La Iglesia Católica les niega la comunión a los divorciados pero no a los represores. Combate el matrimonio gay y protege a los pedófilos con sotana. Se opone a las leyes de salud reproductiva y condena a morir a 2.000 mujeres por año en abortos clandestinos.
Este panorama que muestra el último número de Veintitrés ya lo venimos reflejando en varias notas de Salta 21. Claro que nosotros no apuntamos a Jorge Bergoglio, un bebé de pecho al lado de Mario Cargnello, quien siempre guardó silencio ante las torturas en las comisarías de Salta, lanzó una campaña siniestra contra los travestis salteños y mandó a chicos de colegios privados a la Legislatura a rezar toda la noche contra la salud reproductiva.
Un amigo -y ex colaborador- católico practicante él, nos acusó de "anticatólicos" y anunció que nunca más escribirá para Salta 21 ni leerá el sitio. "¿Cómo van a decir que el papa es nazi?, ¡esto es el colmo!", protestó.
Comprendemos su molestia, pero en primer lugar no somos anticatólicos sino católicos -aunque sea para la estadística- porque aún no fuimos excomulgados ni nos "desbautizamos". Y si se mira bien cualquiera puede ver lo que nosotros vemos.
Además, hay que hacer un simple esfuerzo democrático para entender nuestra crítica a los jerarcas de la Iglesia: ¿cómo se puede sentir un pobre cuando ve la opulencia en la que ellos viven? ¿cómo se puede sentir un judío, un gay, un agnóstico cuando ellos tienen arranques fascistas en los que identifican la argentinidad con el catolicismo militante, la heterosexualidad y la hispanidad?
Pero claro, si lo dice un sitio alternativo del interior tal vez sea cosa de dos o tres loquitos subversivos. Ahora, si es nota de tapa en la segunda revista de interés general del país, entonces quizá sea una cuestión sobre la que deberíamos sentarnos a pensar un segundo.
Es que el copete de tapa de Veintitrés es tan contundente que les va a costar mucho refutarlo. Porque se trata de hechos, no de teorías, hipótesis o interpretación subjetiva:
"Les niega la comunión a los divorciados pero no a los represores. Combate el matrimonio gay y protege a los pedófilos con sotana. Se opone a las leyes de salud reproductiva y condena a morir a 2.000 mujeres por año en abortos clandestinos. Y cuando tiene la oportunidad histórica de repudiar a un cura torturador, le permite seguir dando misa. Radiografía de una institución a contramano que en las últimas tres décadas perdió el 20% de los fieles".
Veintitrés cuenta cómo vive el sacerdote Christian Von Wernich en la cárcel, mirando televisión, lanzando proclamas difundidas por sitios de ultraderecha en la red y amparado por un fresco de la Virgen de Luján. Preso y condenado por haber participado en siete asesinatos, 41 secuestros y 31 casos de tortura, Von Wernich todavía puede dar misa.
La revista porteña marca contradicciones profundas que ponen de manifiesto la hipocresía de la Iglesia:
Los divorciados no pueden comulgar pero asesinos y torturadores sí.
Desde el púlpito se lanzan cruzadas contra la educación sexual y la salud reproductiva mientras 2.000 mujeres mueren por año en el país por abortos clandestinos.
El Vaticano suspendió a un cura español que reconoció que mantiene una relación homosexual pero sostiene con una jubilación de privilegio de 7 mil pesos al obispo santafesino Edgardo Storni, procesado por "abuso sexual agravado".
El cura riojano Delfor "Pocho" Brizuela tuvo que renunciar como sacerdote porque se enamoró de Nicéfora Maldonado, pero la Iglesia encubrió al obispo de Chicago John Patrick Cody investigado por estafas con fondos provenientes de Roma girados a la cuenta de su amante.
Para la Iglesia la muerte del obispo riojano Enrique Angelelli -de la que hay indicios que se trató de un crimen perpetrado por paramilitares- fue un "accidente". Angelelli era un crítico tenaz de los abusos del estado represor y de la inacción de la Iglesia durante la dictadura. Por el contrario, Christian Von Wernich, criminal de lesa humanidad, es protegido por Bergoglio y sigue siendo un sacerdote católico que puede dar misa.
Jorge Bergoglio -que estuvo a punto de ser papa- dice que "La Argentina es de Jesús" y pretende gobernar el país como si estuviéramos en la Edad Media. Sin embargo la realidad indica que de 35 millones de bautizados sólo 2 millones asiste regularmente a misa.
Pero aunque el 90 por ciento de la población fuera católica practicante ¿acaso por eso debemos considerar que un judío, un budista, un wichi, un gay o un agnóstico no son argentinos?
NdR: La imagen del cristo crucificado sobre el bombardero yanqui es obra del artista plástico argentino León Ferrari.
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