El nuevo INDEC: por fin los números sobre la mesa, con transparencia y a la vista de todos y todas

En junio del 2015 la ex presidente Cristina Kirchner, hablando ante la asamblea de la FAO (el organismo de las Naciones Unidas para la alimentación) dijo, sin ponerse colorada, que los pobres en la Argentina a ese momento representaban menos del 5% de la población. Cualquiera que caminaba las provincias del norte argentino –sobre todo el interior de esas provincias- o el conurbano bonaerense, en especial el Partido de La Matanza, se daba cuenta de la enorme mentira que la Presidente le estaba tirando al mundo.

Alcahuete como pocos el Jefe de Gabinete Aníbal Fernández salió a respaldar la aseveración de Cristina y redobló la apuesta. Dijo sin la mínima sonrisa que Argentina tenía menos pobres que Alemania, ¡sí que Alemania!

El Ministro Axel Kicillof, un economista que abrevó en el marxismo-leninismo antes de adherir al Populismo de izquierda, había sostenido meses antes: “Contar los pobres del país es estigmatizante”. De esta manera el Ministro salía al cruce del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, que alertaba sobre el progresivo deterioro económico del país y de su franja de población más vulnerable. A Setiembre del año pasado, antes de las elecciones, el Observatorio Social tiró un número: había 12 millones de personas bajo la línea de pobreza.

Pues bien, el nuevo INDEC, que empieza a normalizarse y a mostrar los números como deberían haberse mostrado siempre, se atrevió a contar pobres desde el Estado. Los pobres son hoy el 32,5% de la población argentina, y ahora sí los kirchneristas dieron como válidos los datos y esta vez no les pareció estigmatizante porque según ellos el gobierno anterior no tiene responsabilidad en las causas de ese flagelo.

El INDEC recordemos fue intervenido por Néstor Kirchner en el año 2006 y tras cartón empezaron a tirar por la ventana al personal profesional de carrera del organismo conformado por economistas, matemáticos, analistas, sociólogos, y en su lugar pusieron a militantes sin mayor preparación pero eso sí adherentes incondicionales al Proyecto Nacional y Popular, que respondían al patotero y ex “Guardia de Hierro” Guillermo Moreno. Comenzaron a manipular los datos comparando peras con salchichas y bicicletas con tomates, todo para esconder la verdad y acomodarla al Relato. Los pobres así contados no aumentaban sino que disminuían. Cuando la farsa no pudo seguir porque la pobreza se palpaba con la mano mientras aumentaban las muertes de niños por desnutrición, el Gobierno kirchnerista decidió suspender los informes y no hubo más datos de la pobreza y la indigencia, tampoco de la inflación y de la caída de la industria. Las máquinas destructoras de documentos reemplazaron en las oficinas del INDEC a las computadoras y las calculadoras; rompieron las brújulas y cualquier equipo que sirviera para medir. En la FAO nadie la preguntó a Cristina de donde sacaba los datos de la escasa pobreza que estaba informando si en su propio país hacía muchos meses que nadie calculaba nada.

Lo bueno es que el INDEC de hoy tiene el respaldo oficial y categórico del propio Presidente de la Nación, más allá de que los números informados finalmente interpelen a su propio gobierno. Es que en una democracia republicana las cosas funcionan así; años de autoritarismo y mentira nos hicieron perder de vista algo tan simple como eso.

Yendo a los datos, si bien el promedio de la pobreza en el país es del 32,5%, en el Noroeste, adonde pertenece la provincia de Salta, la pobreza es del 35,8%. En el caso de las provincias del Nordeste es aún mayor.

Basta meterse en el interior profundo de nuestra provincia, por ejemplo en los barrios periféricos de Tartagal, Orán, Mosconi, Embarcación, Metán y Rosario de la Frontera, o en los suburbios de la ciudad Capital, para darse cuenta que la UCA no mentía como no miente ahora el INDEC.

El Kirchnerismo venía a hacer la Revolución, en la senda de Bolívar y el Ché, y dejó por un lado muchísimos pobres y por otro funcionarios que se hicieron millonarios en el Estado mientras predicaban el amor por los excluidos. Macri por el contrario no predica la Revolución, incluso en su gabinete encontramos profesionales de la clase media y media alta de la población con escasa participación política hasta ahora, que se sienten más cómodos con Obama y Hillary que con Fidel y el Chavismo. ¿Las cosas serán entonces peores con Mauricio? O, quién sabe, tal vez nos depare una sorpresa agradable. Habrá que ver.

La realidad hoy, además de la pobreza e indigencia, son escuelas que no enseñan bien, hospitales públicos que no funcionan, carencia de gran parte del gas y la luz que consumimos, carencia de cloacas y agua potable, narcotráfico que según el Senador Miguel Ángel Pichetto creció en los últimos doce años, inseguridad.

A los que nos interesó siempre la política y hemos tenido padres comprometidos socialmente tal vez no nos guste un niño bien como Macri, pero, y si el tipo consigue poner en marcha el país de una buena vez y tiene logros en materia social que el Peronismo –que gobierna desde el año ’89- no ha conseguido, ¿lo vamos a denostar igualmente?

Sería bueno debatir esto, pero con seriedad y sin chicanas.

- Oscar A. González (El Tala)

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