“El Hombre de la Mancha” con Cibrián, Lavié, Milone y elenco: un canto a la utopía

Ovacionados largamente en su función de anoche en el Teatro del Huerto, Salta, esta versión cibrianesca conserva la esencia cervantina. El musical explora las profundidades del alma lo mismo que la obra literaria consagrada como la novela de las novelas. El musical de los musicales tiene el aura propia del arte. Resplandece. Brilla. Destaca la magnitud del ideal y se asienta en los principios de la justicia, el amor y la libertad.

El título contiene una doble alusión: al creador de El Quijote, Miguel de Cervantes Saavedra, y al personaje que inmortalizó al autor, Alonso Quijano, Quijote.

El marco en el que se desarrolla la obra es en la cárcel donde Cervantes engendró El Quijote de la Mancha. El poeta interpretado por Pepe Cibrián Campoy en una actuación cumbre, es apresado, en esta versión, junto a Anacleto (su secretario), rol que le cupo a Raúl Lavié, quien además compone magníficamente a Sancho. Allí será juzgado, primero por los presentes quienes resolverán si los escritos merecen conservarse; después por la Inquisición, de la que se salvará o no de la muerte. Este episodio funciona como contenedor del resto del musical teatral y corresponde a un hecho vivido realmente por Cervantes durante 1597 en la Cárcel Real de Sevilla. Allí crea su celebérrima novela, parodia del género caballeresco. La acusación que pesaba contra él no era precisamente por “pensar” (como aquí, sugerencia de un cuadro político que todos conocemos muy bien en la historia argentina) sino por sustraer fondos públicos cuando desempeñaba el cargo de recaudador de impuestos. En las quijotadas cibrianescas el protagonista exclama “los hechos distorsionan la verdad”, así que nada confirma que esa “carga” al escritor haya sido cierta.

En esta adaptación del libreto de Dale Wasserman, se muestra cómo Alonso Quijano se convierte en caballero y centra la mirada en la elección de su “noble” dama a quien ve no en su apariencia y su desdichada miseria como ramera de una posada, sino en su condición de mujer, en su dimensión extra-carnal. Aldonza Lorenzo es una mujer-objeto, celebrada por los hombres del pueblo en sus más bajos instintos sexuales. Increíble trabajo técnico de Cecilia Milone a nivel musical y a nivel compositivo. Aldonza, maltratada, denigrada y desalmada, rechaza en un principio la idealización de su caballero encarnado por Cibrián, y responde con dudas. La transformación en Dulcinea no sólo es una aceptación a convertirse en el ideal amoroso del noble empobrecido, sino que se constituye en el rechazo a su vida fácil. Comprende los valores del ser humano, pero sobre todo, recupera su dignidad de mujer. Fuertes escenas, muy bien logradas, tienen como protagonista a esta artista que logra imprimir a su criatura una potencia avasalladora. Un personaje muy bien explotado a partir del talento artístico de quien lo compone.

La obra marco permite que, al colocar a Cervantes como narrador de la historia, puedan sucederse episodios de El Quijote, como el de los molinos y el del posadero cuando el Hidalgo es armado caballero. Permite la entrada y salida de la historia en una estructura de cajas chinas: una obra dentro de otra. El principio constructivo del musical es la metateatralización. Los “presos” actúan los personajes de El Quijote y ello posibilita la conservación del tono sarcástico, humorístico e irónico que tiene la novela, puestos ahora en esta versión. Se lucen los artistas Hernán Kuttel, Gastón Avendaño, Lucas Arbúes, Alejandro Poggio, Christian Alladio, Bruno Pedicone e Ivano Nardacchione. Un elenco fantástico. El efecto del distanciamiento por lo que se descubre el artilugio “esto que vamos a hacer es una representación”, agrega un nuevo condimento a la modernización del musical, que instala técnicas viejas a nuevas formas. Un acierto.

La aventura es posible porque la magia del teatro funciona, ya que el espectador recupera eso que dijo Eduardo Galeano en un artículo de prensa del 2005 acerca del manchego y su mirada: “El mundo que necesitamos, no es menos real que el mundo que conocemos y padecemos”.

Cervantes personaje del musical, autor real de El Quijote, una novela llena de paradojas, una obra polifónica, hace gala de su propio remedio para “soñar lo imposible” (frase pivote del espectáculo) cuando se quijotiza a sí mismo y expresa en su defensa ante los presos: “veo la realidad no como debiera ser, sino tal cual es”. Así, la realidad está teñida de imaginación y el lenguaje la inventa. Con ello se posiciona en la plena absurdidad de su creación en este Cervantes ficcionalizado, especie de homenaje al olvidado Cervantes real, e instala la máxima contradicción del realismo: ¿qué es la realidad?

Para León Felipe tanto los ojos como la conciencia de Don Quijote “ven y organizan el mundo no como es, sino como debiera ser”. Por eso es paradojal el anuncio del Cervantes de ficción. Pero en verdad, cuando el escritor personaje ve tal cual es la realidad, alude a una metaforización de la utopía: las mujeres no son prostitutas sino damas, el insulto es un yerro circunstancial y los gigantes (el miedo, la cobardía, la maldad, la tortura) son combatibles.

La voz del Quijote tanto en el musical como en la novela, imita un estilo arcaizante que resulta anacrónico con relación al registro de los otros personajes. Por ello su locura irreverente y creativa desafía la vulgaridad y propone una suprarrealidad.

“El Hombre de la Mancha” es un espectáculo total, conmovedor y fascinante. Sus valores e ideales van a contramarcha de la fealdad del mundo en una visión esperanzadora de la humanidad: el hallazgo de una esencia perdida, el origen de un mundo mejor.

El doble papel de Pepe Cibrián Campoy (Cervantes-Quijote) constituye su consagración en la escena. Una interpretación que ennoblece las figuras de quienes representa.

Música (Mitch Leigh) y letras (Joe Darion) bajo la dirección musical de Ángel Mahler, sumado al vestuario (Camila Torres), escenografía y luces, le agregan la vital importancia que revisten los signos de la puesta.

La propuesta amplía la lectura de un clásico de la literatura universal para remover la conciencia, gozar de la virtud y disfrutar del arte músico teatral. La vida es una auténtica aventura donde los sueños son posibles. Un diálogo con el interior de nuestro ser. Exquisita!

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Mensajes

  1. La obra es muy buena y muy buenos los actores. Entre ellos la persona de Cecilia Milone es extraordinaria. Cada día actúa y canta mejor. Sorprende que el cine nacional no la tenga entre sus mejores figuras.La obra sólo tiene un defecto: le falta un poquito de españolidad. Ese salero que subyuga con tan típica fascinación.

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