“A punto de ser pez”… con un cuento de Julio Cortázar

Elsa Mamaní y Andrea García, reponen esta noche y mañana a las 22 hs. en La Ventolera, la obra para jóvenes y adultos “De un lugar a otro”, versión libre de “Final del juego” de Julio Cortázar. El fin de semana anterior, los salteños pudieron revivir una historia genial, en el cuerpo de los títeres de “A punto de ser pez”.

En un sauce, pegado a la tapia de la casa de Bety, está la capital del reino, la ciudad silvestre y la central del juego. Allí, las tres jovencitas inician diariamente el juego de las estatuas. Los títeres de manipulación directa, armados por Elsa Mamaní y Andrea García, nos presentan a estos personajes ambivalentes de “Final del juego” y nos instalan en las vías del Central Argentino, donde las mujercitas, están a punto de descubrir sus realidades. El juego en el que participa Bety y sus hermanas, dejará de ser una fantasía al momento del amor.

Las facetas internas de los personajes son manejadas con cuidado y soltura y a un nivel de psicologismo en el que es imposible escapar de esta mirada siempre creadora. Tres hermanas traviesas, juguetonas, caprichosas, deseosas y curiosas, recorren el terreno doméstico de su cotidianeidad para desembocar en la ilusión del amor, que nace con el papelito arrojado desde las ventanillas del tren: “Las tres me gustan mucho. Ariel”. A partir de esto la competitividad femenina se abre al juego para representar estatuas para Ariel. Las actitudes de desengaño y horror, son representadas por las dos hermanas de Bety (Leticia en el cuento de Cortázar). Estos personajes juegan con colores, posturas y formas, acompañados de un ritmo mágico que sólo el títere puede despertar. Con sonidos y una música armoniosa y estética que alienta la atmósfera de Bety con su tremenda situación física, nos metemos en el interior de su compleja existencia.

El escenario tripartito en los que se desenvuelven los personajes, representan también los lugares por donde transitan sus vidas: la cocina, el cuarto de Bety y las vías donde juegan el juego de la vida, del amor...

Las hermanas, al recibir el otro papel de Ariel “la más linda es la más haragana” sienten un poco de envidia por Bety y creen que está teniendo ventajas sobre ella, ya que está tiesa por su padecimiento físico y las estatuas son perfectas. Bety sueña con el amor, se deshace en su camita, en ese microespacio donde sus lágrimas son contenidas por su mundo y es devuelta de forma cruel a la realidad cuando Ariel quiere verla. Las hermanas van a verlo y Ariel pregunta por Bety, le dan una carta y se va. Bety le regala la estatua más hermosa para Ariel, antes de que su salud empeore. Como una Venus del Nilo en su simplicidad y belleza enigmática, se ha convertido en la ganadora del juego: su actitud poética ha triunfado. Pero las tres saben que en la vida, es lo más cerca del amor que jamás podrá estar. La comprensión hacia Bety retoma su cauce y el tren, se lleva los sueños de esta pequeña soñadora, para siempre.

“De un lugar a otro” significa muchas cosas: el vuelo de Bety cuando fantasea con el amor, la temprana maduración o la movilidad de los afectos; también, cómo sus hermanas cobran nuevos roles así como las distintas actitudes que modifican sus vidas.

La obra se estrenó en el 2006, en Fedro, allá por agosto. Giró por Tucumán y sus artífices piensan seguir haciéndola, ya que como expresan Elsa y Andrea, cada vez encuentran nuevas cosas y van incorporándolas. Elsa comenta que Carolina Lagarrigue hizo las caritas de los títeres en papel mallé y expresa que usan la técnica de marioneta: “me viene esto de jugar, nunca me pasó esto con otro grupo y queremos que la función sea así”.

Elsa y Andrea mueven a Bety y sus hermanas, a Ariel, títeres de madera de 50 cm; mientras las titiriteras juegan nos hacen jugar el juego de la protagonista y nos aferramos a ese gramo de amor que la sostendrá para el resto de sus días. Los mini objetos cuidadamente logrados, la silla, la mesa, el lavabo, la cama, son como los de nuestra casa pero en miniatura. Lapsos de humor cruel tienen estas niñas, como las reales, que se distaren con maldades pequeñas como mojar al gato, que nos recuerdan a nosotros mismos. Juegan escapando a los retos de su madre, mientras se quejan por los quehaceres de la casa, de los que Bety (como Leticia), no participa.


Andrea, por su parte, expresa que han estado con la obra en festivales no competitivos “porque el arte no compite, suma, es una investigación”- aclara. Andrea García dirige La ventolera donde tiene muchas ganas de trabajar con teatro de objetos y dar esto en los talleres.

Elsa Mamaní trabaja desde hace más de 20 años en el medio y ha pasado de grupo en grupo. En el 2004 trabajó junto a Daniel Chacón con la obra “El caballo celoso”, que se repuso en varias oportunidades.

“De un lugar a otro” llevó un año y medio de preparación, las artistas realizan toda la parte técnica, construyen los tachos de luces, los muñecos, el vestuario, los objetos de la escenografía del títere, absolutamente todo.

En O´higgins 585 esquina Mitre está La ventolera, un espacio acondicionado para este tipo de eventos y para obras intimistas como la historia de Bety y sus hermanas.

Un trabajo estético exquisito, tan bello por su sencillez compositiva como por su acierto interpretativo, recomendado para jóvenes y adultos.

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