Definitivamente, el poder está en contra de la felicidad comunitaria.
Es tan fuerte el deseo de los enemigos del país, de que el gobierno democrático fracase, que no reparan en métodos e intenciones para que un modelo solidario/fraterno/comunitario/popular o como Ud. quiera llamarlo, se consolide y materialice sus principios de crecimiento.
Para que una Nación adquiera la fisonomía de GRANDEZA, no hay alternativas, a excepción de ser pensada como tal y sus proyectos nacionales encausados en programas federales que consideren a la Nación toda, en consideración del bienestar de su población, entiéndase: trabajo/salud/bienestar general. Nada más que otorgar a sus vecinos territoriales, las necesidades básicas de cada momento histórico específico, y con las cuales se aspira a la felicidad popular.
Ahí está la trampa del poder (“el gato encerrado”). Definitivamente, el poder está en contra de la felicidad comunitaria, algo así como la prohibición de que el pueblo despliegue su goce y exprese sus alegrías espontáneas. Para el poder (tirano) todo debe estar “fríamente empaquetado”, dócilmente encolumnado tras la represión social para ejercer, alegremente, la dominación. El filósofo español José Ortega y Gasset la llamó eufemísticamente, “minoría selecta”. En su difundido libro “La rebelión de las masas”, considera como característica principal del hombre-masa el que sintiéndose vulgar, proclama el derecho a la vulgaridad y se niega a reconocer instancias superiores a él, como una forma directa (desembozada) de menospreciar el derecho popular.
Porfiadamente se me ha tratado de convencer de que no está en la intención de Ortega y Gasset, arremeter contra la fuerza del pueblo, pero, permanentemente, he traducido en este filósofo cierto desprecio por las acciones colectivas. “El hombre integrante de la masa se cree que con lo que sabe ya tiene más que suficiente y no tiene la más mínima curiosidad por saber más. El hombre-masa es el hombre cuya vida carece de proyectos y va a la deriva. Por eso no construye nada, aunque sus posibilidades, sus poderes, sean enormes.”…” El hombre-masa es incapaz de otro esfuerzo que el estrictamente impuesto como reacción a una necesidad externa. El centro del régimen vital del hombre-masa consiste en la aspiración a vivir sin supeditarse a moral alguna”. Palabras más, palabras menos: Barbarie y civilización.
El desprecio popular
El sentimiento de desprecio por la capacidad y competencias colectivas, se expresa sobradamente en la intención del voto calificado, en donde no todas las personas están en condiciones de tener un juicio (madurez) sobre la realidad política. Al respecto hay un texto de Eduardo Pavlovsky (obra teatral) que rastrea en las intimidades de una conversación que pone al descubierto estos profundos prejuicios: …” Escucháme hijo -¿cómo podemos tener un presidente votado por la mayoría- si esa mayoría es inculta y desinformada, me entendés? ¿Qué país vamos a tener si puede surgir de los votos de los hacinados -analfabetos y muertos de hambre-? y que son la mayoría en nuestro país. El voto calificado permitirá que nuestro presidente surgiera de la gente más capaz de nuestro país, de la gente más refinada y más culta ¿me entendés hijo? ¿Seguro que me entendés? Eso definitivamente es el voto calificado y yo lucharé con todas mis fuerzas para lograrlo. Escuchame hijo ¿ese profesor de dibujo -Molina- habló alguna vez en clase en contra de los militares y a favor de los derechos humanos? ¿Me entendés bien la pregunta? Sí papá, la entiendo demasiado bien… y ahora tengo miedo. Miedo -no tenés- es esa ventana por donde entra un chiflete bárbaro. Vos tenés frío, no miedo, ¿entendés? Frío, vos tenés frío. ¿Molina se llamaba, no?”
En cualquier forma en que se la vea está comprometida la dignidad humana, esa condición incluyente que hace sentir a los grupos sociales integrantes de un proyecto común y que obliga a que el discurso se despliegue democráticamente hacia la solidaridad social, aquél lugar (espacio) en donde los iguales se encuentran y la salud social se restituye. La salud depende también de la justicia social. Justicia social existente no solo en los bolsillos sino también en las ilusiones robadas a muchos. Los Sicólogos consideran que en la vida social siempre están enfrentados Eros y Tanatos. El amor es una de las bases de la cultura. Para que la vida continúe Eros debe luchar constantemente contra Tanatos.
La participación del amor en la génesis de la conciencia moral y el carácter fatal e inevitable del sentimiento de culpa que es la expresión del conflicto de ambivalencia de la lucha eterna entre el Eros y la pulsión de destrucción o de muerte, es el conflicto que se entabla toda vez que se plantea al ser humano la convivencia. Admitir cuanto necesitamos del otro es un buen comienzo. Tener presente que cada uno de nosotros somos parte responsable del medio ambiente facilitador o no para el logro de un bienestar propio y social. Sólo con ese principio lograremos que las malas intenciones “cabalgadas” en la profecía, no se cumplan y fracasen, por la fuerza del destino militante, irremediablemente.

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