Destino Neuquén

El viernes partió Elsa hacia un destino, quizá, definitivo. Su proa la llevó a nuevos lugares de reencuentro, puesto que va a conciliar sus desataduras familiares. Allá la espera su única hija expectante y Ella saldará deudas de la vida por cerrar, reencuentros esperados. Se hartó de convivir con su propia soledad, en ese cómodo departamento de planta alta. Antes de partir me dijo.- “Sabés qué Juan, estoy hambrienta de nietos…de ver correr niños a mi alrededor…” Yo, con mi más o menos, le hablaba de mis nietos y del cariño que recibía de ellos, casi como atestiguando la ley de la vida. Sí para el varón los nietos son una necesaria prolongación y mejor compañía, qué pensarlo para una mujer que está equipada, biológicamente, para portarlo en su cuerpo.

Hice una fugaz retrospección de los paso de Elsa, hasta este presente de partida. Los primeros años la vieron nacer y criarse en Buenos Aires (Capital), con su padre Ingeniero que la instaba a que siguiera sus pasos matemáticos, pero renegó de la herencia a recibir las cosas armadas y prefirió satisfacer sus propios deseos, muy distantes del mandato paterno , ingresando, sin reparos en la carrera de Agronomía hasta egresar sin dificultades y hacer sus primeras experiencias en el INTA, comenzando, exitosos periplos por este instituto, siempre con ese entusiasmo de progresar profesionalmente. Al final recaló en Salta, donde formaría su familia y dos hijos, tan independientes y libres como ella.

La perfección no existe

Todo lo agradable de Elsa, lo fulminaba en sus posturas políticas y, su ideología antiperonista irreconciliable, por ello de que lo que se hereda no se hurta y las posturas familiares abrevadas de su padre industrial, germinaron con fuerza en su persona, no reparando ser producto de la educación pública y la Universidad de la misma índole. El peronismo y luego el Kirchnerismo fueron mala palabra en su posición de clase. Se mixturó del “cholaje” salteño, sintiéndose distinta al común de la gente, cual si la universidad no hubiera impreso el sello nacional de los 60-70., renegando que en la dictadura y años subsiguientes, tuvo que amasar en casa para subsistir. Sacó, nuevamente, la nariz con Cristina y sus políticas sociales, pero no hay peor ciego que el que no quiere ver. Su negación fue hermética, reconociendo únicamente, que las bibliotecas barriales estaban mejores.

Me gustaba mucho compartir siestas de café, pero su ceguera política, me fue distanciando, ya que cuando las diferencias de pareceres se distancian, abismalmente, los sentimientos también se separan y los afectos se van enfriando. Nos dejamos de ver, a pesar que insistió con sus invitaciones, pero Yo también entré en una cerrazón mental, que el que no está con el pueblo, está en su contra y los únicos que poseen programas sociales de inclusión es el peronismo revolucionario. No queda dudas de que la derecha es lo más antipatriótico y antipopular existente y la salida nacional es el populismo democrático, les guste o no. La instalación del Macrismo antipopular, quedó plasmado que logró lo que logró, fue por su fenomenal “campaña de mentira”, que engañó infantilmente a las clases obreras, creándole una futurología delirante, imposible de cumplir en su lógica racista.

Final feliz

Estoy convencido de que la vida nos coloca en el lugar preciso y Elsa, que sigue siendo una excelente persona, partió hacia dónde será feliz, por estar con su hija, pero también, por compartir su cotidianidad con seres que ven la vida, como los Barilochenses, desde el ombligo del mundo y poco les interesa ser argentinos/chilenos/brasileros/germanos o cualquier habitante del planeta. El frecuentar el roce con ese cosmopolitismo, le hará creer que es de ningún lado y de ninguna parte, sobre todo, esencialmente, argentino.

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