Clasicismo puro

El concertino de la orquesta, maestro Muradov, hacía casi tres años que no ocupaba el escenario en calidad de solista. Otra vez el teatro colmado lo que habla a las claras del aporte directriz que recibe la orquesta. El programa de mano anuncia la decisión de percibir una cifra determinada. Me parece un error en tanto equiparo el desarrollo cultural a la tarea de educar académicamente.

Salta, jueves 8 de marzo de 2018. Teatro Provincial de Salta. Solista: Viktor Mradov (violín). Orquesta Sinfónica de Salta. Director Titular maestro Noam Zur. Wofgang Amadeus Mozart (1756-1791): Obertura de la ópera La Flauta Mágica K.620 y Concierto para violín y orquesta en fa mayor K.219. Franz Joseph Haydn (1732-1809): Sinfonía nº 96 en re mayor Hob.I.96 “El Milagro”. Aforo 90%.

La obertura de La Flauta Mágica comienza con una serie de acordes majestuosos que según muchos analistas contienen significados masónicos, logia a la que pertenecían el autor y quien encargara la ópera, el empresario Schikaneder que en realidad deseaba ayudar al compositor en su situación económica y en su salud, a la sazón bastante deteriorada al punto que moría tres meses después de haber concluido la obra. El tema principal pasa por una variedad instrumental hasta llegar a un fugato tan exquisito que revela el testimonio elocuente del arte compositivo del autor. Orquesta y conductor encontraron una muy buena versión, francamente deliciosa y de inocultable estilo vienés.

Mozart escribió antes de cumplir veinte años cinco conciertos para violín y orquesta reducida. El quinto, escuchado esta noche, no solo es el mas conocido sino que exige impecable afinación, un vibrato lento como seguramente se interpretaba en época del compositor y un cuidadoso fraseo para distinguir las rápidas figuraciones con los pasajes más cantables.

El concertino de la orquesta, maestro Muradov, hacía casi tres años que no ocupaba el escenario en calidad de solista. Mostró con cierta soltura el carácter oriental de esos pentagramas. Tiene también pasajes de bravura y arpegios altamente comprometidos resueltos con algunas reservas lo que no impidió llegar al “rondó” final donde finalmente el solista se sintió cómodo y seguro al punto que el aplauso sostenido generó, en carácter de bis, la Sonata nº 2 del belga Eugene Ysaÿe entregada con elevado nivel musical.

Finalmente llegó el otro gran representante del período llamado “clasicismo” con Haydn y su sinfonía nº 96 una de las seis escritas en Londres en su primera visita a la capital inglesa. Cuenta la leyenda que el aplauso recibido en el ejecución de otra sinfonía interpretada antes de la comentada aquí, fue de tal magnitud que la araña del teatro se cayó pero como el público se había agolpado sobre el escenario, no hubo que lamentar ningún accidente humano. De allí el equivocado nombre de la sinfonía: El Milagro, que nadie sabe explicar acerca de la confusión del apelativo a la sinfonía que no era. Su inicio, un adagio que finaliza con una delicada línea a cargo del oboe de Emilio Lépez. De pronto, la música es un “allegro” cuyo tema principal va pasando por grupos de instrumentos hasta llegar a uno de los ingeniosos momentos de la inventiva del autor. A pesar de su lentitud, el segundo movimiento, “andante” es notablemente contrapuntístico y el tercero una típica danza del campesinado austriaco. El final tiene la contextura dramática de los edificios sonoros de gran tamaño.

Otra excelente producción del maestro Zur que supo extraer lo mejor de sus dirigidos. El público así lo entiende. Gusta de su géstica, su vigor, la fuerza que transmite, sobre todo en Haydn y por supuesto su llamativo sentido musical como el desmenuzamiento de las estructuras sonoras del “andante” para llegar a sus profundos significados.

Otra vez el teatro colmado lo que habla a las claras del aporte directriz que recibe la orquesta. Surge aquí un tema que en mi caso personal, ocasionó no pocas líneas hace algunos años y que tiene que ver con la defensa de la gratuidad de los conciertos como uno de los mejores medios de formar público para esta expresión artística, que de ninguna manera significa un entretenimiento, sino que es un aporte al desarrollo cultural de los salteños. Pero el programa de mano anuncia la decisión de percibir una cifra determinada para asistir al mentado desarrollo cultural que en su momento significó una política de Estado. Me parece un error en tanto equiparo el desarrollo cultural a la tarea de educar académicamente. Además de otros aspectos, educar y contribuir al desarrollo de la cultura del pueblo, forman parte de lo que el Estado debe hacer. Ruego equivocarme y que esta decisión no altere la posibilidad para una parte del público habitual de conectarse con una muestra de conocimiento y expansión de su cultura. Sería útil conocer las motivaciones de esta medida.

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