¿Estado chico o Estado grande? ¿Por qué no Estado eficiente?

En junio de 2015 la médica tartagalense Adelaida Terán irrumpió en una conferencia de prensa del Chaqueño Palavecino para denunciar los graves problemas por los que atravesaba (que atraviesa todavía) el Hospital Presidente Perón de esa ciudad, entre ellos la carencia de insumos esenciales como gasas, jeringas y ropa de cama, así como la falta de médicos de diversas especialidades.

La opinión pública de la provincia y luego de todo el país se enteró de esa manera de la preocupante situación de ese nosocomio que atiende a los habitantes más pobres de la zona y entre ellos a los sectores socialmente más vulnerables. El país se enteraba también que hacía más de diez días que los médicos y auxiliares venían reclamando sin ser escuchados por las autoridades de la provincia de la cual depende ese centro.

El Estado provincial, ineficiente para cumplir con su deber esencial de atender la salud de sus habitantes, hacía también oídos sordos a sus reclamos.

El jefe de la Municipalidad tartagalense, el señor Leavy, acompañaba en la conferencia de prensa al Chaqueño, y no iba a permitir semejante falta de respeto hacia él y principalmente a un hombre poderoso como es el famoso folklorista. Con amenazas de ambos, la médica insolente fue echada del lugar y luego supimos que fue trasladada a la ciudad de Embarcación para que no molestara más.

El Estado municipal, ineficiente en su función de velar por la salud de sus contribuyentes, por un lado no se animaba a hacerle notar a las autoridades provinciales las falencias del hospital; y por otro, era autoritario con la médica que se ponía a la cabeza de los reclamos.

Si vamos al plano nacional son muchos los hospitales que dependen del Gobierno Federal y que pasan por situaciones parecidas, como el Hospital Posadas, el de Cirugía de Haedo y la Colonia Montes de Oca en el conurbano bonaerense. El Estado nacional, ineficiente igual que los estados provinciales y municipales a la hora de atender la salud de los argentinos.

Escuelas públicas que no enseñan bien, rutas provinciales y nacionales destruidas que producen centenares de accidentes de tránsito -muchos de ellos fatales-, trenes para el transporte público que no frenan y chocan, déficit enorme de viviendas, pobreza por doquier (el diez por ciento de los argentinos vive en villas miserias), colapso del sistema energético, una aerolínea estatal que genera pérdidas millonarias que son absorbidas por el conjunto de los contribuyentes usen sus servicios o no, son sólo algunas muestras de la gestión ineficiente del Estado que hoy tenemos.

No fue sino hasta 1880 aproximadamente que el Estado Nacional argentino pudo consolidarse definitivamente. Durante la presidencia de Julio Argentino Roca –que asume ese año- se sanciona, a impulso de Domingo Faustino Sarmiento, la Ley 1420 de educación laica, obligatoria y gratuita pese a la oposición frontal de la Iglesia; se crean escuelas públicas en todo el país, además de escuelas normales para capacitar maestros; se establece un solo Ejército Nacional prohibiéndose los grupos militares provinciales; se unifica la moneda; se multiplican las redes ferroviarias; se instala el telégrafo que serviría para integrar a la población dispersa del país; se estimula la inmigración europea (llegan grandes contingentes de italianos y españoles principalmente); surgen colonias de pequeños y medianos agricultores en la pampa húmeda y otras regiones; se crea el Registro Civil (antes los nacimientos se asentaban en las parroquias católicas). Aún con diversos gobiernos de concepción oligárquica que se fueron sucediendo el país empieza a caminar como tal y por primera vez surge el concepto de Nación. Podríamos decir que hasta 1930 el Estado nacional era eficiente en lo que hacía. ¿Era un Estado gigantesco? No tanto, tal vez mediano si lo comparamos con lo que vino después.

Para la población argentina toda quizás los mejores años fueron los que van desde la llegada del Peronismo en 1945 hasta el año 1973 aproximadamente; fueron las épocas de pleno empleo del país con salarios muy buenos, baja inflación, con educación de calidad tanto en las escuelas iniciales, como en la secundaria y en las universidades. El punto más alto de la educación se dio en el año 1966, antes de que los militares asaltaran los claustros universitarios. En aquél momento la Universidad de Buenos Aires era la más prestigiosa de América Latina y se ubicaba entre las primeras 15 del mundo.

En la década 1945-1955 se había puesto en marcha el proceso de industrialización del país basado en la sustitución de importaciones por la posguerra; se completó la integración de toda la población al sistema educativo sarmientino; se lanzó un amplio plan de viviendas destinado a la clase media baja y a los sectores más humildes; se crearon muchas fuentes de trabajo genuino. El Estado aquí era enorme, pero era eficiente en lo que hacía.

En 1958 –con el Peronismo proscripto- llega a la Presidencia Arturo Frondizi, quién inmediatamente lanza lo que se conoció como “La batalla del petróleo” abriendo las puertas a la inversión extranjera para la explotación hidrocarburífera. Fueron cuatro años de gran desarrollo del país hasta que fue derrocado por un nuevo golpe militar.

En el año 1963 asume Umberto Illia como presidente, quién pone límites a la inversión extranjera ratificando el monopolio de YPF, pero en lo demás se continúa con el proceso iniciado por Frondizi, hasta su derrocamiento en 1966.

Los salteños recuerdan particularmente esos ocho años porque crecieron las fuentes de trabajo en la provincia; hubo desarrollo de la agricultura en especial del tabaco, también de la minería; creció el turismo (Salta empezó a ser “La linda”); se descubrieron nuevos pozos de petróleo en el norte y se optimizó el rendimiento de los pozos maduros, por lo que el Estado provincial recibió muchísimo dinero en concepto de regalías petroleras. Ese dinero contante y sonante permitió embellecer la ciudad Capital. Los salteños capitalinos vieron como se levantaban barrios de viviendas, como el de El Portezuelo, también los tartagalenses y los habitantes de otras ciudades del interior. El Gobernador provincial que llevó adelante esos proyectos fue Joaquín Durand, a quién sus seguidores llamaban “El Hornero” por las viviendas construidas que además eran de buen diseño y calidad (no se rajaban ni se llovían como vimos en los años posteriores).

¿Cómo era el Estado nacional y el provincial en dimensiones en esos ocho años? Diríamos que mediano, pero altamente eficiente.

En esos años los sindicatos con mayor cantidad de afiliados eran de la actividad privada como la Unión Obrera Metalúrgica, la Asociación Obrera Textil y los mecánicos del SMATA. Hoy los sindicatos más numerosos son ATE y UPCN.

En el segundo Peronismo, que llega en 1973, nuevamente el Estado comienza a agrandarse, pero dista de ser eficiente. Se produce “el Rodrigazo” en 1975 y luego el golpe militar genocida de 1976 con un personaje nefasto en la Economía: José Martínez de Hoz.

Las secuelas las va a padecer el gobierno del Dr. Alfonsín, cercado además por el gremialismo peronista que le hace 14 paros generales, más los que cada sindicato le realiza individualmente. La hiperinflación termina con el único gobierno radical que pudo ganarle al Peronismo. El Estado era grande –no por culpa de don Raúl por cierto- y era ineficiente. Un punto grande a favor de este presidente es que tuvo el enorme coraje de juzgar a las Juntas Militares del Proceso cuando los jefes militares y sus subordinados eran todavía jóvenes y estaban con el fusil al hombro.

Carlos Saúl Menem desde 1990 trató de achicarlo (su frase era “achicar el Estado es agrandar el país”). Así nos fue: la economía terminó destruida; las escuelas pasaron a depender de cada provincia y lo padecieron las provincias de menores recursos; vendieron las empresas públicas, las que eran ineficientes y las que eran eficientes. El Estado se achicó, y fue ineficiente.

Después de De La Rúa y de la crisis del 2001 llegó Duhalde primero y luego Néstor y Cristina. El tamaño que adquirió el Estado en estos doce años lo conocemos: enorme como pocas veces vimos en la historia de la Argentina. Enormemente corrupto e ineficiente, sobre todo cuando vemos los recursos con que pudo contar en sus doce años de gestión: decenas de miles de millones de dólares que ingresaron por los altos precios de las materias primas que se dieron en todo el mundo.

¿Qué sorpresas nos deparará Mauricio Macri? Hasta ahora el Estado sigue siendo gigante y la cantidad de empleados públicos es casi igual a la de los trabajadores de la actividad privada, y mucho no puede reducirse porque la creación de trabajos genuinos en el sector privado ha sido escasa en estos años. A diez meses de la gestión de Cambiemos no podemos todavía tener un panorama de lo que vendrá.

Lo que los argentinos esperamos es que alguna vez el Estado vuelva a ser eficiente. ¿Es mucho pedir?

- Oscar A. González (El Tala)

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