Calefaccionarse “en patas” sale más barato con garrafa

El presidente Mauricio Macri decidió ponerse al hombro la campaña para reducir el consumo de gas argumentando la defensa del medio ambiente y de las divisas que se lleva la importación. Justificó en la necesidad de un cambio cultural que racionalice su uso el tarifazo que tiene asustado y desorientado al país, pero que la Justicia está lejos de convalidar.

De lo que nadie habló hasta ahora es que, antes que la matriz energética, lo que cambiaron fueron los precios relativos del suministro, y si antes la garrafa valía 6 veces más que el equivalente de la red domiciliaria, ahora es ésta la que le sacó ventaja, y un recipiente de 10 kg cargado con gas propano se abarató para el 40% de la población que no está conectado a las cañerías, en contraste con el 60% para el que se encarecerá comparativamente. De modo que andar en patas y remerita calefaccionándose con garrafa ahora es más económico que hacerlo con estufas de tiro balanceado a gas natural. Esta fotografía relativizaría cualquier urgencia que se esgrima de encarar obras que extiendan el tendido de las redes y conecten más familias, las que vendrían detrás de la construcción de los gasoductos en carpeta. De todos modos, como alega el titular del Centro de Estudios de la Actividad Regulatoria Energética (CEARE), Raúl Bertero, “la Argentina es el país con mayor cobertura de gas de red de la región”, ya que “empezó a desarrollar el sistema en los años ‘50, mucho antes que nuestros vecinos y que otros países desarrollados del mundo”.

El ministro de Energía y Minas, Juan José Aranguren, no sólo pudo haber sido víctima de supuestos hackers kirchneristas que habrían tergiversado las escalas de los aumentos a aplicar para sembrar indignación, sino que, según palabras de Ricardo Alfonsín, hizo pagar a los usuarios su inexperiencia y alteró los precios relativos a punta de tarifazos. Si hasta el año pasado, las garrafas llegaban a sextuplicar la tarifa del gas natural, lo cual determinó que se subsidiara a más de 1,5 millón, casi a mitad del valor de mercado, ¿cómo, de repente, pasaron a ser más baratas en la equivalencia?

Basta con comparar que a una casa humilde del área metropolitana de Buenos Aires entre la cocina y una pantalla calefactora le insumen 2 garrafas de gas licuado que rinden para 10 días, a razón de $ 140 cada una sin subsidio, que a valores actuales le representan un presupuesto mensual de $ 840. Pero si alimentara esos mínimos artefactos por red domiciliaria encuadrada en las categorías más bajas (R1 y R2) habría recibido una cuenta de más de $ 1.000.

En una reciente conferencia de prensa, en la que se refirió a la desigualdad que existe en el consumo, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, informó que: “aproximadamente, el 60% de la Argentina tiene gas de red y un 40% garrafa”.

Es más o menos lo que surge de los datos del Censo 2010: 51% de las personas tiene gas de red y un 42% utiliza el gas en garrafa como principal combustible para cocinar. El resto se divide entre quienes recurren a la leña o carbón (3,2%), al gas de tubo (2,8%), a la electricidad (0,19%) o a otras formas.

E, inclusive, la situación difiere ampliamente según los tipos de vivienda: en las casas, la proporción es similar al total, con la mitad de las personas con acceso al gas de red, mientras que en los departamentos esa cifra asciende al 90%. En los ranchos y casillas predomina el gas en garrafa, seguido por la leña o carbón.

“Así, si sólo se toman las categorías señaladas por Peña, el 55% accede al gas de red y el 45% restante al gas en garrafa”, precisa Chequeado.com/, que cita al equipo de prensa del Jefe de Gabinete como fuente de los datos tomados del Ente Nacional Regulador del Gas (Enargas), que muestran que en abril de 2016 había más de 8 millones de hogares con gas natural, 5,5 millones de hogares no están conectados a una red. Por lo tanto, “miran por tevé” la confusión que se armó en torno de la aplicación del aumento de la tarifa que principalmente impactó en los grandes centros urbanos.

El acceso al gas natural por cañería se suele tomar en las ciudades como una línea divisoria respecto de la pobreza, regla de la que muchos de los barrios residenciales de clase media alta apartados del éjido urbano son excepción, ya que se abastecen con enormes zeppelines de gas licuado propano, más limpios y menos costosos cuando se usan a granel.

Instalar los llamados garrafones (zeppelin) requieren de una instalación que comporta no menos de $ 5.000 y recargarlos, al igual que los tubos de 45 kilos: antes del aumento desde $240 en más, que era el equivalente a un abono bimestral de gas natural. Llenar el zeppelin no baja de los $400, si es parcial, y puede llegar hasta $900, si se completa.

El código garrafa

El presidente del Centro de Estudios de la Actividad Regulatoria Energética (CEARE), Raúl Bertero, confirma que “en líneas generales, las personas que no poseen gas de red son las de menor poder adquisitivo. En muchos casos, se debe a que en las viviendas precarias no se es posible la instalación por cuestiones de seguridad o no tienen el poder adquisitivo suficiente para pagar la instalación interna con las condiciones de seguridad adecuadas que corresponde al propietario”.

La situación no muestran cambios con respecto a registrada en 2001. El censo de aquel año registró que el 51,4% tenía gas de red, el 43% usaba gas en garrafa o en tubo, y 5% leña o carbón.

Además, en la actualidad existen 4 provincias en el Nordeste del país que no están conectadas a la red de gas natural: Chaco, Corrientes, Formosa y Misiones. Por este motivo se anunció varias veces la construcción de un gasoducto que llegue hasta esa región, obra que se inició en 2015 pero que aún no está completada.

Quizá sin haber tenido en cuenta que la alteración de los precios relativos que atrasó la garrafa le iban a dar más la razón, el doctor en Física y docente de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), Salvador Gil, advirtió que no siempre el uso del gas natural es la mejor opción, ya que de acuerdo a las características del lugar o la población pueden ser más eficientes otras alternativas, como las energías renovables o la electricidad. “No se puede aspirar a la cobertura de toda la población en lo que hace a gas natural, es algo que no sucede en casi ningún país del mundo”, concluyó.

Puso de relieve que “las redes de gas implican una gran inversión, que se recupera cuando existen poblaciones compactas, como en las ciudades, pero no si existen poblaciones muy dispersas”.

Si la vuelta atrás de la facturación del gas natural y los porcentajes siderales que se expusieron sembró confusión y espanto, la estructura de costos, precios y subsidios de la garrafa tampoco ofrece certezas. Está el valor fijado para la social en $ 97, pero la queja generalizada es que, al ser muy difícil de conseguir, los $150 por mes que otorga el Estado a los beneficiarios de planes que lo gestionaron apenas cubren el costo de una que, para colmo, trae más agua que gas y lo máximo que dura es 1 semana y media.

Se pagan 9 garrafas ($693) para familias con hasta 5 miembros y 10 ($770) para las que lo superen en Santa Cruz y Tierra del Fuego; 4 ($308) y 5 ($385), respectivamente, en Neuquén y Río Negro; y 2 ($174) para el resto de la Argentina..

Se habían mantenido los precios del programa Hogar fija­dos en abril del año pasado, o sea $53 en fraccionadora, $87 en distribuidoras, $97 con envío y sin instalación. Luego, chi lo sa.

El exdiputado Claudio Lozano, que estudió a fondo el tema, estima que el rango de aumentos oscila entre el 178% y el 525%, mientras que los usuarios con niveles de consumo más bajos (hasta los 650 m3 anuales promedio) serán los que afronten el mayor impacto relativo, ya que las tarifas finales superan el 500% en algunos casos.

Es decir que, en líneas generales, los ajustes en las tarifas residenciales reproducen criterios inequitativos, ya que los que menos consumen cargan con incrementos muy fuertes en los ajustes de tarifas, lo cual ha tenido fuertes implicancias en sus niveles de ingresos, en un contexto de incrementos generalizados de otras tarifas y de los precios de distintos bienes de la economía.

Destaca que, entre junio y comienzos de julio, el Ministerio de Energía informó que el total de usuarios del servicio de gas natural por redes que podrían acceder a la tarifa social era de 1.550.000, lo cual representa un 20% del total de los que son abastecidos por redes, cálculo que no incluye a los beneficiarios del Plan Hogar, que son los ciudadanos que no tienen conexión a redes de suministro de gas natural. Ese es un universo de 2.800.000 hogares, que no están alcanzados por las ajustes tarifarios y que acceden a una garrafa subsidiada, ya que abonan el 20% del valor final, mientras que el Gobierno se hace cargo del restante 80% a través de programas específicos.

Descontrol en Neuquén

En línea con lo que sucede en los grandes centros urbanos, el sitio neuquino Vaconfirma.com.ar/ publica que el mercado de las garrafas, que utilizan las familias sin acceso a la red de gas, está descontrolado. Si bien está vigente el valor máximo de $ 97 para la de 10 kilos, también es casi imposible de conseguir a ese precio en el momento más frío del año. La falta de control y de distribuidoras oficiales en los barrios hace que el costo se dispare hasta alcanzar, en algunos casos, los $200.

En Neuquén capital hay sólo 1 distribuidora. La fraccionadora, que también es la única, dejó de vender al público hace un par de semanas. El otro problema es el acceso a los bonos de gas que permiten obtener la garrafa gratis.

Los beneficiarios, además de cumplir con otros requisitos, tienen que estar sin empleo. Desde la provincia aseguraron que son 2.500 los que acceden al bono en Neuquén capital, aunque referentes de los barrios bajaron ese número a 2.000 familias. Cuestionaron no sólo que la cifra es baja para las necesidades que se registran, sino que 1 sola garrafa por mes (que es lo que reciben) es insuficiente para cubrir las necesidades.

Coinciden en que una familia de 4 integrantes consume entre 4 y 6 garrafas por mes, por lo que el gasto en combustible termina siendo demasiado alto si se tiene en cuenta que los barrios sin acceso a la red de gas natural son aquellos donde viven los sectores más vulnerables.

El subsecretario de Desarrollo Social de la provincia, Diego Cayol, reconoció que la mayoría de los que acceden a los bonos de gas son “beneficiarios históricos” aunque en el “último tiempo el número se incrementó”.

Explicó que para acceder al beneficio, que es un programa nacional, hay que inscribirse y que las garrafas las reparte un camión de YPF que va a los barrios. “Lleva las garrafas llenas y los vecinos se acercan a retirarlas con el bono y los envases vacíos”, detalló.

En Neuquén capital, según el censo de 2010, cerca del 10% de la población no tiene acceso a la red de gas natural. Son unas 24 mil personas, que casi en el 100% de los casos pertenecen al sector más desprotegido de la sociedad, de acuerdo con los datos oficiales.

Todos utilizan como “principal combustible para cocinar” la leña o el gas en garrafa, que es una de las variables que utiliza el INdEC para determinar las condiciones socioeconómicas de la población.

Desde los barrios reclamaron mayores controles sobre el precio minorista de la garrafa.

El problema es que hay una sola distribuidora oficial, ubicada en Saavedra y Ruta 22. Allí se consigue a $97 pero hay que tener algún vehículo para ir a buscarlas. En muchos casos, los que pueden, las consiguen a ese precio y luego las revenden a mayores valores.

“Cuando se te acaba la garrafa lo primero que tenés a mano es la despensa y entonces salís corriendo y la comprás”, graficó la situación el dirigente vecinal Maximiliano Cortés, de la subcomisión Cordón Colón que es un sector del barrio Islas Malvinas. Allí, en el 2010, había 356 hogares sin acceso a la red de gas. “No tiene precio fijo, no hay control sobre ese precio”, reconoció.

“El panorama es grave. Por mes se gastan entre cuatro y seis garrafas y con esta disparada de los precios es muy difícil afrontar los costos”, remarcó Cortés entrevistado por VcF.

Anunció que están trabajando con el diputado de Nuevo Encuentro, Eduardo Fuentes, para presentar un proyecto de declaración de emergencia en el abastecimiento y distribución de las garrafas. La iniciativa incluye también al Concejo Deliberante neuquino.

Sebastián Íbalos, de Barrios de Pie, coincidió con el diagnóstico. “YPF nos dice que nadie debería venderla a más de 97 pesos porque hay una resolución que lo establece pero lo cierto es que en los barrios está mucho más cara”, explicó y pidió que actúen los órganos de control.

Pero planteó otro problema. Los controles no van a resolver por sí solos la situación porque los mercados de los barrios dejarían de vender la garrafa y bajarían los puestos de venta, lo que repercutiría directamente en los vecinos que muchas veces no tienen la posibilidad de ir a comprar la garrafa a la distribuidora de Saavedra y Ruta 22.

Para él una posibilidad es que se puedan transformar en puntos de venta oficiales y que así sostener el valor.

La fraccionadora de YPF gas, que está en Parque Industrial y que también es la única que hay en la capital neuquina, tiene un precio, al por mayor, de $53.70.

Antes hacía venta directa al público pero hace unas semanas dejó de prestar este servicio. No hubo demasiados argumentos salvo que la venta minorista no es el rol de la planta.

“La garrafa se ha transformado en un producto más de consumo y se ajusta a las leyes de la oferta y la demanda”, cuestionó Íbalos. Propuso como otra alternativa que el camión de YPF que reparte en los barrios las garrafas que se canjean por los bonos puede llevar stock para vender.

- Imagen de portada: El gas en garrafa termina siendo más barato que el gas por red aunque en el interior hay quejas porque YPF cesó la venta directa.

- Urgente 24

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