
al arzobispo de Salta le preocupan los subsidios a los pobres
El pasado sábado 7 de agosto de 2010, en las inmediaciones del denominado templete de San Cayetano, se realizó la procesión en honor a ese santo, y el orador principal fue el arzobispo de ésta Provincia de Salta, Mario Cargnello.
“¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo?” (Lc 6, 37-42)
Entre otras cosas, el máximo exponente de la iglesia católica en la Provincia, comparó a los que tienen trabajo con los que deben vivir siempre mendigando, y afirmó que una sociedad basada en la prebenda y la dádiva es una forma sutil de esclavitud, en obvia alusión a los planes sociales que se generalizaron a partir de la última emergencia económica, generada hacia finales del año 2001. También apuntó en forma elíptica al funcionamiento de los comedores de emergencia, y valorizó que es mejor obtener el pan con el trabajo y compartir la mesa familiar. Ese diagnóstico, no tiene nada de novedoso, y cualquier persona que directa o indirectamente tenga alguna participación en ese tipo de organizaciones –comedores barriales para niños y ancianos- sabe perfectamente que sería mejor no disgregar la familia, y que tener que concurrir a un comedor improvisado año tras año, con todas las carencias y privaciones que eso significa, ha provocado en el curso de los años, una fractura social importante que tardará mucho tiempo en revertirse.
Ahora bien, de diagnósticos estamos llenos, pero de propuestas o programas serios carecemos.
El discurso del prelado lo único que hizo fue aumentar la orfandad de soluciones, en boca de todos aquellos que defienden un sistema de organización económica que pregona la libertad individual –entre ellas las de las empresas- para terminar practicando la esclavitud colectiva. La mención del arzobispo de que los planes sociales generan una forma de esclavitud, es confundir la causa con la consecuencia. Esclavos del sistema de producción son los trabajadores que deben aceptar condiciones de explotación del sistema capitalista que acumula -plusvalía mediante- la parte del león, y que reparte las migajas de lo producido, después de cubrir ganancias, inversiones, dividendos, previsiones y ainda mais. Los excluidos del sistema, ni siquiera tienen ahora la posibilidad de que los exploten, porque en el sistema que defiende la iglesia católica en todo el mundo, se confunde acumulación de capital con desarrollo, y se prescinde de las personas bajo el eufemismo índice de desempleo. Y por ello los niños llegan a los comedores siendo ya hijos de esclavos, no se convierten en tales por recibir un plan o tener el tupé de pedir un plato de comida para su familia en esa vergonzosa asistencia. En el sistema que la iglesia católica defiende, esas personas deben sobrar por afuera del circuito económico, para formar lo que Marx llamaba el ejército industrial de reserva, que limita las pretensiones y exigencias de los que tienen empleo para no correr el riesgo de ser despedidos, y que otro excluido ocupe su puesto de trabajo.
Pero como se lee en la cita evangélica del comienzo, siempre fue mas fácil ver la paja en el ojo del vecino, que la viga en el ojo propio, porque al arzobispo de Salta le preocupan los subsidios a los pobres, pero no las enormes cifras que en el mismo concepto, debemos tributar todos los contribuyentes del País para sostenerlos a ellos. Y no me refiero solamente a los jugosos sueldos que percibe su jerarquía, sin consideración a ninguna escala productiva, sino también a los recursos que nunca llegan al Estado por estar toda esa organización exenta de todo tipo de obligaciones fiscales. Sólo por dar un ejemplo, recordemos que el arzobispado de Salta tiene registrado a su nombre en la Dirección General de Inmuebles, ciento ochenta y un (181) propiedades, varias de ellas rurales y que en conjunto importan sumas millonarias. A nombre de otras organizaciones religiosas del mismo culto existen otras ochenta y dos (82) propiedades. Y por ese conjunto de inmuebles no tributan absolutamente nada. También podemos mencionar que por ley nacional de transferencia de inmuebles nº 15.796, tampoco abonan suma alguna por ninguna operación relacionada a esos inmuebles, ya sea compra, donación, venta, etc.
Todo este esquema no puede denominarse sino, como un gigantesco subsidio, porque es exactamente igual que el Estado entregue una suma de dinero determinada, o que exima a quien debe pagarla de hacerlo, sin contraprestación alguna. No llega así a entenderse porqué al arzobispo de Salta le parece humillante el subsidio para que coman los excluidos, y no tenga igual concepto con el dinero que reciben en su seno.
Todos los que trabajan en asistencia social voluntaria, ayudando al sostenimiento de comedores infantiles en los barios de nuestra Provincia, quisieran cambiar el sistema para que los integrantes de la familia coman en su casa, y con sus propios recursos. Pero no pueden hacerlo. En cambio, quienes como el prelado mencionado, pertenecen a una poderosa organización económica predominante en todo el mundo, y que si tienen a su alcance los medios para cambiar el sistema de humillación que él mismo critica, se limitan sólo a la descripción del problema. El próximo año, en la próxima procesión, seguirán los discursos. También las exenciones fiscales.

