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La guerra del litio: extracción en Argentina, Bolivia y Chile

Martes 7 de febrero de 2017

Los ojos (y las fauces) del mercado se relamen por la “Arabia Saudita blanca”, el territorio que entre Argentina, Bolivia y Chile acumula el 80% del litio del planeta, la alternativa a los hidrocarburos que encabeza el cambio de matriz energética. La lucha por los recursos naturales, el derecho ancestral y los posibles reveses del Plan Belgrano.

Sed de sal

Los ojos (y las fauces) del mercado se relamen por la “Arabia Saudita blanca”, el territorio que entre Argentina, Bolivia y Chile acumula el 80% del litio del planeta, la alternativa a los hidrocarburos que encabeza el cambio de matriz energética. La lucha por los recursos naturales, el derecho ancestral y los posibles reveses del Plan Belgrano.

El territorio de las empresas trasnacionales se ajusta a los límites de su única patria: el dinero. Sudamérica bien lo sabe. Primero fue el oro, la plata y otros metales; luego sus bosques y en particular el caucho. Ahora, esos desiertos blancos del continente aparentemente áridos e insignificantes parecen desfilar inexorablemente hacia las fauces del mercado. O en el mejor de los casos, hacia una minería “progresista” donde el Estado tome alguna iniciativa o recupere algo por la entrega de sus recursos naturales. ¿Pero cuidar el medio ambiente de hidrocarburos no requiere sacrificar de algún modo otros recursos? ¿Se puede dar la espalda al futuro si se plantea dar un salto en calidad tecnológica?

La sal tuvo diversos usos según las épocas, y en particular en el continente sudamericano algunas comunidades hicieron de esos suelos su lugar, utilizando el mineral durante siglos, celebrando fiestas y enterrando allí a sus muertos. Pero hace pocos años la historia y los paisajes salinos entraron en alerta a causa del litio, uno de sus componentes cuya capacidad para almacenar energía lo ha vuelto sustancial en el negocio de los dispositivos inalámbricos (computadoras, cámaras digitales, teléfonos móviles) y ahora de las automotrices.

Desde entonces, la industria nombra al “oro blanco” como uno de los reemplazos naturales de los hidrocarburos, y la fiebre crece a diario por conquistar la “Arabia Saudita salina”, un triángulo formado por el sur de Bolivia y el norte de Argentina y Chile, donde se alberga más del 80% del litio del planeta.

Una lucha desigual

Muchos de los más de 20 salares de Argentina, el gran desierto de Atacama chileno y sobre todo Uyuni, el mar blanco boliviano que ostenta 10.582 km² (superficie mayor a Puerto Rico y similar a Jamaica), son bien conocidos por el turismo internacional que ha hecho de esos suelos verdaderos escenarios fotográficos. Y pese a ser muchas veces invasivo, y hasta dañino, el turismo promovió en pueblos ligados a salinas un intercambio provechoso. Generó empleo al multiplicar las visitas guiadas, las propuestas de hospedaje y gastronomía a toda hora, desde lo básico a lo lujoso.

Asimismo, concientizó a muchos de la fragilidad de estos suelos, de la importancia de su cuidado y el respeto por los pueblos que lo habitaron desde siempre. La llegada de más gente trajo aparejado además un aspecto simbólico determinante: la visibilidad. Poco a poco, las problemáticas de los pueblos cercanos, desde la falta de agua a los conflictos asociados al uso y abuso de la tierra, logró entrar en la agenda de los medios masivos, se replicó por redes sociales y puede considerarse un tema a resolver por varios gobiernos. Claro, todo eso mientras los grandes jugadores no estaban aún en la partida. Hace ya un par de años algunos expertos en energía anunciaron que dentro de 50 años las reservas de petróleo estarán dando penas, y entonces la capacidad de almacenamiento que posee el litio (presente en los salares), se establece como una fuente alternativa de energía.

Así la fiebre por la sal crece a diario, y varias compañías mineras y automotrices trasnacionales comenzaron a desembarcar frente a gobiernos provinciales que avanzan en concesiones de explotación, ante la mirada de algunos pueblos pasivos y otros como el kolla de Jujuy, que presentó una medida cautelar ante la Corte Suprema de Justicia pidiendo que se respeten sus derechos vigentes. “La minería del litio forma parte del modelo de extracción de recursos naturales, aunque a diferencia de la metalífera de gran escala, no comparte la voladura de montañas ni el uso masivo de explosivos y cianuro. Pero sí, el uso desmedido de agua en una región de extrema sequía”, asegura Darío Aranda, periodista especializado en pueblos originarios. Además de la belleza paisajística y la riqueza mineral, muchos de estos sitios son sagrados para las comunidades, y temen (no sin razón) estar librando una batalla desigual.

Chantaje

Desde que las automotrices amenazan con revolucionarlo todo, la voracidad de empresas multinacionales crece sin pausa: a los grandes fabricantes como Renault-Nissan y Tesla, se suman pesos pesados como Apple, Google o Faraday Future, con deseos de controlar la producción del litio para sus autos eléctricos: “Para producir 500.000 vehículos al año, necesitamos absorber toda la producción de litio del mundo”, dijo sin tapujos el empresario Elon Musk, referente de Tesla. Para el analista internacional Atilio Borón no hay cabos sueltos en todo esto, y en una presentación en La Rioja fue contundente: el Plan Belgrano que impulsa el gobierno argentino de Mauricio Macri revela los intereses de las potencias en la región, dice. “Ese plan forma parte de una iniciativa de Estados Unidos para apropiarse de una manera definitiva de los recursos naturales de Sudamérica y, especialmente, de esta parte del continente. El noroeste es una región muy rica en litio, que para los americanos es considerado uno de los recursos estratégicos del siglo XXI. Si se materializa va a haber una fuerte presencia militar y de agencias norteamericanas en la región y, probablemente, se avance en la instalación de una base militar en la Triple Frontera, donde se encuentra el Acuífero Guaraní, una de las mayores reservas de agua dulce del planeta”.

Anunciado como un programa de desarrollo social, productivo y de infraestructura para Salta, Jujuy, Tucumán, La Rioja, Catamarca, Misiones, Corrientes, Chaco, Formosa y Santiago del Estero, el Plan Belgrano es discutido por otros especialistas en geopolítica que pretenden saber a cambio de qué llegarán las “ambiciosas inversiones” anunciadas. Son pocos los que creen que los acuerdos entre Macri y Barak Obama se limitan a “combatir al terrorismo”, y que el trabajo conjunto con agencias norteamericanas como la DEA, daría a Estados Unidos demasiada injerencia sobre el noroeste argentino y la frontera con Bolivia.

Justamente el país de Evo Morales concentra la mitad de las reservas mundiales de litio, y allí las empresas extranjeras han visto frustrados todos sus intentos de instalar el modelo extractivista. Morales puso en marcha un plan de industrialización soberana de los recursos que contempla la producción de carbonato de litio y cloruro de potasio, y la producción de baterías de ion-litio. Hasta 2019, el Estado boliviano prevé invertir más de 900 millones de dólares para explotar 400 k2 de Uyuni. “Con esa explotación e industrialización tenemos para mantenernos cien años”, sostuvo el presidente aymara, que no dejó pasar la oportunidad de aclarar “el chantaje” de los países centrales a los que sólo les interesa comprar materia prima “pero no desean transferir conocimientos y la tecnología para su industrialización”.

La fiebre

En la edición del 7 de junio de diario Contexto (www.diariocontexto.com.ar) el analista Fernando López detalla: “El 70% del mercado mundial del litio es manejado por tres compañías, dos de ellas estadounidenses: 33% Albemarle Corporation –propietaria del 100% de Rockwood Lithium y el 49% de Talison Lithium– y 12% FMC Corporation. Mientras que la Sociedad Química y Minera de Chile (SQM), empresa pública privatizada desde la dictadura de Augusto Pinochet, ostenta el 25% restante”.

Según publica el portal chileno El Dinamo (www.eldinamo.cl) SQM fue criticada por la “desmedida extracción de agua” que pondría en riesgo el Salar de Atacama y sus flamencos.

Estás denuncias se suman a las irregularidades que rodean a la firma por supuesto financiamiento de campañas políticas. En el mismo portal Alonso Barros, científico de la Universidad de Cambridge e investigador senior de la Fundación Desierto de Atacama, explicó que la firma “está extrayendo 7.500 litros por segundo, cuando la recarga del salar de Atacama es de 3.000”, cifra que la empresa desmintió por completo.

En Argentina, grandes compañías se desvelan por sus cuencas salinas y las principales explotaciones de litio –exportadas a Estados Unidos y China– están bajo control de FMC, la transnacional establecida durante el menemismo y que funciona a través de su filial local, Minera del Altiplano S.A. “En febrero de este año, FMC fue una de las empresas beneficiadas por la eliminación de las retenciones mineras, pero el Plan Belgrano le abre posibilidades ilimitadas, ya que ahora también están en juego otros salares importantes en Jujuy, donde operan Orocobre Limited, Toyota Tsusho, Lithium Americas y SQM; y en Salta, donde hay proyectos en marcha con Eramine y Lithium X Energy Corp”, amplía Fernando López.

El gobernador jujeño Gerardo Morales dijo abiertamente que en los próximos años se liberarán más zonas de extracción de litio en Jujuy. “Nosotros no comemos batería. Si se llevan el agua, se va la vida”, dice el cartel de una indígena de las 33 comunidades que se organizaron en la Mesa de Pueblos Originarios de la Cuenca de Guayatayoc y Salinas Grandes y que se viralizó en las redes. Juntos, iniciaron campañas informativas, marchas a las capitales, cortes de rutas y acciones legales para que se respeten los derechos vigentes. “La producción artesanal de sal está repleta de ritualidades, de secretos que reproducen una cultura con modos que definen una identidad cultural preexistente al Estado”, explica una vez más Aranda, respecto de la relocalización de casas y corrales a la que es sometida la población que pierde su lugar de ofrenda a la Pachamama. Y da un ejemplo clarísimo que los propios pobladores sostienen: “Es como mudar la Catedral porteña o la Basílica de Luján porque encontraron petróleo debajo”.

- Texto y fotos: Pablo Donadio

- Revista Matices

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