Las semanas más K del PRO

El oficialismo hace lo que antes criticaba. Institucionalidad trucha y poder real.

A Mauricio se le está pirando un ojo, tipo Néstor. Tranquilos, obvio que no se trata de un diagnóstico médico. Es pura percepción periodística, en base a las últimas señales políticas y económicas que ha emitido el Gobierno.

Basta con detenerse unos segundos en los seis casos destacados en la página que sigue para llegar a la conclusión de que “Cambiemos” ha sido, al menos en las noticias más importantes de las últimas semanas (y en varias otras del último año), una expresión de deseos de los votantes más que un compromiso de los votados mayoritariamente en el ballottage del 2015.

Llama la atención que el macrismo se obstine tanto en parecerse a lo que criticó con dureza durante una década.

Hay cuatro razones posibles.

Juguemos a la raspadita:

1) ¿Claudicó por impericia?

2) ¿Copia por envidia?

3) ¿Son lo mismo por portación de grieta, pero a la inversa?

4) ¿Las cosas del poder se hacen así y no hablemos más?

Si elegiste la opción 1: estamos en el horno, ningún piloto confiable comete tantos errores en tan poco tiempo. Van a chocar.

Si elegiste la opción 2: el problema, en este caso, sería que la ambición de poder como motor básico de la política ya se demostró como un límite para las soluciones que requiere la mayoría de la población. Pueden durar, pero no ser útiles al país por mucho tiempo.

Si elegiste la opción 3: el verdadero sujeto del poder sería el sistema de representación política en sí, que está en recomposición y resulta impredecible dada su propia volatilidad. Futuro indefinido.

Si elegiste la opción 4: discutamos las cosas y no las personas, esa es la cuestión. Futuro también indefinido, pero al menos tendiendo a un mayor protagonismo ciudadano.

El estado de campaña electoral permanente sublima el marketing, que posiblemente dé votos para el votado, pero no necesariamente panes para el votante. La creatividad se reduce a pegarla con el eslogan o, en el mejor de los casos, a definir bien la misión, pero no al diseño de las soluciones urgentes.

Desde que llegó a la Casa Rosada hace 14 meses, al Presidente se lo ha visto muy preocupado por demostrar que tiene autoridad y sabe ejercerla sin miramientos. Donde antes preocupaban los excesos de autoridad, ahora preocupa ser fuertes para resistir los embates de quienes pretenden desestabilizar.

Los casos Angelici–Parrilli, Highton-Fayt, Centurión–D’Elía, Juliana–Karina, $Evita-$Yaguareté y Franco–Cristóbal que se destacan aquí al lado, hablan de un país que vive discutiendo “quién lo hace” y no “qué hacemos”. La lógica de la ruptura en dos supuestos bloques encubre las razones del fracaso, embrutece y hace perder tiempo. Y es un tiro en el pie para sus propios reproductores: cuando uno hace lo mismo que criticaba, queda en evidencia. Muestra la hilacha de la mentira, de la improvisación y del después vemos.

Dos de los casos señalados son verdaderamente serios, porque hacen más al funcionamiento de las cosas que a los principios, siempre discutibles y perfectibles.
El de Daniel Angelici pasó casi sin pena ni gloria, como si se tratara de un asunto menor de partiditos de fútbol que, de última, todo el mundo sabe que se arreglan. No. Angelici tiene influencia en áreas claves del Estado, como la Justicia y los principales organismos de control e inteligencia. Fue denunciado como un operador oscuro por Lilita Carrió, que opositora no es. ¿Por qué pensar que trata a los jueces “de veras” con modales e intenciones distintos a los que usa con los del Tribunal de Disciplina? ¿Porque son más instruidos? ¿Sería capaz de hacer cualquier cosa para defender a su amigo Macri como a su querido Boca y volvería hacerla sin arrepentirse, tal cual él mismo dijo, aún sabiendo que hizo mal? ¿Cómo entra el concepto “Cambiemos” en el Universo Angelici? Estamos hablando de “cómo funcionan las instituciones”, caballito de batalla de la anterior campaña electoral.

La emisión monetaria es otro tema de interés general concreto. Se sabe que la economía no arranca, que el “segundo semestre” ya nadie sabe cuándo empieza, que la “lluvia de dólares” ni llovizna fue y que el ajuste aprieta más que Angelici. Las actuales autoridades niegan el problema, con lo cual no hacen más que parecerse a las anteriores. Cada vez son más los analistas que ven peligrar la meta inflacionaria del 17% para este año.

Me dirán que el caso Franco-Cristóbal no es moco’e pavo. Pero quisiera evaluarlo con más información.

- Por Edi Zunino *

* Jefe de redacción de NOTICIAS

Seguí a Edi Zunino en Twitter: @zuninoticias

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