Luego de dos años regresó Ravel

El repertorio fue altamente atractivo pero al mismo tiempo intensamente exigente, difícil. Domínguez Xodo, lo desarrolló con fluidez, conocimiento, buen gusto, elegancia y respeto por los diferentes niveles de intensidad orquestal.

Salta, viernes 10 de junio de 2016. Teatro Provincial. Orquesta Sinfónica de Salta. Director Invitado Maestro Darío Domínguez Xodo. Obras de Maurice Ravel (1875-1937). Rapsodia Española, La Valse, Alborada del Gracioso, Daphnis et Chloé Suite nº 2. Aforo 70%.

A pesar de la inusual e inhóspita temperatura, el público se sintió convocado por un programa totalmente dedicado al francés Ravel del que hace dos años no se escuchaba nada, cuando en la historia de la música ocupa un lugar de importancia por su exquisita personalidad, su genio constructivo, el trabajo artesanal en el armado de solo obras maestras, sus modos sencillos, su paciencia infinita, su concentración dedicada al arte musical. Fue un hombre carente de espectacularidades, de recato íntimo en el cual no era fácil ingresar salvo que sea su familia o sus pocos pero grandes amigos. Vivía la ambivalencia de un ser humano tranquilo, cuyas explosiones de carácter solo podían encontrarse en su música. Por ejemplo la rapsodia española, fuertemente influenciada por su madre vasca tiene cuatro momentos tres de los cuales son correspondientes con entonaciones de su madre mientras que el cuarto es el despertar ibérico con todas sus luces y magistrales sonoridades.

Antes de la primera guerra mundial, período espantoso para la vida de alguien que nada tenía que ver con el conflicto “per se” y durante la cual, desarrolló la tarea de conducir un camión de transporte de tropas francesas, tarea que lo ponía en la dualidad de su espíritu pacífico y la obligación de cumplir con su país, germinó en él la posibilidad de homenajear al admirado Johann Strauss y comenzaron los esbozos de una partitura denominada Wien (Viena) que finalmente devino en esa maravilla titulada La Valse. Antes había desarrollado, como parte de una obra mayor, Alborada del Gracioso, cargada de manifestaciones españoles a cual mas llamativa y hermosa y la sinfonía coreográfica Daphnis y Chloé cuyas formas aparecen como preanunciando la Consagración de Stravinsky que Ravel defendió a ultranza contra la opinión de los parisinos escandalizados. Extensa, plena de solos, permitió el lucimiento de la orquesta y sus instrumentistas. Magnifica partitura.

El repertorio fue altamente atractivo pero al mismo tiempo intensamente exigente, difícil. A pesar de ello, director asistente de la Filarmónica de Buenos Aires, el maestro Domínguez Xodo, lo desarrolló con fluidez, conocimiento, buen gusto, elegancia y respeto por los diferentes niveles de intensidad orquestal. Ignoro si será su compositor preferido, pero con seguridad es uno de los que con mayor aprecio dirige. El maestro es preciso, elige bien los diferentes efectos de la música raveliana como aquellos glisandos de Chornyy (violonchelo) y el espléndido manejo de los diálogos entre cuerdas, maderas y metales. Los que desafiamos el frío, nos fuimos satisfechos.

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