Su reemplazante es el escritor Víctor Fernández Esteban
Urtubey recibía continuas quejas sobre su gestión
Falta de ejecutividad, problemas presupuestarios, un entorno de terror, la confrontación y el contraste con la cultura romerista, el caso Plumada y una personalidad poco enérgica. Fin de una gestión que no quedará como un hito en la Cultura de Salta
Gregorio Caro Figueroa dejará su cargo de secretario de Cultura de la Provincia de Salta la semana próxima. Esta tarde, sin embargo, continuaba trajabando en su despacho de Caseros 460 para dejar en orden los papeles.
Lo reemplaza el escritor Víctor Fernández Esteban quien tiene el antecedente de una gestión correcta como encargado del área en el municipio capitalino.
Muchos se sorprendieron con esta elección porque pensaban que el sucesor de Gori sería Alberto Noé, sociólogo y asesor del gobernador.
Una atmósfera de desconcierto y expectativa, con especulaciones acerca de quién se va y quién se queda reinaba esta mañana en la Casa de la Cultura, donde prácticamente en un ambiente de tal revuelo no se pudo trabajar con normalidad.
Ayer por la tarde ya recrudecían los rumores sobre la partida de Gori Caro. Se comentaba que el ministro de Cultura y Turismo Federico Posadas le habría expresado que su tiempo de gestión se había cumplido. El historiador, en cambio, aseguró a Salta 21 que su alejamiento se debe a una decisión personal.
Una de las versiones que circulan como motivo del recambio habla de una polémica en torno al presupuesto de Cultura, que no habría sido usado en su totalidad. Esto contrasta con los dichos del propio Caro quien se quejó de no tener dinero para algunas actividades.
También es posible que tuviera alguna incidencia en este desenlace lo que muchos consideran como una falta de agilidad para resolver cuestiones del área, lo que habría generado una mala opinión sobre la gestión no sólo en la gente sino también en el mismo gobierno.
¿Claudio se queda?
En cuanto al equipo de Gori, es posible que la directora de gestión cultural, Verónica Ardanaz, sea reemplazada, al igual que muchos de sus colaboradores, algunos de ellos severamente cuestionados.
Claudio García Bes, en cambio, lograría permanecer en su cargo de subsecretario de Cultura. Tenemos sobre él visiones distintas en el equipo de Salta 21 . Hay quien lo ve como el enemigo número uno de Gori y uno de los que mayores obstáculos le puso, además de oficiar de "correveidile" con el gobierno. Otra perspectiva lo valora como una persona capaz pero que no aportó lo suficiente; tampoco puso demasiado énfasis en frenar los desaciertos de Gori y activar su gestión. El mismo se definió como "un dinosaurio". La foto -tomada del sitio cultural de Diputados- lo muestra en una caracterización actoral. Con ese gesto parece decir: "a mí de aquí nadie me mueve".
Ardanaz en principio parecía tener un buen perfil- aunque los periodistas del sitio tenemos opiniones divididas al respecto- pero coincidimos en que su imagen se deterioró cuando fue criticada por supuestos malos tratos a empleados y se le atribuyó incluso un presunto desliz erótico oficinesco no apropiado para la severa política de castidad del Opus Dei gobernante. También salió a la luz una denuncia ante la justicia federal por plagio que le hizo una bagualera.
A pesar de la resistencia que producía su figura, ella tenía antecedentes de una gestión cultural independiente y alternativa, un perfil ideológico progresista contrastante con el conservadurismo gubernamental y algún ímpetu para llevar adelante algunas propuestas y proyectos, aunque quizá con alguna sobrecarga en lo literario y en las artesanías en desmedro de otras áreas. Ella aportó algo de la ejecutividad que le faltó a Gori. Pero Ardanaz se equivocó en el manejo del Foro de Cultura lo que derivó en el fracaso del Congreso.
Un año pasó sin aportes importantes más allá de una continuidad desleída en piloto automático de lo que fuera la rimbombante y estridente gestión Rabinowicz . Sin embargo un informe oficial mostraba una gestión Gori muy dinámica y exitosa, basada en números. Pero curiosamente le faltó transparentar los montos y la inversión realizada en los proyectos. Incurrió en una gran paradoja "funcionaria": racionó los montos destinados a Cultura. Definitivamente mal aconsejado. ¡Había plata!
La gente de Teatro no estaba conforme y un grupo de artistas plásticos montó en cólera cuando pretendieron meter un kiosco con folletería turística en el Museo de Arte Contemporáneo .
Por qué lo criticamos
Los integrantes del equipo de Salta 21 conocíamos a Gregorio Caro Figueroa, tuvimos relación personal e incluso cierta amistad con él. Nos alegramos cuando fue designado secretario de Cultura. Teníamos grandes expectativas en su gestión, puesto que es un hombre honesto, inteligente y bien intencionado; reconocido como historiador, periodista y editorialista de Todo es Historia .
Habíamos compartido la lucha en favor de la prensa independiente en la Asociación de Periodistas de Salta (APES). Por eso muchos se sorprendieron y hasta se enojaron cuando comenzamos a criticarlo públicamente por la forma en que se tuvo que ir de su equipo Andrés Gauffín, y porque admitía colaboradores como José Acho, Daniel Torrejón y Raúl Costaguta , sobre quienes pesan una condena en sede judicial, una estafa a la cultura de Salta a través de un resonante caso de plagio y el saqueo a la filial Salta del Instituto Nacional de Teatro .
El caso Plumada es muy complejo y el alejamiento de Gauffín -que enfrentó con valentía y convicción ese meganegociado- es un capítulo polémico y doloroso de la gestión Gori. Creímos que debió respaldarlo, pero Gori creyó que convenía aferrarse a los recursos legales.
Un consejo bíblico manda criticar primero al amigo en privado para lograr que cambie su conducta y sólo hacerlo públicamente cuando no atiende a la reconvención. Fuimos sinceros y leales con Gori, porque le marcamos primero en forma personal la inconveniencia de que tomara como colaboradores a personajes como José Acho y Daniel Torrejón. En cambio nos respondió que los delitos- si los hubiere- pertenecían a la gestión anterior y que había que separar los delitos pertenecientes a la esfera pública y a la esfera privada.
Pero los casos que cuestionamos pertenecen a la esfera pública y no a la esfera privada, que tiene -sabiamente- tutela constitucional. Como periodistas, entonces, nos vimos obligados a denunciar públicamente que las acciones y los antecedentes de esos colaboradores eran incompatibles con sus cargos.
Es que no se puede proclamar honestidad rodeado de personas tan severamente cuestionadas. Tal vez él pensó que nos equivocábamos, que actuábamos movidos por antipatías personales; no vio la resistencia y la irritación que provocaba Acho, no investigó a fondo lo que hizo Torrejón en el INT.
Incluso el mejor funcionario con un entorno de terror se hunde. Y la imagen negativa de sus colaboradores termina manchándolo, por aquello de "dime con quién andas...."
La siesta, ¿símbolo de su gestión?
Nunca dudamos de la honestidad del Gori en el sentido de que lo creemos incapaz de robar un centavo. Pero muchos se quejaban de un presunto protagonismo en las decisiones de su esposa Lucía Solís o de los polémicos manejos de su encargado de prensa José Acho.
A Gori tampoco se la hicieron fácil. El Tribuno primero lo ignoró y luego le lanzó un feroz -e injusto- ataque por haber autorizado que se
realizara en la Casa de la Cultura un merecido homenaje a ese periodista valiente y cabal que fuera Sergio Poma, quien denunció que el origen de la mayor fortuna de Salta es el narcotráfico y calificó al gobierno de Juan Carlos Romero como el más corrupto de la historia de la provincia.
Es verdad que los ejecutores de la gestión cultural del gobierno de Romero se atrincheraron en Procultura Salta y en las asesorías del Senado, y se dedicaron a sabotear la gestión Gori . Pero también es cierto que el gobierno anterior descolló en Turismo y Cultura, áreas que el gobierno de Juan Manuel Urtubey llevó a niveles decepcionantes de fracaso e inacción.
La personalidad contemplativa y reflexiva -más que ejecutiva- de Gori Caro también le jugó en contra. Trataba de escuchar a todos, pero también se imponían filtros y aparecía como lento en la toma de decisiones. Sufría el boicot o la ineficiencia de algunos burócratas que cajoneaban o traspapelaban importantes propuestas a las que no llegaba ni a leerlas. Tal vez le faltó la energía y el carácter necesarios para "venderle" su proyecto cultural al gobernador y exigirle su apoyo, y para desprenderse de dos o tres colaboradores indeseables.
Algunos vieron a las siestas que Gregorio Caro Figueroa tomaba en su despacho de la Casa de la Cultura como el símbolo máximo de una gestión en abúlica parálisis.
Sus defensores -en cambio- las interpretaban como un ejemplo de responsabilidad y entrega al trabajo que le impedía volver a su amado Cerrillos a reposar en su casa de pueblo en el típico, saludable y ancestral descanso de las tardes provincianas.
Caro Figueroa se va del cargo de secretario de Cultura pero pasará a desempeñarse como Coordinador de Bibliotecas.
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