Tal vez jugó el lugar donde me encontraba, pero por momentos hubiera preferido menor volumen orquestal para lucir al invitado, muy aplaudido por cierto. La orquestación que casi cincuenta años después hizo Ravel, es uno de los milagros de la música occidental.
Salta, Jueves 17 de marzo de 2011. Teatro Provincial. Solista: José Luis Juri (piano). Orquesta Sinfónica de Salta. Director Titular Mº Enrique Roel. Los Preludios: poema sinfónico nº 3 y Concierto para piano y orquesta nº 2 en La mayor (Franz Liszt 1811-1886). Cuadros de una Exposición (Modesto Mussorgsky 1839-1881) en orquestación de Maurice Ravel. Aforo 90%.
El maestro Roel eligió para comenzar este décimo año de la orquesta sinfónica local, dos obras de un gran romántico: Franz Liszt. Primero “Los Preludios” que en principio hablaba de los cuatro elementos de la vida pero que el autor rehizo basado en unos versos de Lamartine que hablan del amor, el destino, la campiña y la guerra. Es el preferido de los trece poemas sinfónicos escritos por Liszt en una partitura muy apreciada por el público y por los ejecutantes. No ofrece dificultades extremas, pero sí exige sutilezas que a veces no aparecieron como por ejemplo el particular sabor de las intensidades no obstante lo cual, la interpretación fue, cuando menos vibrante, de gran fuerza basada en una potente orquestación.
Luego vino el sólido pianista que es José Luis Juri que se llevó bien con el director. El solista es casi un virtuoso en la figuraciones rápidas y al mismo tiempo hace gala de lo que, para mí, es un deliberado amaneramiento en los pasajes lentos. Sus breves diálogos con el primer violonchelo de la orquesta, Andriy Chornyy, fueron de antología. El inicio de la obra es justamente el leit- motiv a cargo de la orquesta y a partir de allí, sin solución de continuidad, todo el concierto que desde cualquier punto de vista es más atractivo que el primero del autor. Tal vez jugó el lugar donde me encontraba, pero por momentos hubiera preferido menor volumen orquestal para lucir al invitado, muy aplaudido por cierto. Tanto que entregó con inocultable lirismo, esa belleza infinita que es el “Claro de Luna” de la Suite Bergamasca de Claude Debussy.
“Cuadros de una Exposición” escrita originalmente para piano por el ruso Mussorgsky que dibuja musicalmente algunas obras de su amigo pintor, el arquitecto Victor Hartman es siempre un desafío por sus descripciones unidas por el llamado “paseo”. Pero ¿saben? La orquestación que casi cincuenta años después hizo Ravel, es uno de los milagros de la música occidental. Desde el tema inicial de ese paseo a cargo del excelente Rubén Albano (trompeta) que también se luce haciendo el Schmuyle (el judío pobre que gime su miseria) pasa por diferentes momentos, cada uno con su particular atractivo. Notable el solo de saxo de “Il Vecchio Castello” por la saxofonista invitada María Noel Luzardo y con alguna imperfección de poca monta que no quitó aprobación, en el otro solista invitado Luis Fernando Sánchez con el fliscorno barítono durante el “Bydlo”, el carro polaco. Es digno de mencionar que la orquesta supera con arte algunos problemas administrativos que en parte conozco y que merecen atención por quien corresponda.

