Así aprenden los chicos de La Morisqueta

Ayer en Mitre 331, se realizó la muestra de los “peques” talleristas, alumnos de la escuela de La Morisqueta Teatro, conducidos por Cristina Idiarte, desde las 18: 30 hasta las 20 hs. La temprana y grata incursión por el escenario por parte de niños desde los 4 a los 12 años y de adolescentes desde los 13 a los 16 años, coronó la tarde invernal, entre la alegría de los padres, el alborozo de los chicos y la satisfacción de los profesores.

El acierto de la mirada profesional de quienes integran el equipo de La Morisqueta se vio reflejado en el trabajo que realizaron los chicos. Algunos de ellos hasta recibieron ovación del público mientras que otros se ganaron elogios.

Se trabajó con puestas a la italiana y también con teatro no convencional, en el sentido del rompimiento de la cuarta pared. Algunos pequeños actores se ubicaron entre el público por lo que en este tipo de propuesta se anuló la división espectador-actor. La muestra contó con una escenografía minimalista, esencial para poder mostrar una maratónica sucesión de obras en las que cada uno de los participantes tuvo la posibilidad de lucirse.

En primer lugar, se presentó a los Imaginadores (de 4 a 7 años), seguidamente a los Cuentaestrellas (de 8 a 12 años) y finalmente, a los Vagamundos (de 13 a 16 años).

Los Imaginadores realizaron una coreo titulada “Así soy yo” y en este simpático fragmento artístico estuvieron Salvador, Santiago, Silvestre, Benjamín, Leandro, Julieta, Mía, Manuela, Catalina, Candelaria, Frida y Rafía.

Los Cuentaestrellas actuaron en seis obras:

“Un problema de bolsillo”, con Bianca y la profe Cristina.

“Una tacita de locura”, con Valentino, Valentín y Francisco.

“Chusmas nosotros?”, con Mili, Agus, Santiago y Teo.

“Con ustedes Chantapufi, el grande”, con Santiago, Brisa, Sol y Carlos.

“Contacto con el más acá”, con Lucía, Olivia, Cande, Paula, Abril y Lucía.

“Quién me trajo este distraído”, con Valentino y Teo.

Ambos grupos están a cargo de Cristina Idiarte, directora de la escuela. Completan el equipo Romanella Masciarelli, a cargo de Vagamundos; Silvia Lizárraga, profesora del taller literario y Andrea Di Salvo, profesora de arte.

Y Vagamundos, los más grandecitos del taller, hicieron:

“La pinturería de Clemente Tecnicolor”, con Milagros, Oliverio, Florencia y Rosario.

“Colmado de colmillos”, con Almendra, Joaquín, Victoria, Martina y Camila.

“La posada de las preguntas”, con Oliverio, Camila, Eleonora, Violeta, Lucía, Carla y Guadalupe.

Este tipo de realizaciones no solo asesta a la emoción de los adultos que ven a sus hijos iniciar o continuar el camino de la representación teatral, sino que prepara a los niños y adolescentes en un entrenamiento para su futuro que les permita obtener una mirada diferente y crítica sobre lo social y cultural. Desde mi punto de vista, es un semillero importante. Una sociedad sin teatro es una sociedad privada de pensamiento. Estos talleristas tienen la posibilidad de desarrollar su intelecto y su cuerpo de una manera que les posibilite una mejor comunicación entre sus pares, una óptima conexión con el mundo y una apertura hacia otras formas de sensibilización.

Como dijo Cristina Idiarte en el cierre al emplear en este contexto una frase de Gianni Rodari: Educar… “No para que todos sean artistas, sino para que nadie sea esclavo”.

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