Legislar para la realidad y no para ideales ficticios e hipócritas
El debate mediático, político, moral y social sobre la prostitución se ha instalado en Salta en los últimos días a raíz de la movilización de los vecinos de la calle Rioja contra la oferta callejera de sexo. Armonizar intereses sin ocultar la realidad.
Por algo la llaman "la profesión más antigua del mundo". Tolerada o perseguida, mostrada u oculta, marginal o vip, la prostitución es una realidad que ningún precepto religioso, sistema social u orden político o económico ha logrado erradicar.
Hay posiciones claramente hostiles frente a este fenómeno pero dentro de ellas quizá se puedan mencionar tres como las más paradigmáticas:
1. La moral católica. Combate la prostitución porque la considera un "pecado" en tanto el cuerpo es "templo del espíritu santo". El ideal sexual católico es la reproducción dentro del matrimonio o -mejor aún- la ausencia total de sexo (celibato sacerdotal, devoción a la virginidad de María).
2. El ideal socialista. Ve a la prostitución como una forma más de explotación capitalista que es necesario erradicar. Nadie se prostituye por gusto sino que lo hace por necesidad, ya que se encuentra en una situación de desventaja socioeconómica que lo lleva a ofrecer sexo por dinero. En una sociedad sin miseria y marginación no habría prostitución.
3. Higiene sexual. La prostitución implica promiscuidad y por ende es una práctica negativa desde el punto de vista médico, ya que es una vía para la propagación de enfermedades como sida, sífilis, gonorrea, herpes, entre otras.
Pero hay otras posiciones claramente favorables a la prostitución:
1. La prostitución sagrada. Algunos pueblos de la antigüedad asociaron el orgasmo con el contacto con la divinidad. Había sacerdotisas en los templos que en una suerte de trance místico llevaban a los acólitos a un disfrute sexual que los elevaba al plano de los dioses.
2. La libertad individual. El estado no debe regular ni obstaculizar la actividad del individuo en su plano más íntimo -el sexual- donde el acuerdo -incluso económico- para las prácticas sexuales entre adultos es parte de su libertad.
3. Higiene social. Hay quienes consideran que prohibir u obstaculizar el fenómeno de la prostitución genera en la sociedad una tensión que se canaliza en forma negativa a través de agresividad, violencia, abuso sexual, acoso y violaciones.
Del bajo chico a la zona roja
La zona del bajo fue tradicionalmente en Salta la parte prostibularia de la ciudad. Pero hoy es sobre todo una zona de venta de drogas, actividad que ha desplazado en ese barrio a la oferta sexual, que allí disminuyó, aunque no desapareció.
La oferta callejera de sexo por parte de trabajadoras sexuales y travestis se da hoy sobre todo a lo largo de la calle Rioja, y en menor medida en la Mendoza y Corrientes.
Vecinos de esa zona comenzaron a movilizarse para protestar por esta situación y exigir que se prohíba esa actividad en inmediaciones de sus domicilios.
La oferta sexual se realiza en la madrugada y hay varios hoteluchos allí que alquilan piezas donde los clientes tienen sexo con prostitutas y travestis, o bien se desplazan en automóviles o cuatro por cuatro a moteles de lujo.
Pero los vecinos dicen que los niños tienen que contemplar escenas reñidas con la moral o que incluso se dan relaciones sexuales en la vía pública.
Legalizar y organizar
Lo interesante es que el debate entre vecinos, autoridades y trabajadores sexuales se dió el viernes a la noche en la misma zona donde se registra el fenómeno, en la calle, en la intersección de Lerma y Rioja.
El debate sigue abierto, pero es importante tener en cuenta que ya la dirigente travesti conocida como "Pelusa", antes de que fuera asesinada, estaba gestionando una "zona roja" para Salta.
En Rosario de Santa Fe las prostitutas eran golpeadas y coimeadas por una mafia policial, hasta que tras el asesinato de la líder local de AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina) Sandra Cabrera (foto) la prostitución se legalizó, y las propias trabajadoras sexuales son ahora agentes sanitarias que impulsan el uso de preservativos en un trabajo social coordinado con la gestión socialista del municipio rosarino.
Lo adecuado sería legalizar la prostitución dentro de una zona roja que no esté en un sector urbanizado (en Buenos Aires se instituyó para tal fin un punto de los bosques de Palermo, el Rosedal, y ahora en inmediaciones del Lawn Tennis Club), el control sanitario gratuito y periódico de las trabajadoras del sexo por parte de la salud pública del estado, la persecusión de las mafias que explotan a las prostitutas o prostituyen a menores de edad y programas de apoyo a personas en situación de prostitución para que puedan optar por otros trabajos -si así lo desean- a partir de la educación y la capacitación laboral.
Mientras tanto, más allá de la discusión teórica, política o vecinal, el conflicto continúa: esta tarde, a partir de las 19, partirá una marcha de travestis que ejercen el trabajo sexual desde el Teleférico hacia el centro de la ciudad en una manifestación pública para exigir que se les permita seguir trabajando en las calles de Salta.
Expulsadas de sus hogares, arrojadas a la miseria, discriminadas por la sociedad, lanzadas desde la temprana adolescencia a la prostitución y reprimidas, coimeadas y abusadas por la policía, según un informe de Página 12 las travestis que ejercen el trabajo sexual tienen un promedio de vida que no supera los 30 años.

