La hegemonía conservadora

Hoy el planeta es conservador con una leve innovación: la derecha aplica cirugía mayor, no anda con medias tintas. Ataca el hueso de los valores humanitarios, en la cima de la insensibilidad.

Sus gestos y actitudes son pétreos y no reparan consecuencias, en esa cotidiana convicción de que “los pobres se tomaron en serio el alcance de la igualdad”, creyendo (como el dogma peronista y cristiano lo enseñan) que los seres humanos accedemos a los mismos derechos y obligaciones. ¡Minga! Desde que el mundo es mundo, se instalaron las diferencias sociales y la Historia es, inescindiblemente, la lucha de unos por equiparar igualdades con otros. Nuestra generación creció con discriminaciones profundísimas, por ej. en mi infancia (allá por el 1960) en adelante nos educaban en la Escuela y luego en el secundario y de ahí para arriba con profundas segregaciones antisemitas. Era algo institucional y endémico. Curiosamente, hoy tengo inapreciables amigos judíos que quiero y comparto; más aún, mi yerno es un tipazo judío.

De ahí para adelante, nuestra cultura, fue abrevando un listado inagotable de prejuicios raciales, sobre todo con nuestros hermanos fronterizos (que ellos también lo ejercitan con nosotros), reforzados en los Medios masivos de comunicación (con sus sucesivas operaciones distractivas). Pero, inobjetablemente, el fenómeno es universal. Me tocó vivirlo en carne propia en algunos circunstanciales viajes de placer y, cual no fue mi sorpresa, que en la mismísima Cuba, país socialista si los hay, el racismo a los negros es indisimulable, al extremo de que en los Hoteles de la cadena turística, se evita el trabajador negro.

Otro tanto largo es la elaboración de las diversidades sexuales, toda vez que uno se crió en el supuesto, muy a pesar de S. Freud, que la única sexualidad posible era la heterosexualidad, hoy la batalla cultural de las pluralidades, ha ganado mucho espacio en la convicción social y en la convivencia general. Los ejemplos están y estarán por los siglos de los siglos, porque es una lucha humana intrínseca, en donde las instituciones (Escuelas y demás) no pueden bajar la guardia un segundo, y esto requiere un presupuesto mayor y constante en los planes educativos. Cada lector podrá agregar su particular experiencia.

La nueva estrategia

Está en el manejo de los tiempos. La estrategia del shock blando sugerido (en su momento) por Naomi Klein, ya es prehistórico. Klein anticipó que en los momentos de mayor crisis, el poder político y el económico aprovechan para asestar los golpes más duros. Las corporaciones buscan una especie de conquista del alma.

La tesis es que en los momentos de mayor crisis, el poder político y económico aprovecha para asestar los golpes más duros, eliminando derechos y avances sociales que se daban por consolidados. Su tesis es que el sistema crece destruyendo las bases materiales que sostienen la vida. Los Estados conservadores aprovechan las crisis para crecer y expandir su poder apelando a las circunstancias extraordinarias (guerras, epidemias, depresiones, terrorismo, problemas migratorios...) que, una vez desaparecen, no motivan una reversión de tales intervenciones de carácter supuestamente extraordinario (es lo que se conoce como "efecto trinquete").

Precisamente, el ejercicio del poder actual es que actúa por encima de la capacidad de reacción del hombre común, que lo votó y lo apoya, sostenido en una gigantesca ingenuidad cívica: “hay que darle tiempo…”, atrapada en una ensoñación hipnótica de credulidad inconmensurable.

El grueso de ese 51,…. % que lo votó, guarda sicóticamente una reprimida esperanza de que la realidad va a cambiar y de que no puede ser tanta maldad “planificada” para la destrucción. El lenguaje hermético de la propaganda política sostenido, hace milagros en la esperanza y candidez de la mayoría expectante, que la destrucción (endeudamiento-tarifazos-costo inalcanzable de la vida) no es cierta y la nave- País, se va a enderezar antes de sucumbir a la inevitable catástrofe económico-social. Como la mayoría no nos manejamos con principios de teoría política, la inocencia no tiene límites.

Los funcionales

En este inexorable desmoronamiento, los traidores juegan un papel fundamental, porque en un mínimo reducto tienen sus escuchas y seguidores. Son esos políticos definidos tradicionalmente como “panqueques”. A la cabeza, desde el arranque, los Radicales conservadores que refrendaron con su compañía el fraude electoral. A continuación, los vehementes operadores, que inventan, una tras otra, difamaciones y mentiras sobre los líderes populares; pegados a la saga, los peronistas “desleales”, atados con fijador a un cargo y candidatura. Históricamente, la izquierda tradicional, que no sabe valorar la alegría popular y usufructúan el conflicto social (la angustia social) para conservar su quiosquito.

En un gobierno democrático y popular, la izquierda sucumbe, porque se alimentan del dolor del pueblo para cimentar sus acciones y sostener su discurso. Frases más frases menos, el discurso de estos fragmentos políticos es semejante y los une la tirria que le produce la felicidad del pueblo, no la soportan porque son inmensamente funcionales a la tristeza del pueblo.