
Gesto parco en Roel
Quizás me deba acostumbrar al estilo del Maestro Roel. Reconozco su cuidadosa afinación salvo un brevísimo pasaje del tercer movimiento beethoveniano.
Salta, Jueves 20 de mayo de 2010. Teatro Provincial. Solista: Marcelo Rebuffi (violín). Orquesta Sinfónica de Salta. Director Titular Maestro Enrique Roel. Obertura de La Flauta Mágica (Wolfgang Amadée Mozart) K. 620. Concierto para violín y orquesta nº 1 op.26 (Max Bruch). Sinfonía nº 6 “Pastoral” op. 68. (Ludwig van Beethoven). Aforo 80%.
Una de las exquisiteces de Mozart es la obertura de su ópera La Flauta Mágica. Curiosamente es una página escrita de apuro pues a punto de ser estrenada la ópera, la obertura no estaba escrita y el compositor la construyó, cuando mucho, un par de días antes del estreno. Tal vez por eso su material temático nada tiene que ver con los motivos desarrollados en la ópera propia. Si bien la versión fue bien dicha, la creciente intensidad sonora no tuvo un incremento sostenido como acostumbra la tradición. No obstante su natural clasicismo fue respetado casi totalmente.
Luego llegó Bruch y su primer concierto para violín. El joven solista inició su parte con alguna inseguridad y a pesar de que su lectura fue irreprochable, puede reclamársele la falta de vuelo romántico y apasionado. ¿Ejemplo? El tercer movimiento es un “allegro enérgico” seguido de un “presto finale”. Esta indicación no fue cumplida. Y aquí viene la repetidísima cuestión acerca de músicos invitados. Desde la creación de la orquesta, en el 2001, abogo por que los solistas o directores invitados sean iguales o mejores que los nuestros. Honestamente creo que solo así se justifica la invitación y el consecuente enriquecimiento de los músicos locales. Seguramente en lo dicho se basa cierta morosidad en el tempo en relación a versiones consagradas. No me gustan las comparaciones. Sin embargo a veces son inevitables. Aun recuerdo al violinista venezolano Simón Gollo que hace seis años toco un memorable Bruch.
Finalmente la “pastoral” de Beethoven. Música descriptiva. Música propia de quien ha caminado por los bosques de Viena y se imagina al autor paseando por ellos y escuchando toda clase de sonidos naturales. Aves, follajes, campesinos bailando, un arroyo que trae paz al espíritu, una tormenta que comienza con una suave lluvia para después convertirse en una tempestad. En este punto hay un detalle casi definitivo. A partir del compás 29 del cuarto movimiento, el timbal en “forte” debe indicar varias veces la violencia de la tormenta. Sobre todo cuando en su primer golpe semeja un potente trueno. Pues esa esperada sección no consiguió el habitual estremecimiento que produce.
Quizás me deba acostumbrar al estilo del Maestro Roel. Reconozco su cuidadosa afinación salvo un brevísimo pasaje del tercer movimiento beethoveniano. Pero esta noche su gesto fue parco y tal vez allí encontremos explicaciones para una música demasiado conocida como para no exhibirla con esplendor, como quien echa campanas al vuelo. En el fondo, nada grave, pero con aspectos mejorables para estar de acuerdo con los primeros conciertos de la temporada.

