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Elegía a Lourdes Pérez Osán

Lunes 13 de junio de 2016, por Romina Chávez Dí­az

Eran las tres de la tarde cuando su corazón se detuvo… mas sus huellas, trazadas con valor y honestidad, seguirán el horizonte de las justas, de las buenas, de las mujeres que depositan en los que tocan, un dejo de luz. Ella era toda luz. Así la recuerdo. Así vivirá en todos para siempre.

Destacada profesora en Letras, egresada de la Universidad Nacional de Salta, maestra querida por sus estudiantes y sus compañeros; tenía la sonrisa amplia y la palabra precisa; en los días era amable, respetuosa y cálida. Lulú, como le decíamos a veces con tanto afecto, nos dejó un vacío insuperable. Esas siestas de exámenes sin su pluma [porque escribía como los de antaño, con tinta y pluma] serán desérticas, del color de la tristeza. La luz incandescente alumbrará sus pasos sellados en granito, imborrables...! como su memoria.

Trabajó como Profesora de Lengua y Literatura en el Colegio Secundario Raúl Scalabrini Ortiz, en el Colegio Nacional, en el Colegio Joaquín Castellanos, en el Terciario de Lenguas Vivas y en el Instituto de Educación Superior 6043. Lourdes dio su vida por la profesión. El hongo criptococo neoformans habría sido adquirido en uno de los lugares de trabajo que está infecto de palomas (el de la calle 20 de febrero entre Belgrano y España), bichos que son “ratas voladoras”, término que ella misma empleó para referirse a estas plagas. Los pasados, fueron días de incertidumbre, pero de esperanzas y fe en su recuperación. Una sociedad se alzó en rezos por su salud. Sin embargo, Dios quiso otra cosa para ella; y contra eso, nada podemos hacer. Lourdes nos dejó a los 48 años, podríamos decir, súbitamente, a partir de la mañana del 23 de mayo cuando nos dijo que tenía mucha fiebre. La internaron el 25 y escuchamos su voz hasta dos días después, cuando entró en coma. Por el hongo que prolifera donde hay excrementos de palomas, contrajo meningitis criptococócica. Día a día, hasta el momento de su partida el 8 de junio, se fue yendo… poco a poco.

Lourdes era la menor entre siete hermanos, hija de Fanny Osán y de Vicente Pérez Sáez, dos profesores de la UNSa., de reconocida trayectoria en la Carrera de Letras. Atendía con esmero a su padre, quien en su vejez contaba a diario con el amor incondicional de su hija, empeñada en sus cuidados hasta el último de sus días…Hace algunos pocos, se sintió muy orgullosa de su papá por su participación en un homenaje a Miguel de Cervantes Saavedra, en conmemoración al cuarto centenario de su fallecimiento. De Fanny, su mamá, guardaba los mejores y más afectuosos recuerdos. Hablaba de ella con admiración y cariño. Junto a Vicente viajó a Europa hace un par de años. Fue el regalo más hermoso que recibió de él. Fue de la mano de sus padres que conoció la cultura española y sus tradiciones. Le encantaba preparar postres típicos y comidas de aquella patria. La casa de sus padres representaba para ella no sólo el arcón de las anécdotas de su infancia, sino el lugar del conocimiento. Allí reposan libros muy bien guardados por el profesor Vicente y aquel que redactara en co-autoría con la profesora Fanny: el Diccionario de Americanismos en Salta y Jujuy.

Su amor de madre la coronó con la llegada de sus cuatro hijos: Pablo, María del Mar, Julián y Simón. Construyó para ellos, junto a Carlos Flores, su esposo, un hogar feliz. Sus sueños de mujer se vieron reflejados en cada uno de los suyos, porque Lourdes predicó con su ejemplo de vida. La entereza de su familia durante los días inesperados demostró cuánta fuerza tiene, cuánto amor y cuánto coraje para estar de pie frente a la adversidad. Era una mamá dulce, una mamá infinita…Le gustaba viajar con sus hijos y su compañero de vida. Fue así que el año pasado emprendieron una hermosa aventura por Cuzco hasta el Machu Picchu para abarcar la historia de un Imperio cuya grandeza anida en nuestras raíces. Solía contarme sobre sus visitas al Cabildo Histórico de Salta junto a sus hijos. Era asidua concurrente. Cómo le gustaba internarse en los museos para vivenciar la historia… Amaba leer… perfeccionar la palabra… inculcarles a sus hijos la cultura. Formarlos para la vida. Admiraba el contenido profundo de los autores más preciados de la Literatura universal. Disfrutaba de cada instante con su familia y le encantaba llevar al cine a Simón. Se refería a sus hijos con dulzura y fascinación. Su encantadora familia era lo más preciado para ella. Pablo, María del Mar, Julián y Simón fueron la razón de su existencia.

Fue una incasable trabajadora, una valiosa profesora en las aulas, de elevada formación cultural y académica. En el terreno de la lucha docente fue una aguerrida gladiadora, su paso por la militancia trazó horizontes a seguir. Se desempeñó como Secretaria en las Asambleas de Autoconvocados durante las huelgas más fuertes de los años anteriores. A su paso, integró la Junta Calificadora de Méritos y Disciplina durante tres años de su trayectoria en representación de los Docentes Autoconvocados. Defensora de los reclamos del sector y gran batalladora, apoyó en toda ocasión las medidas de fuerzas de los trabajadores de la educación. Jamás bajó los brazos. Fue fiel a sus principios y consecuente con sus actos.

Lourdes era sencilla y hablaba suave. Sociable como ninguna, vivió rodeada del afecto de sus amistades. Hoy, sus amigos, lloramos su ausencia y extrañamos sus oportunas ocurrencias. Espontánea y natural, su humor se dibujaba en su rostro como una señal de paz. Serena, pero firme en su preciosa dualidad, agotaba su mansa humanidad frente a la vida.

Eran las tres de la tarde y hubo una señal de Jesús de la Misericordia. La santidad de Dios cubría su cuerpo en espera de un viaje sin retorno. Apenas si era un día cualquiera cuando de la tierra llovieron flores para . Como en siembra, ella cosechó los amaneceres vividos. El cielo inundó de sombras la tarde del adiós. Un nombre pronunció la temprana siesta del 8 de junio para honrar su memoria. Ella fue como el agua fresca de primavera, como una fogata de leñas en invierno, como una moneda arrojada en la fuente de los deseos: mágica y etérea, altisonante y silenciosa, pacífica guerrera. Las nubes de inmediato colocaron una por una las letras de su nombre sobre los ecos de las montañas… L-O-U-R-D-E-S… reclamaron… y los vientos esparcieron un perfume de hojas y hierbas…Así, en suave murmullo como las voces de su alma, habló la muerte de manera inexplicable. Nos abarcó la lágrima crecida como el río. Brotaron manantiales de los ojos de quienes replicamos adioses. Por un instante el mundo fue Lourdes. Por un instante Lourdes fue el mundo.

Eran las tres de la tarde cuando al unísono preguntamos por qué. Quizá porque su muerte pueda salvar muchas vidas [aunque nadie nos haya preguntado si queríamos recibir tal advertencia…]

Llamaron temprano a su puerta mientras crecía una risa en el jardín de sus cuadernos. Por cada cielo que pasa hay un río inmenso. Se oye una música a lo lejos. Dicen que allá, los seres de luz, están de fiesta.

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