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Se fue un 24 de julio en el hospital Ramos Mejía de Buenos Aires

Hugo Luis Saccoccia 1950 – 2011

Sábado 30 de julio de 2011

Saccoccia, cordobés, por nacimiento se afincó desde los años 80 en la ciudad de Zapala, Neuquén, fue mago (prestidigitador) con el seudónimo Mago Mao, dicen que nunca quiso explicar el motivo de la elección de ese nombre, y Juez de menores.

El crítico Carlos Pacheco, en La Nación, firmó una nota en ocasión del estreno de “Las González”, pieza que sube a escena en el Teatro del Pueblo, con dirección de Néstor Romero y las actuaciones de Catalina Speroni, Ana María Castel, Cecilia Cenci y Angela Ragno. Allí destacaba una frase del autor de la pieza, Hugo Saccoccia, quien decía: “La vida de un hombre no alcanza para admirar a la mujer, y harían falta varias vidas para comprenderla en su cabal dimensión".

Saccoccia, cordobés, por nacimiento se afincó desde los años 80 en la ciudad de Zapala, Neuquén, fue mago (prestidigitador) con el seudónimo Mago Mao, dicen que nunca quiso explicar el motivo de la elección de ese nombre, y Juez de menores. Además, creó un proyecto individual que comenzó casi como un juego y hoy es de vital importancia para buena parte de la comunidad teatral del país: la Biblioteca Hueney; y era un anfitrión maravilloso.

Ante su muerte, así se expresó Tito Cossa:

“Dicen que en el Hospital Ramos Mejía nunca vieron tal cantidad de personas en el momento en que los médicos dan el parte diario sobre el estado de salud de los enfermos. Era curioso: el enfermo residía a más de 1.500 kilómetros, es decir que, salvo sus dos hijos, no estaban parientes ni amigos. ¿Quiénes eran, entonces, todos esos hombres y mujeres que se agolpaban, esperanzados, a escuchar la palabra de los médicos?

Autores de teatro.

Estaba grave Hugo Saccoccia, el más querido por todos, uno de esos personajes excepcionales que se nos cruza cada tanto en el camino.

Era juez en Zapala, pero su pasión era el teatro. Y escribía. Y era un buen autor. Una de sus obras, “Modelo para armar de madre” es uno de los textos que registra mayor cantidad de puestas en todo el país. “¿Y mi pueblo dónde está?”, “Las González”, fueron textos celebrados.

Pero Hugo, además, fue un generador de espacios solidarios. Hace quince años fundó en Zapala la Biblioteca Hueney, una especie de centro de divulgación de textos teatrales. Hugo recibía obras de autores de todo el país y los reenviaba a los grupos de teatro que le solicitaban textos de determinadas características. Sin costo alguno. O, mejor dicho, con costo de su bolsillo, sobre todo en tiempos en que no existía la Internet.

Además, creó el festival anual de Teatro de Humor que se proyectaba a varias ciudades patagónicas donde se reunían los autores premiados y sus obras eran puestas en escena. Y participaban oficiantes de teatro de todo el país. Y celebraban, con teatro, amistad y vino. Quien haya pasado por ese Festival lo recordará como uno de los momentos más gratos de su vida. Gracias a Hugo.

Hace un tiempo, Hugo que comentó que se iba a jubilar como juez. Le dije que Argentores lo necesitaba, que sería nuestro mejor representante para crear un vínculo con los autores de las provincias. Aceptó y en pocos meses dio vuelta una relación distante gracias a su capacidad de trabajo y a la confianza que despertaba su figura.

Para Argentores, la muerte de Saccoccia es un duro golpe. Va a resultar difícil reemplazar la tarea que realizaba. Y también va a ser duro para el mundo teatral. Pertenecía a esa clase de personas que mejoran la vida de quienes están junto a él, de quienes trabajan con él.

Se nos fue un gran tipo.”

En el encabezamiento de su sentida carta de despedida, el dramaturgo tucumano Carlos María Alsina dijo: El Gran Anfitrión recibió a la vida valorando lo mejor que ella ofrece. Le organizó la alegría, le cocinó (apenas la vio le entregó, por las dudas, un digestivo), eligió las sábanas, controló que nadie la molestara, la despertó con el café listo, le hizo repetir el almuerzo, le ofreció un whisky, cuidó con rigurosa y relajada minuciosidad cada detalle de su estadía…El Gran Anfitrión le ofreció el corazón para que la vida juegue.

- AAA

Parece que quienes consideramos que el teatro es un prodigio debido a las máximas virtudes del ser humano, que excede cualquier presupuesto de “mero entretenimiento”, “vehículo de dogmas”, “pasatiempo suntuario para adinerados” o “simple objeto de recaudación”; para ser la oximorónica e irrefutable prueba de la imprescindibilidad de lo superfluo (como decía Shakesperare en su Rey Lear), conformáramos una tácita cadena de fraternal.

De ser así, este mes de julio de 2011, nos ha hecho perder dos eslabones de esa cadena que estaban forjados con los más nobles de los metales: el Dr. Hugo Luis Sacoccia y el Dr. Osvaldo B. Pelletieri. (Asociación Argentina de Actores)

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