Ariadna Cháves: “el mundo está dentro de uno”

Entre los claros del cielo y los calores de un medio día incomparable, la figura de Ariadna atravesaba mis días por la vecina Tucumán. Su reinado poético de fuego desafía los cuatro elementos como ese “fuego nuevo, perfecta visión que aún desconocemos”. El poema se había hecho carnadura infinita.

Con los ojos del tiempo

Entrevista a la poeta Ariadna Cháves - 19-11-11

“Tengo una extraña relación con la noche”- me dice. La poeta escribe en esas horas de silencio y luna, de acallados pasos donde los duendes o las musas reclaman su ritmo. Y voy escuchando en mi mente el resuene de los versos: “El mundo amaneció / a su intenso trémulo concierto; / sagrado fuego ardía / a las puertas del misterio”.

En un tomarle de manos imaginario le pregunto ¿Te gustaría estar ahora mismo en París? “Mi querida, el mundo está dentro de uno”- me dice. “Antes quería conocer el mundo pero hoy no. Sí quiero ir a las Cataratas porque la naturaleza me puede hacer un regalo a mi espíritu”- conversábamos entre espesas blancas paredes luminosas.

Maestra de la elegía, dedicó versos a su madre y a sus hermanos, hasta elaboró la suya propia, de delicado tiempo inmemorial. Hablamos de los hermanos Chávez Díaz, de Oscar, Rodolfo, José Tomás (Coco), de Carlos, mi padre, del que dijo “el gringo, el galán, el que quería ser artista…” La tercera de entre los cuatro varones, supo transgredir las estructuras sociales y artísticas para ser una mujer libre y sin ataduras: “soy solitaria, la prueba está en que me quedé sola y vivo sola. Hay gente que hasta opina que debería estar en un geriátrico”- comenta con firmeza. Escritora de un tiempo al que hizo suyo de manera rebelde, casi al borde de la nostalgia recordaba a Oscar, quien falleció de muerte trágica en un accidente de avión: “era mi alma gemela… tomábamos una copa y disfrutábamos de la bohemia… ‘No te cases nunca’, me dijo. Él me entendía. Amo la libertad, no la escribo ni la describo, la amo!”- exclama. “Mi madre se murió de ganas de morirse, luego de que falleciera Oscar, su hijo adorado. Yo dejé de escribir. Había publicado “El Arco, un libro extraño pero exitoso entre los filósofos”- recuerda Ariadna.

Lulú y Nicky la acompañan en la casita del Barrio Kennedy. La perrita de raza china es juguetona. Nicky tiene 85 años y es celoso de su compañera. Sus adorables mascotas cruzan el jardín poblado de jazmines y rosales. La escultura de la entrada anticipa “La casa de Ariadna”. Juan Carlos Iramain ha realizado “La fuente de la vida”, donde se unen los tres reinos, acaso como el poema “Río Circular”.

En desconocido cauce
el agua corre
hacia la fuente.

Abreva la luz
el amor
de los cereales.

La duda en el pecho
es un pájaro perdido.
bajo el alarde
de las ramas se mojan
sus crisálidas.

El que nos toca y persiste
el que pasa y no sabe,
el que va adelante
prójimo de su soledad;
aquel frente al otro
se extravía.

Así corre
el agua de la fuente.
Un río circular
nos devuelve prematuros.

- “No fue a partir del amor físico que comencé a escribir. Me enamoré del amor, me doy cuenta a esta altura de la vida. Cuando tenía 14 años hice el poema “Mensaje” a partir del cual entro en la literatura, en el lirismo. Es un mensaje que le hago a la noche y comienzo a usar elementos cósmicos ‘Oh noche, lleva hasta sus oídos el eco de su voz’ dice un verso. Estaba muy rimado, al estilo del soneto. Yo estaba hablando con el amor que me despertaba un hombre que vi desde la ventana y creí que era Lord Byron: ‘Dile noche que desde entonces no lo he podido olvidar’. Fue mi primera experiencia amorosa, sentí la pasión y la quería como experiencia en mi vida. En mí ardía ese fuego y desperté al amor: ‘galopan siete jinetes a tu encuentro…’, dice uno de mis versos”.

“Aprendí a escribir de la naturaleza. Ahora quiero escribir mis memorias, tengo algunos ensayos. ¿Viste el retrato de cuando tenía un año? Era una mujer”- me dice.
Ariadna mira esa foto donde reconoce a la que es, a la que desde un año sería el boceto más acabado de su faceta femenina. Sus ojos son la huella del pasado y del presente. Las curvas de sus pupilas delinean el universo, ventanas que trazan el marco de su rostro. Nadie pudo escapar a su mirada ni a la belleza de sus profundidades. Amó y fue amada. El retrato que le pintó Antonio Berni habla de amor. El amor habla de Ariadna.

La Negrita, Mecha Cháves, recordó a su amigo Raúl Aráoz Anzoátegui:

- “casi todos los días me hablaba por teléfono con el Negro… ‘Eh cómo estás, esta es tu casa, cuándo vas a venir…’ Su mujer, Leonor, era un encanto. Hubiese querido ir pero no puede, no pude… Me enteré cuando lo habían sepultado. Ya no se levantaba de su cama. La gente envejece de golpe”. Y continúa: “era mi amigo del alma. Con el Negro Aráoz nos conocimos en Buenos Aires, en un encuentro de poetas. Lo conozco de toda la vida. Nos hicimos amigos enseguida porque lo quería mucho a mi hermano Oscar. Antes la sociedad era diferente y el ser humano también. Mi casa paterna de Las Heras y Avda. Roca tenía 80 metros de fondo. Ahí hacíamos asados con los poetas y venía el Negro Aráoz”.

- “Pedro, un joven estudiante de filosofía especialista en Nietzsche, me salvó la vida. En los tiempos de la dictadura se armaban listas negras y por ser artista era peligrosa. Este joven me acompañó a mi casa de Vª Luján por el parque Avellaneda y la luz del día nos sorprendió amanecidos leyendo poesía. Me confesó que los que íbamos a la Peña El Cardón estábamos acusados de “bolches” y que como trabajaba en la policía, tenía una orden de allanamiento en mi domicilio de la calle Tames. Irónicamente le dije que tenía el libro de “Caperucita roja”… Pedro frenó todo y al poco tiempo lo comenzaron a perseguir y se fue a Brasil. Recuerdo que por aquella época, durante los 70’, todo se había transformado en otra cosa. En mi Atelier, que era un departamentito al que convertí en un palacio, nos juntábamos a leer poesía. Aquel joven solía participar de esos encuentros porque se había enamorado de mi poesía. Le presté mi Atelier a Manuel Corvalán, mi hermano del alma, uno de los psiquiatras más importantes de Latinoamérica. Allí se reunían los médicos, era un espacio de esparcimiento, era un refugio”.

En octubre de este año, las escritoras Ariadna Cháves y Carola Briones fueron homenajeadas en Tucumán por la facultad de Filosofía y Letras en el marco del 2º Octubre Literario, por su importante labor hacia la construcción de la “tucumanidad” en el ámbito intelectual. Sobre los homenajes dice Ariadna: “es gratificante y es exigente, pero no hay que tomarlo muy en serio, no hay que creer que se tocó el cielo con las manos. Es una exigencia, te pone una prueba para que mis destinatarios conozcan mi mundo interior, como en “Intemperie”… Llama a despertar el interior del hombre. Hoy no estamos dentro de nosotros mismos”…

Alquimia
Reposa eternidad entrañable
aquí, en el pequeño
vacío de esta cama,
mi leve madero.

Un terrible pétalo
en la alquimia de envolvente
fusión
transforma la abrumadora
noche
en certidumbre.

Sucede esta ley
por la realidad del sueño;
en laberintos increíbles se turban
los planos del espacio.

Aquí, donde estoy
anda la vida.

A ella pertenezco?
A cuál?
A esta donde el tiempo
me puede lograr mi magnitud,
o a aquella que transmuta
su energía en mi cuerpo?

Difícil responder
si las dos por igual
me pertenecen.
Y si en mí suceden,
dónde me sitúa el amor?
donde la muerte es mi ficción?
Los ríos confluyen
sólo para hacer su propio mar.

Como mi alma se quedó en Tucumán, tendré que volver por ella. Soy su sobrina, y quisiera decirle simplemente que la amo, aunque quizás ya lo sepa. El tiempo es el enemigo del hombre pero hubo un tiempo preciso para Ariadna y para mí. Su imagen final, ella quedándose allá y yo levantando mi mano para decir adiós, me rompió en mil pedazos. “La fuente de la vida” me pareció la paradoja de la humanidad, el fin y el principio, definición escultórica de perfecto vuelo metafórico.

A templar la tristeza más alegre del mundo, vino el último poema escrito por Ariadna Cháves, que me llegó la mañana del 22 de noviembre:

Retrato
A Romina Chávez Díaz

Tu presencia
corporiza el aire
en la vibrante y sonora
escala de tu risa,
cuerpo transparente del sonido

Así te recordamos:
Imperial, dueña
de tu imperio
casi constructora
de tus sueños:
¡Salud!

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