El gobierno por ahora, aprueba con un cuatro

Una encuesta conocida esta semana en el país, nos indica que seis de cada diez personas entrevistadas opina que el gobierno macrista favorece con sus medidas a los ricos. Literalmente que gobierna para ellos.

No todas las personas consultadas son especialistas en economía, pero la conclusión de ese estudio se explica por sí sola, porque no se necesita tener tantos conocimientos para percibir algo tan objetivo y evidente.

Basta repasar los grandes lineamientos básicos de la nueva gestión para comprender esa situación. La devaluación de la moneda nacional fue el primer paso, dejando a los bancos acaparadores de dólares físicos una ganancia inmediata de U/S 4.500 millones.

La liberación de tasas pasivas y activas para los mismos bancos elevó el costo de los créditos a niveles impensables un mes antes, y prácticamente paralizó la solicitud de dinero por los particulares. Esos mismos dólares sobrevalorados ahora son vendidos por los mismos bancos a cambio de letras del tesoro que se emiten sin límites, para reforzar las reservas del Banco Central y aumentar la deuda interna.

A su vez se elevó a U/S 5 millones el límite de compra de dólares por mes, previa liberación de las restricciones que había fijado la gestión anterior, provocando que los dólares que el Estado le compra a los bancos, se fugue al día siguiente por este sistema, generando una salida de divisas del País de U/S 3.300 millones en el primer trimestre de 2016.

A la par se designaron a altos ejecutivos de empresas nacionales y transnacionales en los sectores claves de decisión burocrática, tal como el caso de ARANGUREN en energía, llevando adelante la gestión más escandalosamente incompatible de la historia, favoreciendo a la propia empresa de la cual es accionista con compras directas de gas desde Chile, a un 150% más caro que el mismo combustible boliviano.

De modo similar, por decreto simple y llano del PEN, se liberó a las empresas exportadoras mineras transnacionales del pago del mísero 3% que abonaban desde la década del noventa con el saqueo menemista mantenido incólume por el saqueo kirchenrista. Antes la juntaban con pala, ahora con topadoras.

También, por simple resolución interna se eximió de impuestos y tasas al champagne y a los autos importados, elevando en el acto el precio de vehículos nacionales más baratos en hasta $ 30.000.- y bajando el precio de los extranjeros en hasta $ 300.000.

Se liberaron casi dos mil posiciones arancelarias. Esto implica que productos que antes tributaban para ser ingresados al País para proteger la industria nacional, a pedido de la elite de los importadores estarán exentos, perjudicando sin duda alguna a las empresas argentinas que fabricaban esos rubros.

Se eliminaron los cupos de exportación de bienes primarios (maíz, trigo, soja, maní, girasol, etc.), sin exigir abastecimiento del mercado interno, lo que genera escasez de los mismos y por ende el alza constante de precios. La elite exportadora coloca la producción afuera con dólar alto, y el grueso de consumidores argentinos la mira pasar.

Se eliminaron cinco puntos de retenciones y se quitará igual porcentaje cada año a los exportadores de soja, que ya reclaman dólar de veinte pesos para liquidar divisas a fin del corriente año bajo amenaza de retener en silo bolsas la producción a la espera de una nueva devaluación.

Se quitaron los subsidios al gas residencial elevando el costo de la facturación hasta en un mil por ciento, sin exigir a las empresas distribuidoras que rindan cuenta de la gigantesca masa de dinero recibida en la gestión anterior por ese concepto, sin haber invertido en una sola planta de regasificación que permita el abastecimiento local.

Se aumentó la pérdida de reservas oficiales con la devolución a los sectores de mayor poder adquisitivo, del incremento del dólar turista fijado en la gestión anterior a quienes hicieron viajes al exterior.+

En el mes de junio de 2016 se acordó a los bancos la autorización para un aumento del 20% en las comisiones, y en el mes de julio otro tanto igual. Para que los señores bancarios no los toque la inflación real, se dio un 40% en dos meses y en el acto, mientras tantos los trabajadores reciben ajustes por debajo de esa cifra y en cuotas, que cuando se terminen de efectivizar a fin de año estarán licuadas por la depreciación del peso.

Se pagan U/S 16.500 millones a los fondos buitres sobre el fallo de la justicia norteamericana, haciendo intervenir para las transferencias no a la sucursal del Banco Nación en Nueva York, sino al Deutsche Bank Securities, HSBC Securities (USA), J.P. Morgan Securities LLC y Santander Investment Securities INC., con un costo de comisiones anticipadas por coordinar los pagos de nada menos que U/S 360 millones y por simple resolución (Nº 146/2016 del Ministerio de Hacienda del 21/04/2016).

Mientras todos estos verdaderos actos de corrupción se llevan adelante, el primer mandatario del País sigue insistiendo en que el ajuste era necesario, que a él le disgusta tomar estas medidas y toda la cantinela falsa con lágrimas de cocodrilo.

Pero en realidad clara y objetivamente el ciudadano argentino no deja de advertir, que no se trata de un ajuste general, sino de un plan de mega transferencias de recursos de la economía nacional hacia pocos, y con un ajuste al bolsillo que se hace a todos los demás que no forman parte de la fiesta liberal.

Atrás han quedado las promesas de hambre cero, desarrollo, crecimiento y toda la plétora de promesas incumplidas, que nunca llegarán a cumplirse no por el poco tiempo de gobierno conservador en ciernes, sino porque el camino emprendido es exactamente contrario al concepto de un crecimiento macro económico o de un desarrollo de la industria y el comercio.

Para que el horror de lo que vivimos sea perfecto, encima tenemos que tolerar al Presidente MACRI dando lecciones de economía doméstica desde su pobre concepción de millonario, afirmando que dentro de cada vivienda hay que estar abrigado como si se estuviera a la intemperie, queriendo hacernos sentir que protegerse del frío no es un derecho sino un lujo.

Y agregando, como corolario de la lista interminable de desatinos propios de quien desconoce de raíz el concepto de necesidad, que los argentinos debemos recuperar la cultura del trabajo, en clara alusión al prejuicio ignorante típico de señora gorda que piensa que los negros no quieren trabajar, y que el servicio doméstico está intratable.

Desvarían de este modo, empecinados en el convencimiento de que los argentinos prefieren cobrar planes y no tener un trabajo estable con obra social, aportes previsionales y cobertura de accidentes, y están seguros en su gorilismo infinito, que la pobreza no es un problema económico de los regímenes perversos que ellos llevan adelante, sino una mera variante cultural.

Mientras todo esto ocurre y a falta de logros actuales en materia social, se promete a la mejor manera de un predicador que a pesar de lo duro del presente, debemos tener una gigantesca esperanza.

Todo fundado en que el futuro es promisorio y venturoso. ¡Ah, ya verán cuando se produzca el efecto derrame! Imbecilidades como ésta son los únicos argumentos que esgrimen como plan de gobierno, lo cual resulta por lo menos, preocupante.

La encuesta sobre la creencia de las personas sobre para quién gobierna Mauricio MACRI encierra un interrogante: ¿Cuánto tiempo más permanecerán en el engaño cada uno de los cuatro de cada diez ciudadanos, que todavía espera resultados a su favor?

De esa variable dependerán todas las otras, porque a sólo siete meses de gestión, contar con aprobación plena de sólo el 40% de la población, deja poco margen restante para la continuidad de un plan de economía liberal ortodoxa, que cada vez menos personas estarán dispuestas a tolerar.

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