del Dr. Atilio Cornejo se desmiente tal difamación. También en el libro del nieto del héroe, citado por Güemes personaje. Como se sabe, en Las memorias del Gral. Paz, este expresa que su propio médico le dijo que “cualquier herida que recibiese le sería mortal…” (J. M. Paz, op. cit., pág. 300). Para aclarar esto, su nieto expresa que “no existen antecedentes hereditarios y/o familiares de la ascendencia ni de la descendencia del prócer”, dicho sea esto porque la hemofilia es una enfermedad hereditaria; por su parte, Bernardo Frías refiere un accidente de Güemes niño, quien se cayó del caballo y si hubiese sido hemofílico, hubiera muerto; y finalmente (tal y como explica el Dr. Pedro Antonio Álvarez-médico forense-columnista de Salta 21, en un artículo suyo), la hipótesis de que muriera por esa enfermedad no encaja, ya que de haberla tenido no habría soportado diez días tras recibir una bala.

Hay una crítica a la versión mitrista de la historia, de allí que el personaje recomiende ir a las fuentes, a los documentos. Por Eduardo, quien realiza su tesis sobre Güemes, este se entera de lo que se ha escrito sobre él, sobre cómo está hoy la República y algunas cuestiones referidas a la tecnología.

Mucho se dice del héroe durante una hora y media en que no decae ni el interés ni el ritmo. Marini sostiene hasta el final a su personaje, quizá llevado por una gran admiración. Esto podría ubicarlo en una categoría que puedo llegar a imponer: Teatro de Culto. Si existe un Cine de Culto, bien podemos pensar en esta clasificación para el teatro. Encaja muy bien.

Güemes es hablado por medio del teatro mientras retumba, entre aplausos y emociones, la voz del héroe a través de la voz del actor: "Yo no pretendo ni glorias ni homenajes, yo solo trabajo por la libertad de mi Patria”.

Imperdible!

- Fotos tomadas por Salta 21

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