De nuevo, Karl y sus circunvalaciones alrededor de los precios –II

Hasta las teorías “… desmitificadoras, como … el deconstruccionismo o el marxismo … , evitaron … (hablar de lo que es) … determinante … (en la) cultura occidental moderna … (:) … el imperialismo”, en virtud de que tales corrientes no enfocaron el arte y la cultura en calidad de “… motor ideológico autoconfirmador …” de las aspiraciones imperialistas –lo resaltado es nuestro

Said, Edward Wadie: Cultura e imperialismo, Companhia das Letras, São Paulo, 2011, 85 [en más de una ocasión, se me tuvo por terrorista académico y habitado por una locura revanchista acusadora, pero al observar una sentencia desorbitada, en la que son desestimados clásicos del “marxsisme”, se piense lo que se crea de ellos…, que meditaron acerca del imperiismo y que atendieron cómo se asocian los ámbitos que indica Edward, con la expansión imperialista, no podría sino alucinar que hay quienes están autorizados a esa clase de reduccionismo militante, como Wadie, sin que se levante una voz, y no podría sino imaginar que existe en las instituciones universitarias ese tipo de jibarismo intelectual, el cual es estimado –Said no teme enlodarse en el determinismo que le achacaron al nieto de Levy (es una pena, a causa de que Wadie escribió libros con títulos como Reflexiones en torno al exilio y Fuera de lugar, cuestiones que me son íntimas desde hace décadas)–]

Aun cuando Gilles sostenga lo opuesto, “… Deleuze … no hace temblar la lengua …” La manera de redactar de Louis René y de otros, es “… muy sedentaria … ” y clasicista* –por eso es que intenté cambiar los instantes dialécticos, dando espacio a lo que asoma manierista, para que siempre o cada tanto, se altere mi estilo, ritmado con y por esa “dialectique” que se modifica y que es plausible que no haya llegado a su forma acabada [estando, siendo, no dejando de estar sin familia, sin familiares, casi sin amigos, mis territorios sin lugar, de exilio aromatizado, serían una cadencia, una melodía, una tonalidad dialéctica que suspirarían los anhelos (ni siquiera poseo o me atrapa un idioma materno, en virtud de que estoy entre dos lenguas, escribiendo en un idioma y no manejando la otra lengua, sin ser ni lo que era, ni otro, a pesar que pueda ser otro, otro en tanto no soy ciudadano del Estado en el que respiro en 2016 y en cuanto me encuentra en otras orillas, porque vivo en la ribera de los afluentes del Río Paraná)]

Roudinesco, Élisabeth y Jacques Derrida: Y mañana, qué…, FCE de Argentina S. A., Buenos Aires, 22

Intermedio

* Clasicista o no, más sedentario que nómada o no, el amigo de Pierre-Felix, que es desechado con premura por Élisabeth**, inauguró el “Esquizoanálisis” y articuló nociones disparadoras, tales como la de lo Ideal***, distinta a lo Imaginario de Lacan, y como la de lo Virtual, diferente a lo Simbólico de Émile, desplazando lo Imajinè por el concepto de “Imaginación” y lo Symbolický por la categoría de “Razlog”.

A lo precedente, el docente en Vincennes añadió la idea de lo Actual.
Tenemos lo Real, lo Virtual, lo Ideal y lo Actual, en sustitución de lo Real, de lo Simbólico y de lo Imaginario.

En paralelo, el a veces delirante Guattari, creó nociones como las de extraconsciente**** y de “infraconsciente”*****, que complementan al concepto de Inconsciente.

** Roudinesco, Elisabeth: História da Psicanálise na França. A Batalha dos Cem Anos, Volume 2: 1925–1985. Jorge Zahar Editor Ltda., Rio de Janeiro, 1988, 625.

*** Las nociones en la tarima, aparecen entre otras obras, en Deleuze, Gilles Louis René: La imagen–movimiento. Estudios sobre cine 1, Paidós Ibérica S. A. Ediciones, Barcelona, 1984.

-  Presentación de Sacher-Masoch. Lo frío y lo cruel, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 2008 [en una exiguas páginas y no en infinitos y estrambóticos seminarios del ritmo de los que impartía Lacan, Gilles separa las pulsiones de Eros y de Thánatos, de los instintos de existencia y de muerte; distingue el sadismo del masoquismo, impugnando que haya un sadomasoquismo; considera que el sadismo es la supremacía estructural de un Superyó cruel, con un Yo que es un Ideal del Yo , personificado en las víctimas del sádico; pondera que el masoquista detenta un Yo sin un Superyó******, el que se instala en quien da los golpes, el cual es un Yo Ideal (ni el sadismo, ni el masoquismo, se conectan con el dolor ni con lo sexual, sino con una peculiar manera de repetición de la compulsión a la reiteración –se considera que el Principio del Placer es un axioma que gobierna la vida psíquica y al Ello, a causa de que la Repetición antecede al Principio del Placer e impulsa que ese axioma sea un Principio–)].

Cuando comencé a leer al co autor del Anti–Edipo hacia 1988, habiendo consultado a Freud desde 1984 sin haber pasado por Émile, y comenté lo que encontré en Louis René, los profesores de la Facultad de Humanidades que me escucharon y que accedieron a Lacan por la intervención de terceros…, se apresuraron a ningunear tamaña osadía.

**** Por mí mismo, sumé las categorías de Inconsciente epistemológico, metodológico, científico, ideológico, entre otros conceptos.

Guattari, Pierre-Felix y Toni Negri: Cartografías del deseo. Ediciones La Marca, Buenos Aires, 1990, 181.

López, Edgardo Adrián: ¿La espalda de Marx? Su polvo de éter y olvido (I). Equívocos que hicieron de la revolución libertaria, una pesadilla, Editorial Académica Española –EAE–, Alemania, 2014.

***** Guattari, Pierre-Felix y Toni Negri: ídem, 55.

****** En la probabilidad de que el sádico sea un sujeto que posee un Superyó atormentador, sin que detente un Yo y en la alternativa de que el masoquista tenga un Yo sin el correlato de un Superyó, se estimula la noción de que son plausibles edificaciones del psiquismo que no transiten por las indicaciones de Sigmund y de Émile.

Eso conduce a que quizá, sea factible que en el porvenir, los individuos no se estructuren con la experiencia de (in)satisfacción, con la Ausencia, con el Complejo de Castración, con lo Simbólico, con lo Imaginario, con lo Real, tal como lo esgrimimos en http://www.salta21.com/Restaurar-al-verdadero-Marx.html.

El revés,
el envés
la otra cara–
escrita
va
como mensajera
a punto
de estallar
hablar
las palabras
Hiciste
girar
las horas
sobre
el pobre
eje
de mi cuerpo

“Dì yī” Cuartidad. Doble negación

En el artículo precedente (ver http://www.salta21.com/Otra-vez-el-barbado-de-Trier-y-su.html), habíamos abocetado un ingreso en una cuestión que todavía no planteamos. Ahora, estamos en condiciones de encarar el asunto.

Podemos decir que se aprecia que en el régimen burgués hay un costo de fabricación mínimo para el capitalista; es el que el empresario alucina como imprescindible para comenzar un negocio (1): c + v –Marx, 1975 b: 66/67. Luego, viene un insumo de producción inmanente –2–, compuesto por c + v + pl (op. cit.: 67–68).

En ese punto, cabe señalar que las contradicciones de economistas vulgares reasegurados por el fetichismo de las ecuaciones, al estilo de Wassily o de Robinson, les impide percatarse de lo que sostienen. V. g., Leontief opina que la hipótesis del valor tiene que ser descartada (1980: 103) y en el mismo movimiento, sugiere que las naciones pobres –que “no saben” aprovechar sus recursos (1993: 97)– generan escasos alimentos por unidad de superficie y por hora–hombre (ibíd.), lo que implica dejar ingresar por la ventana lo que se expulsó por la puerta.

La economista keynesiana pincela que el suegro de Lafargue no efectuó una demostración satisfactoria de su teoría del valor y simultáneamente, cree que la práctica demuestra por sí que una hora–hombre de trabajo es la medida de valor más razonable (1985: 204).

Retomando las aseveraciones acerca de los gastos, desde una contabilidad más rigurosa, los costosvalor de fabricación están hilvanados por “c + v + pl e” –3–, donde “c” es el capital constante, “v”, el variable y “pl e” es el supervalor extrínseco. Esto es, “pl e” es el porcentaje de plusvalía que el capitalista logra apropiarse efectivamente y que por ello, se distingue de “pl i” o del supervalor intrínseco (4), el cual es el valor que se modela en el seno del devenir creativo de tesoro –Marx, 1975 a: 30, 33. En este aspecto, puede aceptarse un error común en los socavadores de “Karell”, en los marxistas y en los manuales, dislate que consiste en homologar la plusvalía con el lucro: el supervalor que es idéntico al beneficio, es la plusvalía extrínseca y la ganancia de la que se trata, no es el lucro estocástico o la ganancia media, sino el beneficio a secas. Empero, eso es de esta guisa en virtud de que pl e como lucro es un porcentaje de pl i y no pl i, con lo que el beneficio conserva su diferencia con el supervalor.

Por añadidura, pl i no puede ser apropiada completamente por pl e o por g, por lo que en realidad lo que de pl i se convierte en lucro es

pl i = (pl e – Δ pl e)

Insiste una pérdida o extravío, pérdida entrópica que es la segunda merma que registramos (la primera fue la imposibilidad de que los valores se transformen en precios al cien por cien). La supervalía extrínseca no puede convertirse al 100 por 100, en beneficio y un empresario únicamente, puede transformar pl i en g, si no puede convertir pl i en pl e por completo.

Los insumosvalor son idénticamente el precio –5– que el burgués debe pagar para producir determinada cantidad de supervalía (1975 b: 182 –tenemos entonces, precios/valor de producción).

Los gastos mencionados son llamados por el forastero de Occidente también como “costos de la fabricación” –6– (1971: 456), con el objetivo de deslindarlos de los precios de producción a los que bautiza de “insumos ‘ampliados’ de fabricación” –7– (antes que asome un Negri alcoholizado o un Coriat no menos ebrio, digo que el vocablo fabricación se emplea para esquivar las redundancias que malogran el estilo y no porque reduzcamos la producción capitalista a las industrias).

Los precios convocados incluyen in stricto sensu, c + v + gm1 –8–, donde
gm1 es la resultante de pl/ct, tal que “ct” es el capital global.

Ese precio es el precio natural (Marx, 1975 a: 179–180, 182/183, 300), “necesario”, normal –loc. cit.: 340– o suficiente (op. cit.: 300, 306). En simultáneo, es el precio “social” –9– de fabricación (1983 b: 312) o el precio que se debe pagar para producir determinada cuota de ganancia –10– (1975 b: 182).

Sin embargo, como existen casos en los que enormes burgueses capturan un porcentaje impactante de la plusvalía intrínseca y que atrapan un exceso por encima de lo dispuesto por la tasa general de beneficio, los precios de fabricación, con ese plus, serían el resultado de los “gastos–valor + gm2 + plus x” ó (c + v + gm2 + plus x) –12. En ese caso,

gm2 no es directamente pl/ct, sino que es (pl i/ct). A su vez, pl i no se puede calcular con precisión, por lo que pl i es

pl i = (pl i – Δ pl i)

Hay una tercera pérdida, que se agrega a las dos precedentes.

El lucro medio no es g sino el beneficio que se obtiene por esfera de actividad regional y/o nacional, de acuerdo a una cuota universal de ganancia –lo aclarado viene oportuno, porque Heinrich está pensando en inmensa escala cuando alude al beneficio estadístico. En determinadas circunstancias, cuando asoma un resto “x” sobre la tasa, la cuota de lucro queda como sigue

gm3 = (pl i/ct) + plus

Ese excedente por encima de la tasa, que se abordaría en gm3, es uno de los factores que estabilizarían la tendencia a la caída de la cuota de beneficio. En gm3, el Heinrich que apostillamos sumaría uno de los elementos que retardarían la baja de la tasa de lucro y/o que la mantendrían en cierto nivel por determinados periodos –gm3 se le escapó a los variados marxismos y a los desmanteladores sarcásticos de la cuota de beneficio (no la vieron ni de cerca…).

Si no se ubica ese plus sobre la tasa, gm3 es equivalente a gm2.

Si no distinguimos entre pl i y pl e, gm2 es la clásica gm1.

No obstante, pl i es en cierta escala, un monto indeterminado de pl ó Δ pl y una cantidad aleatoria de pl e ó Δ pl e. No obstante, Δ pl e es un guarismo que se extravía, por lo que

pl i = Δ pl – Δ pl e

Por lo anterior,

gm3 = (Δ pl – Δ pl e)/ct

Como pl e es g,

gm3 puede ser equivalente a (Δ pl – Δ g)/ct

Por otra parte, cuando no diferenciamos entre pl i y pl e, y cuando no existe un resto por encima de la cuota de beneficio, figura no sólo gm1 o la tasa de lucro erosionada por los Sraffa, sino que contamos con los precios de producción normales o con (c + v + gm1) –11.

Nos quedamos aquí, por el momento. La seguiremos en otro artículo.

- Nota relacionada:

Otra vez, el barbado de Trier y su decir sobre los precios –I
http://www.salta21.com/Otra-vez-el-barbado-de-Trier-y-su.html

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Mensajes

  1. Son estimulantes las notas del autor, especialmente si uno llega a la esencia del artículo, en este caso, Marx y los precios.
    Coincido con el autor, que el problema es la vulgarización de Carlos Marx, debido, creo, a no haber leido toda su obra, inconclusa por cierto, con lo cual, no solo se trata de leer sino de interpretar el método y la abstracción. Por ello la plusvalía es abstracta y la ganancia concreta, y los precios son el fenómeno y el valor la esencia.
    Solo le sugeriría el autor, menos devaneo sobre sus polémicas de pago chico y pago grande y concentrarse en el tema de fondo, que lo conoce muy bien!

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