
“Cristo no me discrimina”
(Enviado especial) Dos carteles. “Dios creó a Adán y Eva y no a dos adanes y dos evas” (en el Congreso) y “los mismos derechos para nuestros hijos gays y sus hermanos heterosexuales” (en el obelisco). La prédica religiosa y la fiesta gay.
Cerca de 50 mil militantes cristianos católicos y evangélicos se apiñaron anoche frente al Congreso para rechazar el matrimonio entre personas del mismo sexo. En el obelisco unos 5 mil jóvenes manifestaron a favor del matrimonio igualitario.
A las 18,30 –hora prevista para el acto- llegamos caminando por Rivadavia a la plaza del Congreso donde una multitud con banderas y globos naranjas se congregó por espacio de unas dos horas para “defender a la familia” y “por el derecho del niño a una mamá y un papá”. Jóvenes de colegios religiosos, feligreses de parroquias y templos, gente de clase media y alta con sus hijos.
Se leyó un texto del cardenal Bergoglio, que pareció un tanto suave y diplomático frente a lo que se difundió luego como posición de las iglesias evangélicas, que relacionó la homosexualidad con la drogadicción, la prostitución, la infidelidad y la destrucción de los valores sociales.
Un grupo de folclore tradicional y una típica orquesta de rock cristiano amenizaron el acto, y pusieron en evidencia que en su mayoría los grandes artistas o se pronunciaron a favor del matrimonio gay o al menos no salieron a hablar públicamente en contra, al punto que hubo un festival con grandes figuras de la música popular a favor de la ley que este miércoles tratará el Senado. Lo más creativo: la canción creada en San Juan a favor de la familia con papá y mamá que le cambia la letra al tema musical que identificó al mundial de fútbol de Sudáfrica.
El tono del acto en el Congreso fue mesurado y respetuoso, a mitad de camino entre la solemnidad de las misas y la alegría moderada de los cultos evangélicos. Detrás de todo eso se podía entrever cierta preocupación y temor frente al inminente cambio de un paradigma moral y jurídico y hasta una indignación contenida del que tiene que salir a luchar por lo que le parece indiscutible.
Un cartel decía: “Dios creó a Adán y Eva, no a dos adanes y a dos evas”. Otro denunciaba que el matrimonio gay es “abominación” y remitía a textos del Levítico y a las cartas de San Pablo.
Una fiesta multicolor
Terminado el acto cristiano en el Congreso a las 20,20 con la entonación del himno, uno podía caminar tranquilamente por Callao hasta Corrientes y de allí bajar hacia 9 de Julio para encontrarse con la manifestación convocada para las 20,30 en el obelisco por el Instituto Nacional contra la Discriminación. Concentraciones similares se hicieron en otros cinco puntos de la capital y muchos del interior, incluída Salta.
En el obelisco, como en el Congreso, se apostaron camiones de cadenas televisivas con camarógrafos y cronistas. Mujeres socialistas y la agrupación cultural Negros de Mierda estaban presentes con carteles y militantes.
El ambiente era festivo, con banderas multicolores (incluso se izó hasta el tope del mástil que está frente al obelisco), pitos, cornetas y vuvuzelas. Es que la consigna convocante del INADI era un “ruidazo”, por lo que se alentaba a los automovilistas a tocar bocina, cosa que éstos hacían y provocaba el festejo y los aplausos de los manifestantes que los interpretaban como un apoyo a su lucha. Fue una fiesta que duró dos horas hasta las 22,20 y no cesó incluso cuando empezó a lloviznar alrededor de las 22.
Un hombre pasó gritando ¡vamos los putos, que esta vez ganan! Turistas brasileños simpatizaron con la manifestación y contaron que en Brasil la presencia gay es fuerte pero no hay una movida por el matrimonio.
Cuando el semáforo detenía el flujo de vehículos, los manifestantes se colocaban sobre la calle Cerrito y la Corrientes, mostrando carteles, tocando silbatos y vuvuzelas y agitando banderas.
Un señor mayor con una joven rubia sostenían un cartel con la leyenda “Los mismos derechos para nuestros hijos gays y sus hermanos heterosexuales”, con la firma de padres, familiares y amigos de gays y lesbianas y el nombre de una página web: www.familiaresdegays.org
Un chico de unos quince años, fino y espigado, de tez clara y cabellos negros, mostraba un cartel que decía “Cristo no me discrimina”. Al conversar con él supimos que en realidad es una joven de 22 años. Florencia (a quien sus amigos llaman Flor) es budista, pero prefirió poner a Cristo en el cartel. “Porque acá Buda no significa tanto”. Cuando viajó al norte del país sintió la discriminación y la objetó: “¿cómo pueden discriminar si son descendientes de indígenas a los que los españoles masacraron?”.
Los padres de Flor son católicos y cuando les reveló su condición sexual, a los 16 años, la echaron de la casa. Hoy dos de sus parientes la aceptan y si bien mejoró la relación con los otros, aún la siguen rechazando. La belleza de su rostro y la serenidad de su mirada parecen desmentir su historia triste, que muestra que Buenos Aires –aunque menos cruel que las provincias- está lejos de ser el paraíso gay que muchos suponen.
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