La novelaGalileo. ¿Componentes irracionales para el funcionamiento de la racionalidad de las Ciencias?

Ruego que se me permita la licencia de apelar a lo que nos confiesa el epígrafe.

“… (Soy) tan buen domador de cerebros que os lo haré confesar a viva fuerza” –Salviati

“…(Os) ruego que cumpláis tal jactancia” –Sagredo

Galileo Galilei
Galilei, Galileo (Abril de 2003): Diálogos sobre los dos sistemas del mundo ptolemaico y copernicano. En http://pt.scribd.com/doc/135784938/GALILEI-GALILEO-Dialogo-Sobre-Los-Sistemas-Aristotelico-Y-Copernicano, pp. 14/15, entro otros “sites” –fragmento que tiene otro nombre, como puede constatarse

Los inicios de la divulgación

Como es conocido, se podría decir que el fundador de la Cinética es uno de los primeros o el primero que inventa el género de la divulgación de teorías e hipótesis científicas, que sean de sencilla lectura y que se dirige, no a los pares u otros colegas, sino a los legos u otras personas que no sean del ámbito de las Ciencias.

Obvio que en la época de Galileo, ese intento de promocionar sus tomas de posición y sus tomas de partido por algo que para la Iglesia papista de entonces, iba a emplear para condenarlo al silencio durante años, hasta que, primero, Galilei se decide por legitimar la Dinámica y la Cinética, y luego, arreglárselas para que tales escritos se difundan, a pesar de la prohibición de no investigar y de menos que menos, diseminar en papel lo que descubriese, a cambio de su propia existencia, no llegaba al “gran público”. Hubo durante siglos, un enorme porcentaje de la población que era analfabeta, inclusive, entre los grupos acomodados que no son clases y las clases dominantes mismas.

Pero sea como fuere, Galileo inventó el género de la divulgación, que se hizo moda en el Siglo XX y es común en la actual centuria. Galilei se adelantó pues, a su época en siglos…

La toma de partido y de posición, favorables al heliocentrismo

No es algo que, como suele creerse, Galilei haya postulado por sí mismo (http://recuerdosdepandora.com/ciencia/galileo-la-ciencia-el-heliocentrismo-y-la-inquisicion/).

Lo que hizo, fue adoptar un tema polémico y que podía acarrearse las amonestaciones de la Inquisición, para volverse conocido, no únicamente, en calidad de científico entre sus pares, sino entre los que pudieran leer, en especial, entre los que fuesen miembros de los conjuntos privilegiados que no son clases y entre las clases dominantes, su divulgación de la teoría copernicana, hipótesis que era sabida desde hacía centurias (conocemos que no es homologable “teoría” con “hipótesis”, aunque más no fuera porque las teorías son un aglomerado de hipótesis, pero las urgencias del estilo nos impiden la exactitud, a riesgo de afear un palimpsesto, que es para mí, algo difícil de asimilar –aclaración: el físico había sido silenciado ya, por un anterior libro alrededor de Copérnico; quería por eso, volver a hablar…).

Sobre la noción de que lo que Galilei deseaba no era tanto, posicionarse con relación a una teoría prohibida y tomar partido a favor de ella, aportando argumentos y una sistematización de viejas ideas que eran sabidas, sino “sponsorearse”, promocionarse, “markitinearse” a sí mismo, gesto que era relativamente, común desde los pintores como Leonardo o los escultores como Miguel Ángel, seguimos aquí, lo que destila Arthur Koestler en Los sonámbulos [ http://www.das.uchile.cl/~rmendez/Documents/Arthur%20Koestler%20-%20LOS%20SON%C1MBULOS.pdf (fue autor de una novela acerca del gran Espartaco, pero en nuestra humilde opinión, la que inspiró el film que protagonizó Kirk Douglas y que marcó gran parte de mi infancia y de mi tenue vida, es de mayor vuelo, a pesar de los errores históricos que se apuntaron en desmedro de esa novela –inexactitudes que no consignaremos…)].

Lo que enarbola Arthur, es en una fracción, lo que sustenta lo que anhelamos plantear. Que por ser los científicos, aun los que se dedican a las Ciencias ampulosamente, denominadas “exactas”, influidos por la etapa y hasta por su propio ego, arrancan en innumerables circunstancias, de locuremas, irracionemas, pretensionemas, supersticionemas, mitemas, filosofemas, que son el a priori que están a la base de los despliegues argumentativos, aparentemente, del todo racionales y razonables.

El otro concepto, proviene de antiguos intercambios con Romina en algunas de las entrevistas que me efectuó y de lo que recientemente, se publicó sobre Émile, después que la brillante Roudinesco difundiera su Lacan. Frente a todo y contra todos. La obra es de un Psiquiatra y Psicoanalista porteño, que se titula La novela de Lacan y que se presentó en un programa de la “tv pública”, que es más bien, kirchnerista, que es muy desigual y que fue bautizado de la Otra trama (http://www.tvpublica.com.ar/articulo/dibujar-a-pessoa/).

Tal cual se podría esgrimir que insiste una “novelaMarx”, podría enunciarse que existe una “novelaGalileo”, en particular, cuando Galilei se esforzó para que, de acuerdo a Koestler, lograse notoriedad a costa de poner en riesgo su propia vida ante la Inquisición.

En definitiva, que no son las buenas pasiones las que están detrás del accionar científico, sino lo que Galileo reveló cuando buscó desafiar conscientemente, a la Iglesia papista, al poder del Papa y a la Inquisición: fama, gloria, Reconocimiento, fortuna y viajes.

A esto mismo, lo hemos observado en Darwin y cuando lo demostramos, no hicimos sino irritar a los darvinistas, con una verdad en el sentido lacaniano, que les era insoportable, porque habían efectuado de Sir Charles, una novela inmaculada o un cuento infantil que no se podía estropear [por ello es que me esmeré en difundir respecto a Marx o a Derrida, a quienes tanto aprecio…, los que los volvía miserables (ir a comentario en http://www.salta21.com/La-hija-de-Marx.html), porque la “novela Marx” que cincelé en soledad y melancolía, no aspira a hacer de Karl un ser perfecto, no afectado por las miserias humanas que nos tornan humanos, demasiado humanos y que nos hacen susceptibles de ser impactados por los poderes, por el amor al poder o por el deseo de ejercerlo (todos o casi todos, incluyéndome, por descontado –psicoanalíticamente, hablando, ¿por qué me preocuparía y ocuparía de volver una y otra vez, acerca de lo autoritario, de lo déspota, del actuar de los Amos, de lo que nos inclina al Lado Oscuro de los poderes, si no es a raíz de que yo mismo acuno esa verdad lacaniana en mí…?). Tendría que ser un ex hombre, alguien demasiado fuerte para huir o fugar del deseo de poder, de no aplicarlo nunca contra nadie, y no lo soy (que mujeres y varones podamos alcanzar ese ideal alguna vez, a partir de una rebelión hermosa, utópica hasta la locura, acaso sea factible, pero ignoramos si aún entonces, sería posible lo imposible).

Lo cierto es que con relación a Darwin, enuncié que no se habría preocupado en esparcir su Origen de las especies pronto, si no se hubiese enterado de casualidad que un joven científico, iba a publicar en líneas generales, la noción de la evolución –picar en http://www.eumed.net/rev/cccss/13/eal.htm. Sir Charles se condujo, no por honestidad y con honestidad científicas, sino por el anhelo de obtener, de conseguir, un lugar en la Historia de las Ciencias. Actuó como se sabe, porque quiso un Nombre de Padre para sí mismo, tal cual lo deseó Lacan; ser el Padre de una refundición del Psicoanálisis que era de Freud (Roudinesco documenta ese anhelo de Jacques-Marie de querer ser Lacan…).

Irracionemas en la racionalidad argumentativa

Ignoro en 2014, cómo funcionan y a qué escala. Si siempre; si son un núcleo que no se puede eliminar en el ejercicio de las ciencias, entre otros temas. Lo que conozco por el momento, es que en métodos de producción en los que se diseminan los poderes, tales irracionemas no pueden ser anulados en el argumentar científico. Eso no es bueno ni malo, o justo o injusto, o ético o sin moral. Es; como, para algunos, la Muerte.

Así que mi irracionema es que creo que en lo más íntimo de lo racional, se ponen en ejecución potencias que no son del orden de las demostraciones y que alimentan las teorías. Son la “energía” de sostienen las hipótesis, al menos, cuando son formuladas. Puede que con el tiempo, no importe que Galileo, Darwin, Marx, Émile, Derrida, excepto en casos como el de Heidegger…, fuesen empujados por supersticionemas, pero en una deconstrucción que deseara no caer en una novela perfecta, habría que explicitar los chiflademas que actúan a espalda de los que esculpen conceptos. Habría que intentarlo.

Con Galilei, el asunto es que por su ego, quiso sponsorearse con una declaración pública que puso en riesgo su existencia, pero no por amor a la verdad, en un aspecto no émiliano, sino por deseo de poder, tal cual lo explicitó Nietzsche.

Galileo tuvo un amor a la verdad, en el sentido lacaniano, que era que, por más que no supiera por qué se enfrentó a la Inquisición, deseó hacerlo para lograr fama, gloria, fortuna, poderes y un patronímico, un nombre por la historia y en la Historia. Ésa fue su verdad, de la que no quería saber nada.

No puedo demostrar en una nota periodística, lo que sostengo temerariamente. Ruego que se me permita la licencia de apelar a lo que nos confiesa el epígrafe.

Con ayuda de los instrumentos que uso, que son la Semiótica, el Análisis del Discurso, el Psicoanálisis, la lectura sintomal de lo que se dice, la Semántica y el deconstructivismo, procedamos.

Salviati anhela, primero, domesticar una mente. Aquí detectamos un irracionema, porque para una argumentación, no se precisa de domesticar o someter nada ni a nadie, y menos, aspirar al poder de amaestrar un cerebro.

Continúa que con esos poderes que se arroga a sí mismo Galilei, por su identificación con Salviati, hará declarar o confesar que su punto de vista es correcto. Otro chifladema.

Una demostración de acuerdo a argumentos, no necesita del irracionema de pretender doblegar al otro para que declare que su perspectiva es exacta. Bastaría o debiera alcanzar, con la suficiencia de la demostración. Pero no; en las ciencias no es de esta guisa. Los científicos requieren que se Reconozca, en el aspecto psicoanalítico, que sus silogismos son verdaderos. Es una de las causas, en el sentido lacaniano, de que exista la Comunidad Científica, que es una Cofradía de Censores y que efectivamente, censuran, con los referatos y amparados por el anonimato de los arbitrajes.

Remata y asesina Galileo, con que hará su argumentación a “viva fuerza”, con todo el poder de la ciencia. Por ello, es que Foucault se preguntaba qué deseo se ocultaba en aquellos que, como los leninistas con Karl, querían transformar un saber en Ciencia: ¿a quiénes o a qué, se pretende excluir? ¿Por qué se anhela disfrazar el ejercicio insidioso de los poderes, con la “blancura” de lo científico? (ver Genealogía del racismo).

Sagredo delata que esa vanidad en Salviati, es una jactancia que, sin embargo, la quiere apreciar.

El último irracionema y es el colmo de ellos. Galilei articula implícitamente, que lo que profiere es una vanidad por ser una jactancia, pero a pesar de eso y por ello, continuará. Seguirá siendo científico. Por vanidad y jactancia.

De ahí que cierto Marx, desconfiara, como Wilhelm Nietzsche, de las Ciencias y de los científicos, porque no son sino otro poder y actúan buscando ampliar sus poderes, recostándose en el regazo de los Amos.

Shakespeare, ese escritor inmortal, dijo en Ricardo III, que los que anhelan con su infamia y la mala educación de ejercer el poder, triturar al otro, quieren que
“… el (planeta sea rellenado) … con cadáveres …” Tercer Acto, Escena IV.

En otro momento, enuncia:

“…¡Oh (los poderes;) efímera gracia de los mortales! … ¡El que edifica su esperanza en el aire de (tus) … (sonrisas), vive como el ebrio marinero encaramado a un mástil, presto a (que) cada sacudón … (lo derrumbe) … !” Locura necia, podríamos añadir al lado de Rimbaud.

“… (Serás) … un servidor del poder, desfigurado y sin voluntad … Quizá, con tu ayuda … los hombres (comprarán) lo que no necesitan, (odiarán) lo que (ignoran, aceptarán) lo que los hace sumisos o (dudarán) de lo que podría (emanciparlos) … Con … las (fantasías) se harán grandes negocios … , se declararán guerras, se fundarán imperios …”

Ende, Michael (Febrero de 2008): La historia interminable, en http://ebookbrowsee.net/ende-michael-la-historia-interminable-pdf-d539371249. Enero de 2014, p. 103 (La historia sin fin, es mejor que el libro, en incontables vértices –http://www.youtube.com/watch?v=4_awipvwnMw).

Y con Jackie Eliyah, podríamos sin poder, concluir que hay quienes se congratulan con la potestad o el

“… placer psíquico (de) hacer sufrir por sufrir … (; de) hacer el mal por el (gusto del) mal …”, al que es otro, otro –http://www.jacquesderrida.com.ar/textos/estados.htm. Al que está enfermo, al que es débil, al que es solitario, al que se le coartaron todas las probabilidades de defensa. Al náufrago, a los exiliados (de la vida y de la muerte, delavidamuerte, de vida y muerte, de la vidalamuerte –perjudicando, dañando, murmurando, anatemizando, destruyendo, acosando, juzgando, insultando, aplastando, no perdonando, sentenciando, acusando, difamando, ninguneando a los otros, a los que son alteridades inabarcables, radicales, desbordantes).

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