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Elecciones provinciales en Tucumán, los candidatos del ajuste y las alternativas de los trabajadores

En cada nueva elección la propaganda masiva para que votemos por alguno de los miles de candidatos que pugnan por un cargo nos interpela desde distintos medios de comunicación. En Tucumán, el plebiscito de este 23 de Agosto para elegir gobernador y vice, intendentes, legisladores y concejales, no es una excepción. Las propuestas por distrito varían entre los 45 y 150 acoples, con casi 25000 candidatos. Afiches, caras, colores y unas pocas palabras sintetizan las propuestas de los postulantes a ocupar cargos de dirección en los poderes del estado. Representan promesas repetidas de que, de una vez por todas, esta vez si, se dará respuesta a las necesidades populares, renovando esperanzas de poder llevar una vida mejor. Nuevas siglas y alianzas vienen a maquillar la presencia de las mismas ideas y de los mismos proyectos de los partidos hegemónicos que, desde el levantamiento popular de diciembre de 2001, intentan recomponer la confianza perdida de los sectores populares. Encuestas, marketing, asesores de imágenes, políticos que publicitan sus candidaturas como si de concursantes de algún reality show se tratasen, marcan el eje de las campañas. Sonrisas y gestos impostados capturados en una imagen, casi siempre pretendiendo mostrar un cariño que se nota paternalista y de ocasión, quedan plasmados en el afiche de campaña, mostrando un instante en la vida del político y del que recibe la “gracia” de la promesa de una futura ayuda. Luego uno volverá a su vida de trabajo y sacrificio diario, el otro seguirá ejerciendo su hipocresía. En este sentido estas elecciones no escapan a la generalidad planteada.

Diez años de gobierno manejando los recursos del estado, le han dado al alperovichismo la posibilidad de desarrollar de manera sostenida esta política cínica de creación de un relato en donde se pretende construir una imagen de la realidad que resulta contraria a lo que en realidad acontece. Detrás de cada frase, consigna e imagen lanzada hay que leer en realidad una carencia. Se habla de trabajo, cuando Tucumán es una de las provincias con mayores niveles de trabajo en negro y precarización. Se habla de incremento de salarios, cuando tenemos unos de los más bajos del país, no llegando a cubrir en su gran mayoría la canasta básica. Se habla de vivienda cuando los asentamientos se multiplican. Lo realizado en salud pública es una de las principales vidrieras de este gobierno, pero nada se dice de la desnutrición, de las largas colas para ser atendidos, de la falta de insumos y de las obras en los hospitales que se caen a pedazos al día siguiente de terminadas. Se dice que se defiende los derechos humanos, pero no se tiene ningún pudor en aliarse con bussistas. Pretenden levantar la bandera de los pueblos originarios, pero se depreda los recursos ancestrales y se reprime a los que no se someten al oficialismo –el cacique Chaile permanece preso-. Pretenden luchar contra la inseguridad dándoles más presupuesto a una policía corrupta, cómplice de los narcos y responsable de perseguir y estigmatizar a los chicos de los barrios, como a Ismael Lucena. La misma que se amotinó en Diciembre de 2013, liberando el terreno y fomentando los saqueos. La que siempre está dispuesta a reprimir las protestas de los trabajadores.

Se habla de igualdad, pero no se mueve un dedo para terminar con la violencia hacia las mujeres. No hay intención desde el gobierno de desarrollar las herramientas que modifiquen el sentido común de la sociedad hacia los colectivos LGBTT. Siguen en los márgenes de la sociedad carentes de las mínimas políticas de inclusión. Se habla de obra pública, pero esta es pura cascara. No se hizo prácticamente ni una sola obra de infraestructura de magnitud, como quedó demostrado con las últimas inundaciones, pero si grandes negociados. Se dice que se lucha contra la trata, pero se sabe que los prostíbulos siguen existiendo, las mujeres siguen desapareciendo, los mafiosos proxenetas y los prostituyentes se mueven con total libertad y todavía no se sabe exactamente donde esta Marita Verón. Se dice que hay justicia, pero el crimen de Paulina Lebbos y de tantas otras personas siguen impunes con la complicidad del gobierno. Esto lo denuncia cada martes la Comisión de Familiares de Víctimas de la Impunidad. Y aquí conviene poner un etcétera, porque la mención de ejemplos del cinismo del alperovichismo puede ser muy larga.

Esta realidad virtual se va gestando en cada acto, en cada inauguración, cada discurso que vemos representar como una coreografía bien estudiada. En temporada regular Alperovich es el actor principal, y en tiempo de elecciones el protagónico queda en manos de los candidatos, el ex ministro de salud- enriquecido millonario-más rico del gabinete-ex vice gobernador en uso de licencia-ahora nuevamente vice-, candidato a gobernador Juan Manzur, su discípulo-nunca expliqué que pasó con la plata del caso FunSal- Pablo Yedlin y el ministro del interior-manejo la plata de las comunas a mi antojo- Osvaldo Jaldo. El elenco se completa con el sequito de reparto, punteros, legisladores y otros obsecuentes que saben muy bien ubicarse de cara al punto de vista de la cámara que difundirá la representación. En esta campaña asistimos a una variedad de géneros, de lo tragicómico a la acción. Tragicómico que resulta observar a los candidatos al tratar de cazar a cuanto niño se le cruce para estamparle un beso, los abrazos a las abuelas que creen estar siendo visitadas “por don Amado Juri”, y la imperdible cara de descompostura tratando de mantener la sonrisa cuando la dueña de casa les ofrece un matecito. En el comienzo de la campaña electoral, en abril, hemos visto cómo predominaba la acción, con tiros, apretadas hacia opositores que intentan coparles el terreno al oficialismo y acusaciones de autoatentados.

Es sabido cómo las balas y golpes están destinados en las películas de mafia hacia aquellos que alguna vez pertenecieron al círculo de confianza de la “familia” o de la “corporación” y ahora se corrieron, disputando tajadas del “negocio”. ¿Será que la disputa abierta con los ex compañeros nacional y populares, seguidores del intendente ex alperovichista-candidato a vice-gobernador- Domingo Amaya y su ladero Germán Alfaro solo nos brinda la oportunidad de hacer estas analogías fantasiosas?, o para no defraudar al género optaron por utilizar los métodos para dirimir la separación, que bien les corresponde por tradición.

Pero tras esta representación se intuye lo obsceno, es decir lo que no aparece en escena. Esto queda bien al descubierto cuando alguien osa salirse del libreto e improvisar algún reclamo a los políticos que hacen de actores principales. En ese momento el tiempo se detiene un instante, transcurre en cámara lenta, y los políticos no entienden muy bien de dónde salió esa perturbación de la realidad en forma de cuestionamiento. Finalmente lo obsceno sale a un primer plano y el velo de la impostura cae, como cuando la senadora por Tucumán Rojkés le respondió a un reclamo de ayuda a una víctima de las pasadas inundaciones con el ya famoso “tengo diez mansiones, vago de miércoles, animal, y sin embargo estoy aquí”. Allí ya no hay ficción, sino el más genuino desprecio por el pueblo llevado a un primer plano. Precisamente la esposa senadora, ignorándolo, había dado en el clavo, al referir de obscena a la prensa que durante plena tragedia de las inundaciones había sacado a la luz la frivolidad del festejo organizado por ella para su nieto.

Por la troupe de la oposición las cosas no son muy distintas al momento de inundarnos de propuestas vacías. Solo hay una diferencia de escala lógica que brinda el manejo de los recursos del estado –incluido el canal de televisión estatal- y de la pauta oficial, ahora camuflada de naranja en apoyo a la candidatura sciolista.

Para hablar de la oposición hay que ir despacio y con cuidado para evitar el riesgo de marearnos y perdernos en la promiscuidad de alianzas y candidatos. Evidentemente uno de los más promiscuos en el pasado fue el Frente para la Victoria, porque es basta la progenie de alperovichistas que ahora denuncia la impotencia oficialista, negando la relación pasada.

Dentro de la familia de ex alperovichistas, además de a los amayistas, hay que ubicar a otra rama, los massistas. El más destacado, que es mucho decir, es el ex diputado del Frente para la Victoria Gerónimo Vargas Aignasse. Gero, como a él le gusta que lo identifiquen, candidato a intendente, jura y perjura que en San Miguel la gente se agarra de los pelos, se arrancan los ojos y hablan en arameo, ya que nos azota una “epidemia de pánico”. Como promesa de campaña promete repartir lo que parece ser una especie de psicólogo envasado llamado “botón antipánico” para terminar con la inseguridad, aparato que no sabemos en realidad muy bien cómo funciona. Pero de lo que si estamos seguros es que no trata de la inclusión de los jóvenes, de la educación, de la salud, del trabajo, de la droga en los barrios que se multiplico mientras él era parte de este gobierno.

Por las vueltas de las alianzas en la disputa de poder, Vargas Aignasse empezó apoyando al radical Cano como candidato a gobernador, que a su vez le hizo un guiño al “peronista” Massa como candidato a presidente, haciéndose el desentendido en un principio de su ahora aliado nacional Mauricio Macri y sus niños locales, Facundito Garretón y Manuelito Avellaneda. Pero como es típico en la política burguesa las lealtades se dieron vuelta rápidamente según las especulaciones sobre los beneficios personales a obtener. Con la pérdida de popularidad del candidato de Tigre y con el giro aún mayor hacia la derecha del radicalismo liderados por Sanz, con su inclusión en el frente Cambiemos, el panorama de las alianzas cambió inevitablemente. Otros que fueron y vinieron desde el FPV hacia el massismo y después volvieron fueron los señores feudales de Famaillá, los mellizos Orellana. Agotada su participación junto a Massa, volvieron a los brazos de aquel a quien habían defenestrado, obteniendo de parte de Alperovich el aval para la candidatura de primer candidato a Diputado Nacional para José Enrique. En el alperovichismo cerraron la boca e hicieron gala de su habitual pragmatismo, eso sí, con la condición de que el antiguo aliado-enemigo-aliado no se muestre demasiado en los medios por temor a que piante votos.

En esta promiscuidad, al que nadie quiere mirar es a otro ex alperovichista, Mario Koltan, candidato a gobernador que apoya a Massa, pero a él nadie lo apoya, y apela a puro photoshop para tener siquiera una foto con Sergio. El que no tiene estomago es el oficialismo que mantiene su acuerdo tácito en la capital con el hijo del genocida Bussi. Este le pega al amayismo con la esperanza de obtener algún puestito en la capital y restar votos en el distrito que mayor oposición al Frente para la Victoria presenta. Mantiene su discurso hipertroglodita apuntando a los sectores más reaccionarios de la capital, apelando a la imagen nefasta de su progenitor. Y cerrando el círculo, el candidato opositor con mayor posibilidades de obtener la gobernación, José Cano, formó parte del Acuerdo Cívico y Social y ahora del Acuerdo por el Bicentenario, que de acuerdo en realidad solo expresa la voluntad de acordar la oposición al alperovichismo, pero difícilmente pueda sobrevivir una experiencia de gobierno sin ir decantando alguna de sus partes formada por radicales, socialistas, democristianos, “centro izquierdistas” de Libres del Sur e inclusive por aquellos que hasta hace unos meses formaban parte del “eje del mal”, como el peronista intendente Amaya y su secretario de gobierno –candidato a intendente- Germán Alfaro.

Todos coinciden en presentarse como alternativas de cambio. Incluso los alperovichistas despuntan en algunas ocasiones la consigna sciolista de “cambio con continuidad”, sin definir claramente que implica esto. Pretenden conocer la “formula” mágica con la que de una buena vez construir una sociedad acorde a las necesidades del pueblo. Dicen ser parte de equipos de gente honesta y capaz, que mira con optimismo, como nos lo hacen saber desde las imágenes de sus afiches de campaña, un futuro venturoso. En esa idea, siempre están rodeados de personas alegres y felices que representan al pueblo. Pueblo que esperanzado espera la llegada del enviado destinado a terminar con el sufrimiento en este mundo. Pero lo que no nos muestran esos afiches, es que en realidad esos “enviados” están rodeados el 99% del tiempo de sus vidas de empresarios, banqueros, industriales azucareros y citrícolas, sojeros, etc, y que no representan ninguna alternativa esperanzadora de mejora en nuestras condiciones de vida, sino todo lo contrario. Como a más de una religión, habría que denunciarlos por publicidad engañosa y generar falsas expectativas.

Las organizaciones de la izquierda que se presentan a elecciones llegan divididas en dos frentes. Por un lado Alternativa Popular, que nuclea al PTP-PCR, el MST, Pueblo Unido e independientes, que lleva como candidato a gobernador a un “histórico” de la política tucumana, el “ex” radical Gumersindo Parajón. Este año en las PASO nacionales, donde fueron separados el MST y el Frente Popular-PCR, juntos sumaron el 0,75%. Este frente agrupa y lleva entres sus filas a candidatos que son luchadores y dan la pelea diaria desde distintos espacios por diversas reivindicaciones y mejoras para el pueblo. Pero lamentablemente, sostiene una política de alianzas de clase con sectores de la burguesía y de la burocracia sindical que han demostrado que no conducen a buen puerto.

Por otro lado se presenta el Frente de Izquierda y de los Trabajadores, formado en Tucumán por el PTS y el PO, alternativa que representa un programa anticapitalista con independencia de clase. Para las elecciones provinciales, al no existir PASO, el Frente se presenta con las candidaturas consensuadas de Daniel Blanco (PO) para gobernador y Mariana Arreguez (PTS) para intendenta. Enancado en el crecimiento que viene teniendo en los últimos tiempos en las elecciones a nivel nacional, renueva las expectativas locales de mejorar el caudal de votos. Aunque es difícil alcanzar algún cargo legislativo, los números de las ultimas PASO generan expectativas en Capital y Tafí Viejo, con un porcentaje provincial de 2,04%. En este marco, el FIT resulta la fuerza que mejor perspectiva para los trabajadores representa, por lo que es importante sostenerlo con el voto en las próximas elecciones. Hay que destacar que el crecimiento electoral del FIT se ha visto respaldado por una constante y sostenida intervención en distintos espacios de luchas, lo que generó un incremento en la cantidad de fuerza militante. Lamentablemente esta situación llevó a que en algunos casos se reforzara la autoproclamatoria de ser la “única izquierda realmente existente”.

Bajo la dominación burguesa, las elecciones significan el instante culmine en donde el pueblo involuntariamente se transforma en el medio legitimante de los que por un nuevo periodo representarán a los sectores que se enriquecerán mediante la apropiación de lo que la gran mayoría produce. Sectores que como pez en el agua se moverán para realizar sus negociados y acrecentar sus ganancias al amparo de la fluidez que le otorgará la renovada alianza entre políticos y capitalistas. Harán valer el viejo mandamiento sellado por los patriarcas del capitalismo que dicta “…no decidir ni deliberar sino a trabes de los representantes”. Finalizado el ritual, el pueblo será licenciado de toda participación hasta el comienzo de un nuevo ciclo electoral.

Después del paso de tantos años, de elecciones, propuestas y nombres, como también de frustraciones, queda claro que los problemas que padecen los trabajadores no se solucionarán cambiando un partido de la dominación por otro, ni un político corrupto por otro honesto y comprometido.

Queda claro también, después de pasadas experiencias, que no basta con lograr una amplia representación parlamentaria o ejecutiva de izquierda para encaminarse por la senda de la emancipación. Las elecciones son una importante herramienta con la que cuentan los partidos de los trabajadores para difundir sus ideas, y a través de estas conquistar espacios que apuntalen la lucha diaria por mejores condiciones de vida y de organización para la clase trabajadora. Pero es solo una herramienta más. Hay que tener cuidado con el canto de sirena que puede resultar obtener cierta trascendencia electoral.

No hay que perder de vista que la política electoral debe ser solo un soporte de la construcción diaria en distintitos espacios de lucha. Esta construcción diaria debe ser realizada apuntando a generar la mayor participación posible de los que deben ser los auténticos protagonistas de la lucha por otra sociedad, los trabajadores y el pueblo. Si no ponemos en práctica alternativas prefigurativas de organización que vayan constituyendo un poder obrero y popular con orientación antipatriarcal, difícilmente avancemos con pasos firmes. Y si las organizaciones de izquierda no modifican su practica difamatoria, autoproclamatoria y sectaria, será imposible generar esas instancias. Lamentablemente las organizaciones del FIT no han avanzado mucho en este sentido, y la unidad en el campo electoral va acompañada por las maniobras y las disputas cuando comparten espacios de construcción.

La campaña de las fuerzas de izquierda no puede asimilarse a los moldes de la propaganda de las fuerzas burguesas. No se puede dejar de ser claro a la hora de trasmitir la certeza de que es necesario construir una sociedad anticapitalista que implique otra forma de relacionarnos, de organizar la vida y el trabajo, construyendo una nueva subjetividad. Si transitamos el camino de ir adecuándonos a la vacuidad de la propaganda burguesa para crecer electoralmente, entramos en un camino de arena movediza que ante cualquier cambio de coyuntura nos engullirá. En este sentido han emergido ciertas limitantes en el discurso del FIT que marcan una señal de alerta, ya que ha ido perdiendo de cara al electorado sus perspectivas anticapitalistas; incluso la holgura de los votos ha hecho que se olvide la critica a lo proscriptivo de las PASO, adoptándolas ahora como elemento de disputa de las candidaturas a nivel nacional.

La presencia de sectores de la “nueva izquierda” en el FIT en CABA –Pueblo en Marcha-, junto al apoyo a esa propuesta electoral en otros distritos –FPDS-CN, COB La Brecha-, abren la posibilidad de cuestionar de manera más directas aquellas prácticas. Pero esta intervención no puede significar un cheque en blanco al Frente. Hasta ahora la apertura ha sido casi testimonial, acotada a los espacios otorgados en las elecciones nacionales en la Lista Unidad, no aceptada totalmente, y sin discusión a fondo del programa propuesto. Tanto el PTS como el PO dan cuenta de lo meramente electoral del FIT. En este sentido, es necesario que la “nueva izquierda” actúe de manera conjunta, dejando de lado brotes de autoreferencialidad para que se vayan generando niveles mayores de acuerdos que articulen la táctica electoral con la lucha desde las bases en los espacios de participación conjunta. Esa será la única forma de construir un autentico proyecto emancipatorio de cara al inminente avance de las fuerzas derechistas que representan tanto Scioli-Manzur, como Macri-Cano y Massa.

- Flavio Tanoni