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La Orquesta Sinfónica y una distinción del gobierno

Sábado 29 de octubre de 2016, por José Mario Carrer

El concierto para flauta y corno inglés, combina con gran habilidad la línea melódica de las excelentes solistas –integrantes de la orquesta- Paula Daffra (corno ingles) y Marina Tiburcio (flauta) con la estructura armónica del contrapuntístico estilo del grupo orquestal.

Salta, Jueves 27 de octubre de 2016. Basílica Menor San Francisco. Solistas Paula Daffra (corno ingles) y Marina Tiburcio (flauta). Orquesta Sinfónica de Salta. Director Maestra Yeny Delgado. Doble concierto para flauta, corno inglés y orquesta de Georg Friedrich Händel (1685-1759). Adagio para corno ingles y grupo de cámara K.580 y Sinfonía nº 36 en do mayor K.425 “Linz” ambos de Wofgang Amadeus Mozart 1756-1791). Aforo 100%.

Händel fue la gloria del barroco inglés que tiene diferencias sustanciales con el adornado barroco italiano y el riguroso y formal barroco alemán. Diría que se encuentra a mitad de camino. El concierto para flauta y corno inglés, combina con gran habilidad la línea melódica de las excelentes solistas –integrantes de la orquesta- Paula Daffra (corno ingles) y Marina Tiburcio (flauta) con la estructura armónica del contrapuntístico estilo del grupo orquestal. La solvencia de ambas no hace más que ratificar sus respectivas calidades musicales. Previo a este dúo, se escuchó un breve “adagio” del compositor de Salzburgo, el irrepetible W.A.Mozart que usando un tema levemente parecido a su famoso Ave Verum, compone una combinación a cargo de la nombrada Paula Daffra que mantuvo un exquisito diálogo con el pequeño “ripieno” que la acompañó.

La sinfonía nº 36 denominada “Linz”, nombre de la ciudad austríaca que se encuentra a mitad de camino entre Viena y Salzburgo, tiene tres particularidades que la distinguen de anteriores y posteriores de Mozart. La compuso en no más de siete días como homenaje a la ciudad que lo alojaba en viaje de regreso desde Salzburgo donde sus parientes no dieron buena acogida a su mujer Constance Weber. Es la primera del último grupo de sinfonías con las cuales el compositor dejaba un legado sinfónico para todos los tiempos. Demostraba a todos el inocultable éxito que su música provocaba en el público. Textura prolija, fuentes melódicas por doquier, una instrumentación importante propia de la última sonoridad mozartiana. Yeny Delgado ofreció una versión límpida, fresca a partir de un lento inicio, un “adagio” gentil, inspirado, que cierra en un “allegro” sorpresivo; luego un atractivo “minué” para finalizar con un lujoso “presto”. La orquesta la conoce muy bien y aceptó de muy buen grado, la visión estética de la conductora que acaba de regresar del simposio para mujeres directoras llevado a cabo en San Pablo (Brasil) donde fue elogiada por sus pares.

El final fue todo un mensaje para el público salteño. No solo había autoridades, señores Ministros, Secretarios de Estado sino que estaba el propio Gobernador Dr. Juan Manuel Urtubey que entregó una magnífica placa relativa a los primeros quince años de la Orquesta Sinfónica de Salta. En este punto recordé cuando fui invitado al cierre del año lectivo del Conservatorio de Música de Mónaco con la actuación de la orquesta del principado. Cuando el director de la institución se dirigió al público presente, lo hizo también al príncipe Alberto del cual nadie se había percatado. Estaba en el acto y escuchó todo el concierto. No sé si él gusta de la música académica pero su presencia se interpretaba “yo estoy aquí porque la tarea del Conservatorio y la de nuestra orquesta es política de Estado”. Tuve la misma sensación cuando vi a las autoridades que con su presencia decían lo mismo.

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