Asociación Monteverdi: La Música Colonial en Hispanoamérica

Fueron casi treinta músicos y cantantes de Tucumán, Formosa, Jujuy y Salta, que recrearon lo que posiblemente haya sido la música de esa época, en la que además, ya está claro que cuando los nativos estaban en un templo, sabían que se hallaban en contacto con lo sagrado.

Salta, lunes 28 de noviembre de 2016. Parroquia San José. Concierto de cierre del trabajo de laboratorio sobre la música colonial hispanoamericana. Organizado por la Asociación Monteverdi de Salta. Coordinado y dictado por el maestro especialista Ramiro Albino. Reconstrucción hipotética de una misa en las reducciones jesuíticas del oriente boliviano.

Una de las muchas formas en que la Conquista trató de llegar a la intimidad de los pueblos originarios, fue a través de la religión y dentro de sus múltiples manifestaciones, la música ocupó en la tarea, un lugar más que importante, casi imprescindible. Dicen los estudiosos que en lo que fue el Virreinato del Río de La Plata, vivían alrededor de 150.000 seres humanos, cifra de la cual el 65% estaban en lo que mucho después se llamó el Centro Oeste Suramericano. Es en esa zona donde tuvo mayor actividad la música misional aprovechando una natural inclinación por el sonido de instrumentos europeos que trajeron los evangelizadores y que otorgaba mayores posibilidades sonoras y expresivas.

Otro detalle interesante es la seducción que esos sonidos producían en almas que hasta esos tiempos habían tenido el destrato de los Incas que esa organización social los había puesto en una escala superior a la del aborigen nativo y común. Aquí es oportuno señalar que esos indios, calificados no peyorativamente, producían no solo ejecutantes de esos instrumentos, sino que también abrían la posibilidad de contar con cantantes y cuerpos de baile más que interesantes. En esta tarea fueron fundamentales los jesuitas que junto a los franciscanos entendieron que la conquista espiritual era básica para la tarea de civilizar al salvaje, término desafortunado por cuanto ese salvaje tenía sus formas de vida, diferentes a la del cristiano europeo, es cierto, pero que en rigor representaba una forma de convivencia social.

Es posible encontrar muchos ejemplos de figuras que aportaron mucho en el proceso señalado sucintamente, pero para lo ocurrido esta tarde, basta mencionar al compositor italiano Doménico Zípoli, contemporáneo de Bach, Häendel y Scarlatti, cuya llegada a nuestras tierras, aún hoy, es materia de discusión en lo relativo a las motivaciones que tuvo.

Lo cierto es que su producción musical, fue realmente un aporte extraordinario en las expresiones sonoras de aquellos habitantes ya en el siglo XVIII. Músicos de hoy siguen investigando en plausible labor, para intentar reconstruir esas manifestaciones musicales. Uno de ellos es el maestro Ramiro Albino que dirigió los trabajos de laboratorio que se llevó a cabo en nuestra ciudad durante los días 26 al 28 de noviembre. Esos trabajos concluyeron con la hipotética reconstrucción de una misa ordenada de modo bastante parecido al actual, pero que además contiene llamativas apelaciones al reconocimiento de la persona del Emperador de aquellos tiempos.

Fueron casi treinta músicos y cantantes de Tucumán, Formosa, Jujuy y Salta, que recrearon lo que posiblemente haya sido la música de esa época, en la que además, ya está claro que cuando los nativos estaban en un templo, sabían que se hallaban en contacto con lo sagrado.

La iglesia donde el Padre Prémoli desarrolla su actividad religiosa, albergó la interpretación de esa misa donde instrumentistas y cantantes conmovieron al público. Héctor Giménez (órgano) fue el enlace entre diferentes pasajes de la liturgia dicha por el tenor Gabriel Gomori, la notable soprano jujeña Noelia Gareca, el coro Jardín de Apolo e instrumentistas de la Asociación Monteverdi encabezados por Julio Menéndez que además, trajeron fuerza rítmica con una percusión primitiva; los violines en “martellato” de Martín Cardinali y Antonella Fasce más el resto del grupo: oboes, flautas, trompetas, teclados y spinetta. Todos conducidos por el maestro mendocino Ramiro Albino, nos llevaron la imaginación a épocas antiguas y también emotivas.

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