El acoso laboral en el Ballet de la Provincia de Salta

El sistema instituido para el Ballet de la Provincia de Salta es perverso: se ejerce la manipulación hacia los bailarines, la obsecuencia absoluta y Regueiro e Ivanoff vienen a ser "los padres" a quienes para tomar un café, se les debe pedir permiso. Ridiculez, obsecuencia, subordinación y abuso de poder en el Ballet.

En la nota que se coloca a pie de página explotó una acusación contra los maestros del Ballet, además de otros aspectos que se tienen que reconsiderar estructuralmente.

En un orden de relaciones, existe en la Secretaría de la Cultura cierta animosidad contra la bailarina Andrea Martínez que nació burocráticamente en un segundo piso de Casa de la Cultura, desde donde se traba y se destraban expedientes, notas y reclamos. Es más, desde donde se tejen “relaciones” y en donde por portación de apellido por vínculo, se realizan maniobras nefastas que ejercitan una vía tipo “caja negra”. El entramado de situaciones que se “cocinan” adentro son manipuladas por las mismas personas que sancionan, abusan de autoridad, manejan el presupuesto, son jurado, disponen quién baila y quién no, qué leyes se aplican y cuáles no; qué programación se elige y cuál no. La suma de los poderes públicos o de los súper poderes son manejados por Regueiro-Ivanoff.

Ninguno de los tres secretarios de Cultura que tuvimos hasta la fecha en el gobierno de Juan Manuel Urtubey, en conocimiento de las situaciones de abuso de autoridad, han tomado el toro por las astas para frenar ningún tipo de padecimiento por parte de la bailarina Martínez. Ni el historiador Gregorio Caro Figueroa, ni el escribano Víctor Fernández Estéban ni el abogado Mariano Ovejero. Tampoco lo hizo el Subsecretario, Claudio García Bes. Ante todos ellos – con el único que no habló personalmente fue con Gori Caro- se presentó la bailarina para solicitar ayuda y soluciones que no se han movilizado salvo para continuar sumando a una situación inestable en el aspecto laboral que derivaron en un “acorralamiento” y en un estallido.

A García Bes le falta coraje; a Fernández y Caro no les interesó el tema, Ovejero parece no entender muy bien el esquema. Ahora bien, creo que por el lado de Ovejero puede haber una esperanza porque se trata de una persona joven imbuida de leyes. No creo que no sepa qué se puede hacer o cuál puede ser la solución. Hay un problema y se tiene que solucionar o se es parte del problema.

Los hechos

Andrea Martínez recibe el 27 de agosto una notificación por el que recae sobre ella una suspensión de 14 días por Disposición Nº 004/08. Por ley 5348, la bailarina presenta un pedido de reconsideración para apelar contra esta suspensión. Por aquel entonces intervino el letrado Daniel Tort.

Para asombro de los lectores el pedido de Regueiro era el siguiente: la bailarina tenía que realizar frente a todo el Ballet de la Provincia de Salta y de la Mtra. Ivanoff un pedido de disculpas públicas para que se le reduzcan a 3 días la suspensión. Ahora bien, por qué Reguero solicita tal pedido. Porque era una medida ejemplificadora frente a todos los bailarines, porque de esa manera el mensaje era “trabajá y aceptá que se te grite, se te maltrate y sé obsecuente”.

Durante un ensayo, Ivanoff se dirigió a los gritos para corregir a la bailarina y ella dijo una frase que será historia en el Ballet: “basta de gritar”. Y luego continuó: “ningún error mío justifica que me grite ni a mí ni a ninguno de mis compañeros”. Todos los presentes fueron testigos de ello.

Inmediatamente, para Andrea se terminó todo en ese mismo instante porque a eso le siguió una charla con Regueiro en donde este prácticamente le advirtió que estaba fuera de la Compañía de baile. Para hacer de cuenta que nada pasó, Martínez debía aceptar el maltrato transando por 3 días una suspensión con lo que admitiría lo mala niña que era y asunto arreglado. Pedir disculpas era aceptar que la maltraten.

Los que conocen a Andrea saben de su belleza física, una bailarina agraciada, cálida, cándida, educada, tranquila, refinada. Pero sobre todo, se trata de una persona que llegó a Salta hace un par de años para trabajar. Y alguien puede tolerar ciertos chistes de bajo vuelo unas dos veces pero todo tiene un límite, sobre todo si tu Maestro te dice “no me apunte con esos cañones”. ¿No se supone que un Maestro de Ballet acostumbrado a ver todos los días a los bailarines debiera evitar este tipo de groserías? Esa fue la frase que Regueiro usó con Andrea y que se trata de una desubicación absoluta. Y no engancharse en la “onda” también trae aparejadas consecuencias.

Supuestamente, en relación al pedido de apelación por parte de la bailarina, ha debido de reunirse el Instituto de Música y Danza para tratar el tema. Pero resulta que las actas de lo allí tratado no existen. Y la disposición está firmada por Leandro Regueiro con tres articulados en donde no hay vuelta de hoja y en la que expresa “inconducta” por parte de la bailarina y en la que se aduce reacción “violenta y grosera” de ella hacia sus superiores.

En el camino a la revocatoria, por supuesto, ningún funcionario intervino ni siquiera para preguntarle cómo fueron los hechos. “Si no le gusta el sistema haga juicio a la provincia” fue la respuesta de uno de los funcionarios.

Todo esto derivó en la conformación de un expediente, el Nº 289-690/09. Pero lo expuesto hasta aquí no concluyó allí.

Con un diagnóstico en mano de “mobbing” emitido por una Junta Médica 1º por SIMELA luego por SIGMA, Andrea Martínez toma licencia por largo tratamiento. Por un pase firmado por la Coordinadora Administrativa y de RRHH de la Secretaría de Cultura, Marta Salazar y avalado por Mariano Ovejero y Claudio García Bes, con el consentimiento del Asesor legal Bernardo Cornejo, se notifica a la bailarina que se le realizará una Junta Médica en el Hospital de Salud Mental “Dr. Miguel Ragone” el 24 de setiembre de 2009. Esta Junta va por fuera del sistema legal de los empleados estatales, por supuesto. Nadie en su sano juicio aceptaría ser cómplice de una irregularidad semejante.

Pero este episodio no llegó así nomás. Parece ser consecuencia de una nota firmada también por Marta Salazar, en la que coloca juntos a Manuel Izcaray y a Andrea Martínez - ambos son pareja-, con fecha 14 de julio de 2009, en donde incluso sugiere que a la bailarina no se le paguen los haberes correspondientes al sueldo de julio de 2009, sobrepasando los límites estipulados por ley. Aquí se evidencia que toda esta situación tiene un factor personal.

En todas y cada una de las notificaciones para Andrea, se coloca un cartel que dice “sin estabilidad”, aclaración que tiene un tono peyorativo hacia la situación laboral de la bailarina.

Durante el mes de julio de este año, y por Disposición Nº 013/09, Andrea Martínez recibe un llamado de atención firmado por Regueiro por haber faltado a un ensayo obligatorio de manera injustificada según el Mtro., lo que no dio lugar precisamente a la justificación pese a que Martínez avisó que se sentía mal y se retiró por tal motivo.

De todos las sanciones aquí nombradas, se produjo el descuento en los haberes.

En marzo de 2008 Andrea se lesiona. Como castigo a una lesión- cosa que es involuntaria- la dejaron sin bailar durante mayo en forma completa. Es decir, no pudo hacerlo en ese programa por razones obvias y no puedo hacerlo luego por razones inexplicables.

El BPS no paga por dedicación exclusiva pero los bailarines no pueden realizar tarea alguna sin el permiso obligatorio de Regueiro. Para cuando Martínez solicita un permiso en el mes de febrero para participar en un Festival Internacional “Unidos por la danza” que se realizaría afuera del país del 14 al 21 de marzo, no se le responde nunca. Ya había sucedido el episodio por el que se desata el mobbing. Pero entonces, el mismo sistema que no le permite trabajar en un ámbito cordial es el mismo sistema que no le permite trabajar en ningún lado, una especie de esclavitud encubierta bajo las formas de “prohibiciones” según artículo 3 del Reglamento interno.

Si a alguien no le había quedado claro el tema, funcionarios y no funcionarios, es porque realmente no existe la voluntad de entendimiento. Hasta aquí, he tratado de comunicar de la manera más sencilla posible, los hechos por los que se acusa de mobbing a la dupla Regueiro-Ivanoff.

Cuando en un comentario del foro en la nota que figura al pie de este artículo pregunté si acaso bailan para Hitler, no había imaginado siquiera que se podía estar rozando con tan horrible idea.

- Nota relacionada:

Ballet: acusan de “Moobing” a la dupla Regueiro-Ivanoff
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