
Martes 9 de febrero de 2010
SENDA GLORIOSA DE LA PATRIA
DISCURSO FRENTE AL SOLAR DE CALLE BALCARCE 51/53 - 08 DE FEBRERO DE 2010
Por Violeta Herrero
Buenos días a los y las presentes, autoridades civiles, militares y eclesiásticas, señoras y señores, niños y niñas, público en general. La Senda Gloriosa de la Patria les da la bienvenida, en especial a los y las amables visitantes de nuestra urbe.
Voy a comenzar de modo poco común para un discurso, a pedido de la Comisión Directiva de esta Institución. Quince años atrás, un grupo de amantes de la historia güemesiana se reunió para formar la Senda Gloriosa de la Patria, ¬compartiendo la idea de Bernardo Frías, respecto de que conocer la historia saltojujeña es involucrarse con la historia argentina. Aquellos fundadores se ocuparon con tesón de fortalecer los aspectos académicos de su sueño recién nacido, aunque jamás olvidaron incluir entre sus investigaciones y actividades la dimensión lírica, es decir la poesía y la literatura de la región; el Movimiento Joaquina Cultural-Poetas Callejeros acompañó a la Senda desde el inicio de aquél, habiéndose establecido, también, contacto con los poetas y escritores de Orán, Libertador Gral. San Martín, Cafayate, Ledesma y Metán.
Suficientemente fortalecidos los aspectos científicos, y creadas relaciones con otros grupos güemesianos y gauchescos de Salta, Jujuy, y de las hermanas ciudades bolivianas de Tarija y Sucre, la Institución decidió extender sus brazos hacia nuevos enclaves literarios. En tal sentido, en virtud de un viaje que el Dr. Pedro Luis Barcia realizara a Salta en noviembre de 2008, para presentar un libro de la Dra. Susana Martorell de Laconi, prestigiosa académica de número de la Senda Gloriosa, pudimos homenajear a tan caracterizado visitante, que se mostró sensible a nuestra historia y a este amado terruño. Nuestra Institución le obsequió un busto del prócer nacional Martín Güemes, que hoy luce en el salón principal de la Academia Nacional de Letras, presidida por el Dr. Barcia. Y en amable y significativo gesto de integración, en el Boletín de dicha Academia, tomo LXXIII -editado en diciembre pasado-, se publicaron textos y fotografías correspondientes a las actividades que el académico compartió con nosotros en la ciudad de Salta y en San Lorenzo. En tan especial momento histórico, la Comisión Directiva que presido me ha solicitado hacer público nuestro agradecimiento por tan generoso gesto, indicio de la esencial ligazón que existe entre la literatura y la historia: los sentimientos populares se nutren y el conocimiento impregna el tejido social, también con el verso, la narración de ficción y el cancionero populares, que aportan a la Historia su magia, desde la inspiración y la espontaneidad.
No queremos que éste sea un acto erudito, sólo llevar a la conciencia de todos y todas ustedes el significado de un nuevo natalicio, el segundo centésimo vigésimo quinto, de tan egregio ser.
Cuántas cosas positivas porta el alumbramiento de un ser humano, ¿verdad? Pues no deja de ser un triunfo de la vida y la naturaleza y, para quienes somos creyentes, un nuevo signo del amor divino. Y tratándose de alguien que trazó semejantes huellas hace tanto tiempo, siempre vuelve una pregunta: ¿dónde y cuándo abrió por vez primera sus ojos Martín Miguel de Güemes? Existe acuerdo entre las instituciones históricas salteñas en considerar que fue en este sitio, en el antiguo solar de la calle Balcarce 51, acuerdo que se basa en un minucioso estudio del historiador salteño Atilio Cornejo. El Dr. Cornejo abordó una investigación documental rigurosa que lo llevó, por años, a visitar bibliotecas y archivos de toda clase, y a analizar mapas, planos, folios reales, libros contables, juicios sucesorios de las principales familias salteñas que ocupaban la ahora zona céntrica, escrituras de todo tipo y cuanto papel relacionado cayera en sus manos, amén de la normativa jurídica vigente en aquella época. De tal modo llegó a la conclusión de que el inmueble frente al cual nos hallamos fue la casa natal del general. Esta indagación puede ser leída en el capítulo titulado ‘La casa paterna’, segundo de la obra “Historia de Güemes”, de Atilio Cornejo.
En efecto, por aquellos años el padre del héroe, don Gabriel de Güemes Montero, se desempeñaba como Ministro Tesorero de Real Hacienda, siéndole obligación legal residir con su familia en el mismo inmueble donde estuviera asentada la Real Tesorería: dicha oficina se hallaba establecida en este lugar. El nombrado historiador propuso como fecha de nacimiento el día 7 de febrero, considerando los términos del acta bautismal, según la cual el 9 de febrero de 1785 fue bautizado Martín Miguel Juan de Mata Güemes, “criatura nacida de dos días”, en la Iglesia Catedral. Don Atilio, abogado como era, tomó tal declaración como si el pequeño hubiera venido al mundo el día 7: para ello aplicó las reglas del Código Civil sobre el modo de contar los plazos en derecho. Otros autores, considerando el nombre ‘Juan de Mata’, que también se le impuso por el santo cuya celebración correspondía al 8 de febrero, afirmaron que ésta era la fecha correcta. El debate culminó con la decisión del Instituto Güemesiano de Salta, que la fijó en el día 8.
Más allá de estos datos, lo grandioso es el hecho mismo del nacimiento del héroe gaucho, tal vez porque ante la sencillez del nacimiento y de la muerte solemos preguntarnos por las grandes verdades humanas.
La corta vida de don Martín Miguel de Güemes fue contundente ejemplo de humanidad y patriotismo, un paradigma individual, social, militar y político que no es justo olvidar. Al hablar de patria, no lo hago en el sentido limitado de ciudadanía ni con afanes chauvinistas. Trato de pensar en la misma patria que soñaron no sólo Güemes sino también otros próceres latinoamericanos, como San Martín y Belgrano, Zudáñez, Azurduy, Medinaceli y Bolívar. Una patria GRANDE, capaz de procurar la armoniosa convivencia de los descendientes de las naciones originarias, los descendientes de los conquistadores, los descendientes de poblaciones africanas que llegaron en la reprobable condición de esclavitud y por fin recuperaron su libertad, los mestizos, los inmigrantes posteriores y sus descendientes, los residentes temporarios y los simples transeúntes, en una hibridación de piel y pensamiento, siempre y cuando dicha convivencia tienda a edificar el trabajo, la paz y el amor… La Senda Gloriosa de la Patria se anima a afirmar dos cosas: que Güemes no murió y que no abandonó –al partir de esta tierra- su obra prematura y traicioneramente truncada. Porque está vivo, hemos regresado a saludarlo. Homenajearlo significa mucho más que un cálido acto cívico, convocante no sólo de la sociedad civil sino también de los gobernantes, quienes juran desempeñarse según la Constitución que tanto dolor, esfuerzo y sangre costó conseguir. Más bien, este austero momento debería servirnos, como cada vez que hacemos un balance personal, para recordar su epopeya incalculable e interpelarnos, a continuación, sobre cómo contribuir desde nuestra realidad para que la obra de la verdadera libertad y la emancipación social de nuestro país sean algo más que retórica u hojarasca en discursos como éste.
Güemes murió el 17 de junio de 1821, pero ha sobrevivido en infinidad de mentes y corazones: me atrevo a decir que ha vuelto a nacer, irguiéndose como un inexorable símbolo que sigue señalando el rumbo que conduce al respeto por los seres humanos, a la inexistencia de masivas injusticias sociales y al amor por la verdad. Y así como los queridos gauchos lucharon hasta la muerte por una tierra justa y próspera, nosotros y nosotras, el pueblo en su conjunto, debemos mirar hacia adelante y avanzar, cueste lo que cueste: el esfuerzo, la honestidad y la solidaridad representarían un homenaje interminable a la gesta emancipadora de los salto-jujeños. Sí, señoras y señores, para que ¡por fin! llegue y se instale una libertad responsable que podamos apellidar posibilidades de trabajo honrado, pan sobre la mesa de todo el pueblo argentino e hispanoamericano, salud psicofísica y mental, vivienda digna, ocio creador y descanso, estudio y desarrollo del deporte, las artes y las ciencias, vida apacible, sociedad en paz… Mientras uno solo o una sola de los descendientes de aquellos bravos guerrilleros, mientras un solo argentino o argentina, sientan la mordedura del hambre o la indignidad de la exclusión social, no estará finalizada la revolución de mayo de 1810, seguirá inconcluso el sueño de los libertadores. Güemes, cuya voz ha quedado atesorada entre los recovecos de nuestros paisajes, nos emplaza a iniciar la construcción política y social definitiva.
En esta evocación resultaría extraño soslayar a Doña Magdalena Goyechea y la Corte, su madre. Por el contrario, como humanos que somos, alimenta nuestro espíritu la sola imagen de aquella mamá con su niñito en brazos, de una ternura que debió trocar en dolor desgarrante, al verlo morir por el sueño más grande que la humanidad ha tenido. Ojalá esa imagen nos inspire.
Sospecho que Don Martín Güemes, si su espíritu ha estado ahora entre nosotros, sonreirá feliz sabiendo que, como antaño lo hicieran sus bravos oficiales y sus gauchos, estamos dispuestos a ayudarlo a vivificar su gesta, a completar su obra sociopolítica y su solidario sueño de liberación.
¡Feliz cumpleaños, amado General Martín Güemes!
Muchas gracias.