En los últimos 12 años, las provincias norteñas son las más pobres

El balotaje del 22 de noviembre tuvo un claro ganador, Mauricio Macri, y de eso no hay ninguna duda, pese a quirn le pese. Aún con la campaña del miedo instalada desde el enorme aparato del Estado y desde los medios para-oficiales solventados con los dineros públicos, los argentinos optaron por el candidato que les propuso un cambio en la manera de administrar la República.

Lo que el oficialismo de hoy no termina de digerir aún es que al candidato centro derechista lo hayan votado sectores humildes del país, que aún con temor a las represalias que algún alcahuete pudiera tomar contra ellos si se enteraban de su decisión, se animaron a actuar según su propia conciencia.

Las chicanas hacia el candidato de Cambiemos ya empezaron a propagarse por el país y seguramente nos vamos a acostumbrar a escucharlas por muchos meses: “el país dividido entre el 50% de los buenos y el 50% de los malos”, “solo el 3% de diferencia”, “los que prefieren a los reaccionarios y no a nosotros, los revolucionarios”. Y como no podía ser de otra manera, otra vez el Relato ocupando un papel preponderante en esta nueva campaña. Otra vez a escuchar las supuestas bondades del Modelo: la “inclusión y desarrollo social”, “el crecimiento de la industria nacional”, la “reducción de los índices de pobreza”, la “defensa y reivindicación de los pueblos originarios”, etc., etc.

No hace falta que hablemos del país en general a la hora de contrastar el Relato con la realidad, no hace falta que nos vayamos de nuestra provincia para comprobar la realidad. Después de la “década ganada” Salta y las otras provincias del norte argentino siguen teniendo la mayoría de los problemas que tenían hace quince años: en una Argentina con mucha pobreza (el Observatorio Social de la UCA afirma que hoy son más de once millones) las provincias norteñas son las más pobres. La población aborigen (perdón, quise decir, originaria) sigue sumida en su pozo de miseria y dolor; alcanza con animarse a cruzar el Mojotoro y recorrer los departamentos de Orán, San Martín, Santa Victoria, Anta y Rivadavia para comprobarlo. El norte salteño, desde el cierre de YPF y Gas del Estado en los noventa, no consigue salir de su drama de desocupación y pobreza extrema; el intendente kirchnerista actual de General Mosconi afirmó al asumir que la desocupación en su municipio es del setenta por ciento. Las escuelas públicas de la provincia siguen con déficits graves en la enseñanza, no muy distinto de la mayoría de las escuelas públicas del resto del país. Los jóvenes salteños siguen emigrando a las provincias del sur en busca de trabajo o de un futuro más promisorio que el que le depara su terruño natal.

Esperemos que Juan Manuel Urtubey se proponga defender en serio los intereses de la provincia frente al futuro gobierno de Cambiemos, como lo ha prometido en su discurso reciente. La pregunta del millón es ¿por qué no lo ha hecho en estos años frente a Néstor y Cristina? ¿Les tenía miedo y ahora el miedo lo ha perdido, o simplemente no ha sido eficiente en esa misión?

Sabemos que el gobierno de Macri va a sufrir embates de todo tipo en su gestión. Un nuevo gobierno, y más uno como este que es de otro palo, siempre termina sacudiendo el avispero; más de uno empieza a pensar que sus privilegios están en peligro. No hace falta mucha imaginación, ni que un comunicador kirchnerista nos los advierta con mensajes provocadores y amenazantes, para darnos cuenta que ya están afilando los dientes la tropa que aplaudió a Néstor y Cristina durante estos doce años, conformada por los señores feudales de las provincias, los dirigentes gremiales millonarios y mafiosos, los viejos ex montoneros ahora convertidos en contratistas del Estado o en beneficiarios privilegiados del ANSES, los jóvenes de La Cámpora atrincherados en sus empleos públicos, los militantes del Partido Comunista que adhirieron incondicionalmente al modelo como Martín Sabatella, Yasky y Baradel, que se resisten a largar la teta, o los ultras de “Quebracho”, la organización monto-erpiana que recluta su gente en los barrios más miserables y olvidados del país.

Seguramente vamos a ver más activos que nunca a los “periodistas” del Modelo, bancados con nuestros impuestos en todos estos años. Dentro de Salta recuerdo todavía a algunos de ellos que, cuando Cristina conseguía el 54%, sin ningún pudor se declararon “periodistas militantes” de la causa y al poco tiempo empezaron a funcionar con un portal propio, solventado con las jugosas pautas publicitarias del Gobierno de la Provincia y del Gobierno de la Ciudad de Salta. Es bueno tener presente esto a la hora de juzgar la credibilidad de esos personajes.

Confiemos en que, cuando los embates contra el Gobierno legítimamente elegido comiencen, los argentinos que creen en los valores y en las instituciones de una verdadera República no sucumban al miedo y levanten sus voces como lo hicieron otras veces en estos años de autoritarismo y corrupción.

- El Tala (lector y comentarista crítico de Salta 21)

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