Anticipando un posible Malena Galmarini vs. Juliana Awada

Todo indica que, con María Eugenia Vidal convertida en la dirigente política más encumbrada de la Argentina y en medio de una crisis de credibilidad de la mayoría de políticos hombres, las mujeres tendrán más posibilidades en 2017, considerando la autoridad moral que se le pretende reconocer a Elisa Carrió, Margarita Stolbizer, Mariana Zuvic.

No es posible ignorar que durante 12 años, Cristina Fernández de Kirchner tuvo un rol protagónico, de los cuales 8 años fue Presidente de la Nación. En este escenario, Jaime Durán Barba quiere ’filtrar’ a Juliana Awada, la mujer de Mauricio Macri; y Sergio Massa apuesta al crecimiento de Malena Galmarini, su esposa.

Mientras crecen las expectativas de una salida del proceso de estanflación, que ya lleva 5 años, políticamente hablando, la Argentina es un laboratorio donde todo es posible, nadie reconoce sus limitaciones y los procesos personalistas se imponen sobre los intentos de construcciones políticas perdurables y sólidas; casi como si tratar temas claves para solucionar los problemas estructurales argentinos pudiera esperar.

El peronismo tiene demasiados “jugadores” tratando de ser entronizado como el nuevo líder. Gran parte de la suerte de Sergio Massa se juega en la persona de Margarita Stolbizer, mientras hace “entrar en la cancha” a Malena Galmarini. Los radicales quieren más plata, poder y espacio de decisión para apoyar al PRO. “Cambiemos” tiembla ante los problemas cardíacos de Elisa Carrió. Y el “lilismo” ignora su futuro si su líder y creadora deja la política a fin de año, como anticipó hace semanas.

Hoy, todo es gesto y cada movimiento tiene múltiples lecturas. Así, Florencio Randazzo juega al misterio, al tiempo que tiene encuentros secretos y semipúbicos con intendentes de la Provincia de Buenos Aires, como la cena con los alcaldes del “Grupo Esmeralda”, el mismo que 24 horas más tarde tuvo su 1ra. “cumbre” con Juan Manuel Urtubey.

En el peronismo creen que fue el comienzo del armado de la candidatura presidencial del gobernador de Salta, quien nunca pudo antes hacer pié en la Provincia de Buenos Aires. Pero no queda clara la aspiración futura de Florencio Randazzo, que en 2017 podría buscar una banca de senador nacional bonaerense; pero si él piensa en la Casa Rosada para 2019, aquí podría chocar con los planes del salteño. Sin embargo, si Randazzo quisiera postularse como gobernador, entonces enfrentaría al intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, cabeza del “Grupo Esmeralda”.

Los intentos de armar un peronismo que no tenga al kirchnerismo como parte, choca con la presencia creciente de Cristina Fernández, en la Provincia de Buenos Aires, donde dejó en claro que quiere ser la persona que articule y encabece una coalición contra el Gobierno de Mauricio Macri, es decir, apuesta al clivaje macrismo – antimacrismo, otra forma de decir kirchnerismo – antikirchnerismo, que le permita seguir siendo protagonista principal del mundo político y del peronismo, pese al desprestigio, merma de imagen positiva y acumulación de causas judiciales.

¿Puede Cristina Fernández lograr su objetivo político? Su carta de triunfo es que ella sigue teniendo una importante intención de voto en ciertos segmentos de la sociedad, en especial, en una provincia donde cualquier otro peronista, que no sea Sergio Massa, no llega a tener un tercio de la voluntad de sufragio de la ex Presidente de la Nación. Así, aquellos que saben que no tienen un lugar dentro del peronismo que se rearma sin el kirchnerismo, pueden aprovechar esos votos que aún parecen seguir a la ex esposa de Néstor Kirchner para retener o aumentar sus espacios de poder.

Muy en el fondo, la Cristina Fernández de 2016 no difiere mucho del Carlos Saúl Menem de 2003, es decir, cuenta con un grado de adhesión de una parte de la sociedad real aunque cada vez menor del electorado, cree que puede encabezar un intento de regreso al poder, es usada por aquellos que no pueden generar un proyecto propio y no llega a comprender que su carrera política está en extinción, aunque logre obtener una bancada legislativa en el futuro, tal como hizo el riojano para llegar al Senado de la Nación. Por supuesto que hay una verdad que no puede escapársele a ningún observador imparcial: en 2003, Menem le ganó a Néstor Kirchner la 1ra. vuelta, pero había balotaje por delante; en 2017 no hay ninguna 2da. vuelta o repechaje.

Tal como el resto de la clase política, Sergio Mássa tiene en claro que para las elecciones de 2017 deberá tener figuras femeninas que encabecen las listas Legislativas en la Provincia de Buenos Aires, dado que un hombre no podría criticar, en profundidad, a la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, sin victimizarla o generando un rechazo hacia su persona por atacar a una mujer que enfrenta una tarea titánica.

El acercamiento a Margarita Stolbizer fue una movida excelente del ex intendente de Tigre. Sin embargo, el comportamiento zigzagueante de la ex socia de Hermes Binner y Elisa Carrió genera muchas dudas en la “Mesa Chica” del Frente Renovador, al tiempo que es rechazada por los alcaldes, legisladores e intendentes peronistas que intentan sumar al massismo.

En este marco surge la idea de lanzar a Malena Galmarini como potencial cabeza de lista, ya sea en reemplazo de Margarita Stolbizer si se pasara a “Cambiemos”, o para colocarla en el “paño” para Diputada Nacional. Es un “as” que Sergio Massa podrá usar y que, en el fondo, le permite reducir un poc la necesidad de ponerse a la cabeza de ninguna de las listas provinciales de las elecciones del año que viene, reduciendo al máximo el riesgo potencial.

Muchos creen que el lanzamiento de Malena Galmarini fue con la ahora “Ley de Igualdad de Géneros” en las listas bonaerenses, pero en realidad, fue la entrevista publicada el sábado 08/10 en “La Nación”, en la que la esposa de Sergio Massa lanzó dardos contra la esposa de Mauricio Macri, anticipando una lucha que Jaime Durán Barba quiere llevar adelante: la candidatura en Buenos Aires de Juliana Awada.

Ya hemos visto un choque de “esposas” en el pasado reciente. Fue cuando Eduardo Duhalde hizo enfrentar a Hilda “Chiche” González contra Cristina Fernández; y la esposa de Néstor Kirchner terminó por sentenciar a la desaparición al duhaldismo, entronizando como fuerza preponderante en el peronismo al kirchnerismo. Con ese antecedente, ¿apostará Sergio Massa su posible candidatura presidencial a la suerte de su mujer?

La gran diferencia de aquella batalla fue que “Chiche” Duhalde y CFK tenían ambas una vasta experiencia política, en tanto que a Juliana Awada no se le conocen antecedentes en la materia, y Malena Galmarini no deja de ser “hija de” y “esposa de”, aunque sí tuvo militancia política de joven (así fue cómo conoció al ex intendente de Tigre).

Dentro del oficialismo el panorama es igual de complejo. El radicalismo, casi en masa, reclama más espacios de poder, acceso a más fondos y participar de las decisiones. Los popes macristas sostienen que los radicales son inoperantes en las carteras ministeriales que tienen en sus manos (Turismo, Agroindustria y Defensa); pero sobre todo, en el “Plan Belgrano”, lo que motivó que Juan Manuel Urtubey exigiera tomar el control y manejo del programa para hacer obras en el Gran Norte argentino.

Los radicales sostienen que el macrismo ha entregado puestos muy importantes al massismo, incluso con manejo de caja; lo que genera una clara respuesta del PRO: el Frente Renovador no tiene una sola cartera ministerial y el dinero que manejan está fuertemente vigilado y condicionado por las autoridades de “Cambiemos”; y fue a cambio de apoyo parlamentario.

Pero tanto ha crecido la tensión que Ernesto Sanz abandonó la “Mesa Chica” de “Cambiemos”, pese a que mantiene sus charlas con Mauricio Macri, lo que ha generado muy pocos nervios en el seno del PRO, dado que creen que se trata de una maniobra de los radicales para obtener importantes posiciones en las listas legislativas, ya que es la prioridad de la Unión Cívica Radical para 2017 recuperar el rol de segunda minoría en las cámaras de Diputados y Senadores a nivel nacional y en las provincias.

Ernesto Sanz tiene en claro su plan para lograr la supervivencia y crecimiento del radicalismo. En 2015 fue el intento de desplazar al peronismo en algunas provincias y crecer a nivel territorial. Recuperaron Mendoza y en todo el Norte. Incluso, obtuvieron una masa muy importante de intendencia, concejales y legisladores provinciales. A cambio perdió un par de diputados y senadores a nivel nacional.

Ahora, que se trata de una elección legislativa, Ernesto Sanz quiere aprovechar que el PRO no tiene estructura en el interior y quieren ocupar el máximo de cargos salibles; por eso creen en la Casa Rosada que los reclamos y enojos del mendocino y otros dirigentes es una maniobra de negociación a la que no tienen intenciones de ceder, dado que Mauricio Macri también quiere incrementar la cantidad de legisladores propios.

Pero en medio está, desde hace una semana, la salud de Elisa Carrió, que se ha convertido en un enorme desafío para le supervivencia de “Cambiemos”, dado que una cosa es enfrentar el enojo de la diputada nacional nacida en Chaco y otra que se vaya de la estructura. Y en eso coinciden macristas y radicales: es preferible una “Lilita” molesta que una “Lilita” ausente.

Por un lado, sin Elisa Carrió, muchos de los votantes “lilitos” no tendrán razón para seguir con un Mauricio Macri, quien no les cae simpático y, menos, con un radicalismo que, en muchos casos, fue su agrupación de origen en el pasado. Por otro, el discurso “anticorrupción” del PRO y de “Cambiemos” no es creíble sin la legisladora, en especial, ante los “Panama Papers” y algunas sospechas de “irregularidades” que comienzan a rondar a funcionarios macristas, tal como es el caso de Gabriela Michetti.

El armado de listas de “Cambiemos” será todo un desafío. La negociación activa con la presencia de Mauricio Macri, Ernesto Sanz y Elisa Carrió va a ser clave para la supervivencia de “Cambiemos”, en especial, ante la necesidad de no tener que ir a internas abiertas, para ahorrarse el desgaste que, en la alianza oficialista, espera que tenga que enfrentar el peronismo y, de ser posible, con la participación del massismo.

Y todo este juego político tiene posibilidades de salir exitoso o ser un fracaso por una condición no política: el clima económico y social que haya en los 4 meses antes de la elección, dado que para las fuerzas oficialista u opositoras, las chances de triunfo cambian si la Argentina sigue en estanflación (o la salida de la recesión es débil y volátil) o si se observa un fuerte proceso de renacimiento de la producción y el consumo.

Así, el armado de las alianzas y listas y la campaña estarán condicionados por el clima económico y social. Por eso el oficialismo celebra las alabanzas, con advertencias, del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial o el éxito de la licitación de energía renovables; mientras que la oposición pone énfasis en el costo social del ajuste postkirchnerista. En el fondo, todos hacen su juego, mientras nosotros esperamos y miramos.

- Por Claudio M. Chiaruttini
Urgente 24

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