Concierto de Navidad

Lépez y Robinson. Perfectos. La segunda parte estuvo dedicada al Adviento, tiempo establecido a la espera de la llegada del Niño Jesús. Dentro de la producción vivaldiana, este Gloria ocupa un lugar preponderante y realmente significativo. El coro de la UCASal afinado, potente, de clara dicción.

Salta, sábado 19 de diciembre de 2015. Catedral Basílica. Solistas: 1) Emilio Lépez Alonso (oboe) y el sobresaliente invitado Nicholas Robinson (violín). 2) Magdalena Soria y Rossana Martínez (sopranos). Sandra Sauad (contralto). Coro de la Universidad Católica. Grupo de Cámara de la Orquesta Sinfónica de Salta. Director. Maestro Jorge Lhez. Compositor: Antonio L. Vivaldi (1678-1741). Obras: Concierto para oboe, violín y cembalo en si b. mayor RV. 548. Gloria en re mayor RV. 589. Aforo 100%.

Vivaldi escribió dos conciertos para la combinación Violín-Oboe. El escuchado esta noche está compuesto alrededor de 1720 y es uno de los muchos escritos para combinaciones instrumentales. Tiene la típica estructura allegro-largo-allegro y el protagonismo está dividido alternativamente entre los dos solistas apoyados eficientemente por el cémbalo a cargo del seguro maestro Lhez y el ripieno orquestal. Como se sabe, Vivaldi pertenece al periodo llamado “barroco tardío” lo cual no impide que su música no solo sea altamente cuantitativa -compuso más de 450 conciertos para diferentes combinaciones instrumentales y tímbricas, más un número no conocido de partituras extraviadas- sin perder por ello la elevada calidad de un modelo que no por repetido carece de atractivo.

Él tuvo su forma favorita con los famosos tres movimientos rápido-lento-rápido en los cuales dialogan los solistas con el tutti destinando generalmente el movimiento central para la conversación entre ambos. En este caso Lépez y Robinson no solo se entendieron de maravillas, sobre todo en el tierno y fecundo movimiento central, sino que se pudo apreciar la notable altura interpretativa de ambos. Perfectos, además, los dos chispeantes allegro del inicio y del final. Lépez es el notable oboe solista de la Orquesta Sinfónica de Salta y Robinson es un excelente violinista inglés, nacido en Manchester, pero radicado en la extrovertida Italia desde hace años. El grupo acompañante tuvo como noble concertino al cubano Ángel José Martínez Haza.

La segunda parte estuvo dedicada al Adviento, tiempo establecido a la espera de la llegada del Niño Jesús. Dentro de la producción vivaldiana, este Gloria ocupa un lugar preponderante y realmente significativo. Está construido según la liturgia del Gloria de la misa católica. En este caso, Vivaldi, el “prete rosso” (el cura rojo por el color de su pelo) desarrolló casi con alguna teatralidad el texto litúrgico. Como era natural en la época usó el contraste muy a menudo entre los solistas y la orquesta y es de hacer notar que la partitura original fue encontrada en Turín en los primeros treinta años del siglo XX dándose a conocer nuevamente durante 1939. Vivaldi fue sacerdote a los veinticinco años y de inmediato fue nombrado responsable por la enseñanza de la música a las pupilas del Pio Ospedale della Pietá (hoy un edificio destinado a la Seguridad Social de Venecia, ciudad donde nació). Las solistas nombradas en el epígrafe con buen desempeño. El coro de la UCASal afinado, potente, de clara dicción.

El grupo orquestal contó con la inefable dirección del maestro Jorge Lhez que a su vez estuvo en el teclado del continuo. Lucidos también como concertino el violinista invitado Nicholas Robinson y el oboe de Emilio Lépez integrado magníficamente con la trompeta de Rubén Albano. La interpretación general fue de muy buen nivel destacándose, por ejemplo, cuando el coro pide la paz que el ser humano necesita en “Et in terra pax”, la poderosa fuga de “Gratias agimus tibi”, el acompañamiento por Lhez y Lépez a la soprano Magdalena Soria en “Domine Deus” o en el octavo esquicio a cargo de Sandra Sauad y el violonchelo de Andriy Chornyy en “Domine Deus, Agnus Dei”.

El lugar, la obra, la interpretación, alcanzaron la emotividad de estos días en los cuales nos acercamos al Señor más que de costumbre, sobre todo en este tiempo en que los acontecimientos exógenos redoblan un anhelante sentimiento de esperanza.

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