Crece el escándalo por una dura pelea de YPF con su ex CEO, Miguel Galuccio

En su paso por la petrolera embolsó USD 80 millones. Pero nuevos proyectos de inversión que encabeza pusieron al actual management en alerta máxima. Duras críticas por su paso en la compañía durante la gestión K

Miguel Galuccio siempre tiene un conejo más para sacar de la galera. No por nada lo conocen en el mercado petrolero como "El Mago". Aunque quiso continuar como CEO de YPF, finalmente fue despedido en marzo del año pasado por el Gobierno de Mauricio Macri. Pero lejos de achicarse, el ejecutivo entrerriano siguió su carrera ascendente: volvió a la compañía donde ya ocupaba altos cargos hasta el 2012, la gigante de servicios petroleros Schlumberger, cuya base operativa se encuentra en Houston.

Pero si bien de YPF se fue por la puerta de atrás, se trató de un regreso con gloria a la empresa que lo vio crecer y donde desarrolló la mayor parte de su carrera profesional. Hace un mes consiguió que lo nombraran nada menos que integrante del directorio mundial. Un cargo soñado para cualquier ejecutivo de la industria.

La noticia cayó como una verdadera bomba en el nuevo management de YPF, donde acusan a Galuccio de haber provocado millonarias pérdidas a la empresa, sin mencionar el alto nivel de endeudamiento en el que incurrió.

Esos fondos que consiguió la compañía cuando el Gobierno de Cristina Kirchner tenía vedado el acceso al mercado internacional (entre 2012 y 2015) fueron a parar a la basura. O mejor dicho a una serie de exploraciones en pozos verticales en Vaca Muerta a los que no se le pudo extraer una sola gota de petróleo. Chevron, la empresa que pisó primero con un contrato que se mantuvo oculto varios años, fue socio en esas millonarias pérdidas. Se estima que la compañía norteamericana hundió USD 2.000 millones que nunca recuperará.

Pero el CEO de YPF, Miguel Ángel Gutiérrez, que ya asumió hace un año en la empresa, decidió no quedarse de brazos cruzados. Según pudo saber Infobae envió una carta de puño y letra a Schlumberger. En la misiva intimó a la compañía a mantener a Galuccio fuera de cualquier negocio que la compañía pudiera desarrollar en la Argentina. El motivo es obvio: el manejo de información privilegiada y confidencial tras haber estado cuatro años al frente de YPF. La empresa contestó y se comprometió a mantener al "Mago" lo más lejos posible de la Argentina. Un intercambio epistolar que quedó ahí, pero podría ser la antesala de acciones legales en el futuro.

Quienes conocen a Galuccio saben que no piensa quedarse de brazos cruzados. Por lo pronto amasó una increíble fortuna durante su gestión en YPF que lo habilitan ya a ser un jugador importante en el exclusivo mundo petrolero. Se calcula que durante el Gobierno nacional y popular que lo contrató su patrimonio se incrementó en nada menos que USD 80 millones, pese a que la empresa perdió casi 50% de su valor. Sin lugar a dudas uno de los nuevos millonarios tocados por la varita mágica de la era K. La cifra igual es menor al lado de los USD 5.000 millones que el entonces ministro Axel Kicillof decidió pagar para quedarse con el 51% de YPF. Luego de un fuerte rally, la acción pasó este año desde USD 17 a USD 25, un incremento del 50% en tres meses, acercándose a la valuación que le dio el Gobierno de Cristina a la compañía en 2012. La caída del precio del petróleo fue la explicación para el derrumbe del papel en los últimos años, pero en realidad terminó solapando los graves errores de gestión kirchnerista.

En relación a la deuda, la situación es delicada. La orden de Gutiérrez, ex CEO de Telefónica y con elevado expertise financiero, fue congelar nuevas emisiones de la empresa, imponiendo una regla de hierro: el nivel de endeudamiento no puede superar dos veces las utilidades de la empresa. Y ese nivel ya había sido alcanzado en la gestión anterior, por lo cual la única colocación en los mercados sería para refinanciar vencimientos. Esto, por supuesto, limita la expansión futura de YPF, al ver limitado el apalancamiento vía créditos internacionales.

Quienes consideraron que el empresario no estaba dispuesto a quedarse en el "molde" no se equivocaron. Dispuesto a no perder el tiempo y aprovechando sus contactos internacionales, Galuccio decidió abrir un nuevo fondo de inversión cuyo objetivo será invertir en distintas zonas petroleras del mundo, especialmente Latinoamérica. Y consiguió un sponsor de peso: se trata de Riverside, un fondo de capital privado (private equity) especializado en invertir en oportunidades de inversión en negocios de alto potencial, que ya integró los primeros USD 50 millones.

La noticia no cayó precisamente bien en YPF, pasando a ser tema obligado en los pasillos del edificio de Puerto Madero que construyó Repsol. Peor aún cuando el ex CEO empezó a reclutar valioso management de la empresa para llevarlo a su nuevo emprendimiento internacional.

A sus oídos llegaron las advertencias de todo tipo desde la Argentina. "Por acá que ni aparezca después del desastre que dejó", repiten altas fuentes del Gobierno. Galuccio jura que no pisará suelo argentino, sino que le interesa el mercado mexicano. Uno de sus socios allí sería nada menos que el ex director general de Pemex, Emilio Lozoya. Este alto ejecutivo perdió su puesto en la principal petrolera mexicana en febrero último, en medio de acusaciones de haber recibido sobornos millonarios de Odebrecht, la constructora brasileña que esparció sus prácticas corruptas en la región. El Consejo de Administración de la compañía decidió investigar el origen de estos contratos y puntualmente la actual de quien sería el nuevo socio de Galuccio. En su paso por YPF, Galuccio embolsó USD 80 millones. Un nuevo millonario tocado por la varita mágica del Gobierno nacional y popular de Cristina.

Sin embargo, nadie se termina de creen en el mundo petrolero esta suerte de compromiso no escrito de "no competencia". Con el conocimiento que adquirió Galuccio del mercado petrolero argentino en los últimos años (y la información única por haber trabajado en la petrolera público-privada), resulta difícil que no vuelva a la carga. Por supuesto desde YPF dejaron en claro que las puertas están cerradas para cualquier negocio que lo tenga como "facilitador". La incógnita es si alguna otra empresa con fuerte presencia en el mercado local podría terminar asociada. Pero saben que se expondrían a un enfrentamiento con la Casa Rosada.

Lo que nadie se explica aún es por qué nunca se mencionó a YPF como parte de la "pesada herencia". Una explicación razonable es que la compañía precisa seguir operando en el mercado y ganar reputación. Dejar a la luz del día todos los desmanejos acumulados en los últimos años sólo complicaría más las cosas para el actual management.

- Infobae

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Mensajes

  1. Este es uno de los grandes versos del gobierno "nacional y popular" (y antiimperialista) que dirigió el país durante doce años.
    Después del paso del ingeniero Galuccio por YPF -adonde llegó bendecido por Cristina Kirchner- los muchachos de la Schlumberger Limited, que nunca dejaron de ser sus verdaderos patrones, lo recompensan ahora con un alto puesto en esa inmensa multinacional. Pregúntense ¿qué méritos pudo haber hecho Galuccio como CEO de la empresa más importante de la Argentina para que ahora la Schlumberger lo premie de esa manera?
    Otra, a principios del 2012 cuando Cristina decidió la estatización de YPF, el capo máximo de Repsol, Antonio Brufau, se plantó y dijo "Si quieren la empresa se la vendo toda, previo pago de 10.000 millones de dólares que es lo que vale. El compañero marxista Axel Kicillof le respendió "Ni en pedo, YPF vale mucho menos que eso". ¿Como terminó la historia? Cristina y Kicillof le compraron solo el 51% de las acciones y por ese paquete le pagaron 5.500 millones de dólares ¡más de lo que Brufau pedía!. Regla de tres simple básica.
    Los compañeros kirchneristas y todo el zurdaje criollo (perdón, toda la izquierda argentina) que hacen causa común con ellos deberían informarse bien antes de hablar o escribir sobre las virtudes antiimperialistas del gobierno que se fue en el 2015. Después de todo, leer e investigar antes de escribir o hablar no le hace mal a nadie, compañeros.

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